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El rosa está hecho para las chicas

La preferencia por los colores depende del sexo, no de la educación

Si tiene niños, o adolescentes en casa, haga la prueba: enséñeles cartulinas de distintos colores por parejas. Una roja y otra azul; una rosa y otra marrón; una amarilla y una negra... y pídales que escojan cuál les gusta más. Cambie las combinaciones en función de las preferencias. Después de una serie de procesos de selección, se dará cuenta de lo obvio: cuando los que eligen son chicos, la favorita será una cartulina azulada; si la elección la han hecho chicas, será una rosada.

Si el resultado no coincide, escriba a Anya Hurlbert, de la Universidad de Newcastle (Reino Unido), que es la investigadora que se ha dedicado a hacer este trabajo con anterioridad. Fue un estudio que ha merecido el honor de ser publicado en la revista Current Biology, de Cell Press.

Para los escépticos, Hurlbert repitió el trabajo con estudiantes de origen asiático. En los países orientales, el sentido social de los colores es distinto -el luto se manifiesta vistiéndose de blanco por ejemplo-. Pero también entre los voluntarios chinos se daban las mismas preferencias: aunque el azul le gusta en general a todos, ellas se decantan por los tonos rojizos o rosados, y ellos no.

"Aunque esperábamos encontrar diferencias en función del sexo, estamos sorprendidos de lo fuertes que son, y más teniendo en cuenta la sencillez de nuestro test", ha dicho Hurlbert.

La investigadora ha querido ir más allá, y ha buscado una explicación evolutiva a estas preferencias. "La evolución ha podido llevar a las mujeres a preferir los colores rojizos rutas rojas, caras sonrosadas que indican salud?. Y la cultura lo que hace es explotar y dar forma a estas tendencias femeninas innatas", opina Hurlbert. Es lo que ella denomina "nutrición frente a naturaleza".

Para confirmar la teoría, Hurlbert quiere ahora repetir el ensayo en bebés. Es más complicado, porque es más difícil hacerles elegir, pero confía en conseguirlo.

Sobre la tendencia general por los tonos azulados, tiene una explicación más poética: el cielo azul, el agua clara, son síntomas de buen tiempo y de potabilidad. Una muestra de salud. Lógico, pues, que los antecesores humanos aprendieran a apreciarlos.