La salud sexual y reproductiva, un derecho universal

Así lo defiende el proyecto europeo RHM, impulsado por ONG de cinco países y apoyado por Naciones Unidas

MAYKA SÁNCHEZ Madrid 28 NOV 2008 - 12:53 CET

Con la reforma del artículo 416 del Código Penal y la aprobación a finales de 1978 de la Constitución democrática, actualmente vigente en España, se despenaliza ese año el empleo de la píldora como método anticonceptivo. Hasta entonces y desde 1964 sólo estaba oficialmente autorizada para "regular el ciclo menstrual". Así, en este país se separan por vez primera los conceptos de sexualidad y procreación, fenómeno que ya habían experimentado otros Estados europeos desde la introducción en 1961 en el Berlín Oeste (Alemania) de este medicamento, considerado por algunos sociólogos como "la gran revolución del siglo XX en la liberación de la mujer, parangonable a la consecución del voto femenino".

Se cumplen 30 años de píldora en España y 47 en otros países de Europa

Las conferencias de El Cairo (1994) y Pekín (1995) supusieron un gran espaldarazo en la defensa de los derechos reproductivos

Las distintas sociedades científicas españolas relacionadas con esta materia (de Ginecología y Obstetricia -SEGO-, de Contracepción -SEC- y de Fertilidad -SEF-) subrayan la eficacia y seguridad de este procedimiento, al tiempo que señalan que se ha ido adaptando a las necesidades de la nueva mujer en cuanto a que se ha reducido su composición hormonal y tiene también presente otros beneficios adicionales a la salud y el bienestar, como evitar el aumento de peso.

Se cumplen así 30 años de historia de la píldora anticonceptiva en España y 17 más en otros países europeos (sólo un año antes que en Berlín, en 1960 se había comercializado en Estados Unidos y por primera vez en el mundo). Esta mayoría de edad se refleja en que es el método anticonceptivo más usado en Europa. Francia lidera el ranking con un empleo cercano al 50%, en tanto que en España se sitúa alrededor del 20%. Esta lenta expansión se justifica por la tardanza en la legalización y las resistencias de ciertos grupos de presión, de ahí que la media de uso española sea sensiblemente inferior a la europea.

Separación entre sexualidad y procreación

Si la píldora ha logrado separar los conceptos de sexualidad y procreación en los países desarrollados, el panorama no es tan halagüeño en los países pobres y en vías de desarrollo. Ni tampoco lo han conseguido métodos tan sencillos, accesibles, seguros y sin ninguna contraindicación como el preservativo, que, correctamente empleado, no sólo ayuda a prevenir embarazos no deseados, sino también todas las infecciones de transmisión sexual.

Con una vocación claramente solidaria hacia los más desfavorecidos nació en marzo de este año el llamado Proyecto RHM (Reproductive Health Matters), que se extenderá hasta marzo de 2011. Esta iniciativa pretende que el derecho a la salud sexual y reproductiva sea universal, como lo son el derecho a la dignidad humana o a la libertad, según se recoge, en 1948, en la Declaración de Derechos Humanos de Naciones Unidas, que este año conmemora su 60 aniversario.

En el Proyecto RHM están involucrados cinco países europeos: Alemania, Austria, España, Polonia y Países Bajos, con el fin de alcanzar los Objetivos de Desarrollo del Milenio (ODM). Entre éstos destacan la erradicación de la pobreza extrema y el hambre, la reducción de la mortalidad infantil, la mejora de la salud materna y la lucha contra el sida. Para ello diferentes organizaciones no gubernamentales (ONG) de los cinco países participantes se han comprometido a sensibilizar ante este problema a autoridades, medios de comunicación y a la sociedad en su conjunto.

Federación de Planificación Familiar Estatal

Por España encabeza esta responsabilidad la Federación de Planificación Familiar Estatal (FPFE), que desde 1990 realiza actividades de presión política, especialmente con parlamentarios y con las distintas administraciones para que "el acceso a la salud y el ejercicio de los derechos sexuales y reproductivos sean una realidad no sólo para los españoles, sino para todos los habitantes del planeta". La FPFE, que está integrada en la Federación Internacional de Planificación Familiar (IPPF, por sus siglas en inglés), http://www.ippf.org, ha intervenido en hitos como la creación en 1992 del Plan Estratégico Visión año 2000 o la redacción de la Carta de Derechos Sexuales y Reproductivos, aprobada en 1995 por el Consejo Central y la Asamblea de miembros de IPPF, que define el marco ético de actuación para las 180 asociaciones afiliadas.

Un año antes se había producido un acontecimiento muy relevante: la Conferencia Internacional sobre Población y Desarrollo de El Cairo (Egipto), organizada por el Fondo de Población de Naciones Unidas (UNFPA, según las siglas en inglés), en la que se definió el marco de la salud sexual y reproductiva. En total convergencia con la definición de salud humana por parte de la Organización Mundial de la Salud (OMS), la Conferencia de El Cairo consideró que la salud reproductiva es "un estado general de bienestar físico, mental y social, y no de mera ausencia de enfermedades o dolencias, en todos los aspectos relacionados con el sistema reproductivo", al propio tiempo que definió la salud sexual como "el desarrollo de la vida y de las relaciones personales y no meramente el asesoramiento y la atención en materia de reproducción y de enfermedades de transmisión sexual".

