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Reportaje:

Unos monos muy irreverentes

Los habitantes de una aldea de Kenia viven atemorizados por un grupo de simios que cada día roba sus cultivos

En la aldea de Nachu, en la región de Kikuyu, en el centro de Kenia, los lugareños hace casi un mes que no saben lo que es poder dormir tranquilos y tener un día normal. Un grupo de cerca de 300 monos ha tomado el pueblo y sus campos de cultivo como su objeto de deseo. Día tras día, acuden al amanecer para robar toda la comida que pueden. Y no sólo eso, sino que además acosan y se burlan de las mujeres, quienes normalmente se ocupan de la agricultura. El representante en el parlamento de esa región, Paul Muite, pidió a principios de mes ayuda a la Agencia Keniata de Vida Salvaje para contener los ataques de los monos, según informa hoy la BBC.

Los monos invaden las granjas del pueblo y se comen el maíz, las patas, judías y otros cultivos. Las mujeres tratan de espantarlos, pero no lo consiguen. Incluso han intentado disfrazarse de hombres, pero tampoco funciona. "Cuando vamos a los campos para asustarlos, llevamos los pantalones y sombreros de nuestros maridos, parecemos hombres, pero los monos se dan cuenta de la diferencia y simplemente nos ignoran y continúan robando", explica Lucy Njeri, una aldeana, a una periodista de la BBC.

Acoso sexual

El problema, sin embargo, no es que las ignoren, sino que parece que vayan a acosarlas sexualmente. "Los monos se tocan sus pechos y gesticulan ante nosotras mientras se señalan sus partes sexuales. Estamos asustadas pensando que puedan llegar a acosarnos sexualmente", relata Njeri.

La Agencia Keniata de Vida Salvaje ha explicado a la BBC que no es extraño que los monos acosen a las mujeres ni que les tengan menos miedo que a los hombres, pero aseguran que nunca habían oído de monos en Kenia que hiciesen gestos sexuales para comunicarse con seres humanos.

En todo caso, la situación provocada por el robo de alimentos es tan grave que en la aldea necesitan ayuda de emergencia para poder comer. Los monos han matado animales de granja e incluso a perros guardianes, explican los aldeanos, que cada vez viven con más miedo porque temen por la seguridad de los niños y los bebés.

Todos los intentos por controlar los ataques de estos simios han fallado. Los animales evitan las trampas, se avisan entre ellos cuando se acerca algún grupo de humanos para atacarles, y no pican en las trampas con comida envenenada. "Tienen vigilantes en puntos elevados que les avisan cuando nos acercamos a los campos de cultivo", explica otra lugareña, Jacinta Wandaga.

Sin soluciones

La Agencia Keniata de Vida Salvaje ha advertido a los habitantes de Nachu que no pueden matar o herir a los monos, ya que está considerado como un acto criminal.

Acuciados por la falta de alternativas, han probado de recolectar los campos antes de tiempo para intentar salvar algo de la cosecha de este año. Esto tampoco ha funcionado. Los monos han optado por entrar en los graneros y en las casas para robar la comida.

Tampoco ha servido crear el Escuadrón de los monos, un grupo de voluntarios que intenta seguir a los animales para evitar sus ataques. El terreno a cubrir es demasiado grande para los escasos hombres que conforman el grupo.

Algunos aldeanos han optado, finalmente, por abandonar sus casas y granjas. Los que se quedan hacen un llamamiento desesperado de ayuda. "Por el amor de Dios, el Gobierno debería tener piedad de nosotros y hacer algo para expulsar a esos monos, porque nosotros no queremos abandonar nuestras granjas", explica James Ndungu, un vecino del lugar de 80 años. "Se lo ruego, por favor, vengan y llévense estos animales de aquí para que podamos vivir en paz".