Además en 1995 se celebra en Pekín (China) la Conferencia Mundial sobre las Mujeres, donde se reafirman los acuerdos de El Cairo y se establecen unos protocolos para la realización y el seguimiento de los buenos propósitos. El espíritu de El Cairo y de Beijing fueron respaldados desde 1995 por la Red Europea de IPPF y el Fondo de Población de Naciones Unidas, instituciones que siguen prestando su apoyo.

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Más que una declaración de buenas intenciones

Después de esta carrera hacia la igualdad entre todos los seres humanos ante los derechos sexuales y reproductivos, ¿las buenas intenciones se han materializado en hechos? En buena medida sí, aunque siempre quede mucho más por hacer. En algo en lo que coinciden plenamente todas las partes implicadas en esta solidaria batalla es que la adolescencia y la juventud constituyen el grupo de población más vulnerable entre los menos favorecidos. En este colectivo es en donde más se producen los embarazos no deseados, los abortos practicados en condiciones deficientes, las infecciones de transmisión sexual... Y todo ello debido en gran medida a la falta de información.

Es en la Conferencia de Población de El Cairo donde, en 1994, se exhorta por primera vez a los gobiernos y sistemas de salud a crear y distribuir unos programas de educación sexual y reproductiva dirigidos específicamente a los más jóvenes. Y en este aspecto se puso especial énfasis en una Asamblea General de Naciones Unidas, al analizar en 1999 los logros alcanzados hasta el momento, y también en 2003, cuando el Comité de Naciones Unidas revisaba la aplicación de los objetivos propuestos.

Comunicación para el cambio de comportamientos

Los expertos demandan para los adolescentes y jóvenes lo que han venido a denominar "comunicación para el cambio de comportamientos" respecto a temas como la biología de la reproducción, las relaciones humanas y los sentimientos, las prácticas sexuales sin riesgo, el empleo del preservativo, la limitación del número de parejas y la abstinencia de promiscuidad, el aplazamiento de la primera relación íntima...

Y así empezaron a recogerse frutos. En Zambia, por ejemplo, la prevalencia del virus de la inmunodeficiencia humana (VIH) entre el grupo de 15 a 19 años descendió del 28% en 1993 al 15% en 1998. En Brasil, mientras que en 1994 sólo un 4% de los adolescentes afirmó emplear el condón en su primera relación sexual, en 1999 esa cifra ascendió al 48%. En Uganda, la prevalencia del VIH descendió del 15% en 1991 al 5% en 2001. Se ha visto que los jóvenes ugandeses han cambiado notablemente su conducta sexual. En 1994 se vio en un distrito escolar de este país africano que más del 60% de los adolescentes de 13 a 16 ya habían tenido relaciones sexuales. Ese porcentaje se redujo a menos del 5% en 2001.

Los gobiernos, la escuela, Internet, la familia, los amigos y los medios de comunicación pueden hacer un gran bien en este sentido y mucho más si se producen sinergias o se aúnan esfuerzos.

Embarazos, abortos y fístulas obstétricas

Por todos es sabido que el embarazo es una primera causa de muerte entre las adolescentes de 15 a 19 años en los países pobres. En todo el mundo, 14 millones de adolescentes (casadas o solteras) se estrenan como madres en esta banda etaria. En Bangladesh, más de la mitad de las mujeres tienen su primer hijo antes de los 19 años. En otros países en desarrollo entre la cuarta parte y la mitad de las jóvenes dan a luz antes de cumplir los 18 años. Los países africanos son los que tienen más elevadas tasas de fecundidad en la adolescencia.

Los abortos realizados en malas condiciones, calculados en unos 20 millones cada año, son también causa importante de mortalidad: 78.000 defunciones y al menos la cuarta parte de ellas se producen en las adolescentes de entre 15 y 19 años. Una consecuencia grave del parto en jóvenes es la fístula obstétrica: dos millones de mujeres cada año en el mundo. Esta consecuencia es la discapacidad más devastadora para una joven de los países en desarrollo que sobrevive a un parto difícil: además de perder al bebé en la mayoría de los casos, ellas permanecen con un orifico o fístula que les produce una humillante incontinencia fecal/urinaria y en algunas sociedades tribales también el rechazo del marido.

Datos del Fondo de Población de Naciones Unidas (UNFPA) revelan que sólo en Nigeria se estima que hay un millón de mujeres con este problema. El UNFPA está colaborando en varios países de África con instituciones médicas solidarias en la reparación quirúrgica de este proceso, que en el pasado fue un problema en todo el mundo y que ahora sólo ha quedado relegado a los más pobres.

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