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La esperanza renace entre los físicos de partículas

Aunque funcione al principio con menos energía, el mayor acelerador del mundo no renuncia a buscar el bosón de Higgs

Reparación en el acelerador LHC tras la avería de septiembre de 2008. CERN

Todo en la vida permite una apreciación optimista o pesimista y la situación actual del LHC, el mayor acelerador de partículas del mundo, también. A principios de mes, el Laboratorio Europeo de Física de Partículas (CERN, junto a Ginebra), donde se ha construido la gigantesca máquina, anunció que ésta se pondrá en marcha en noviembre, pero que funcionará a sólo la mitad de la energía para la que está diseñada. Un anuncio de sabor agridulce pero que los científicos tienden a ver como la botella medio llena y no medio vacía. En su punto de mira sigue estando empezar a acumular datos para confirmar la existencia del bosón de Higgs (la partícula de la masa).

En noviembre (no se ha fijado la fecha exacta para el encendido) habrá pasado más de un año desde la espectacular y grave avería que dejó, el 19 de septiembre, al LHC fuera de servicio sólo nueve días después de haberse puesto en marcha por primera vez durante una ceremonia multitudinaria con presencia de la prensa internacional. Cuando se descubrió la magnitud de la avería y que fue causada por soldaduras defectuosas en las conexiones eléctricas, de las que hay nada menos que 10.000 sólo en el circuito principal del acelerador, la moral de los 700 científicos, ingenieros y técnicos encargados de que funcione la máquina cayó por los suelos.

Casi un año después de una devastadora avería durante su estreno, los científicos y técnicos conocen mucho mejor la complejísima máquina europea

Casi un año y grandes esfuerzos después, el anuncio de que volverá a funcionar pronto, aunque no sea al límite de sus posibilidades, es un indicio de que "están recuperando la confianza en sí mismos", en opinión del español Luis Alvarez Gaumé, director de la división de física teórica del CERN, que establece los objetivos científicos del LHC. A ello habrá contribuido también el cambio de dirección en el CERN. Desde el 1 de enero el director es el alemán Rolf Heuer, quien dijo cuando se produjo el anuncio, el pasado 6 de agosto: "Comprendemos mucho mejor el LHC que hace un año. Esperamos con confianza y expectación una buena temporada de trabajo durante el invierno y el resto del año que viene".

A toro pasado, algunos expertos achacan la avería al anterior director, el francés Robert Aymar, encargado de la difícil tarea de terminar, con un presupuesto muy justo, el gigantesco proyecto. Creen que fue el responsable de forzar la máquina para poder mostrar algún resultado, aunque no fuera científicamente relevante, antes de dejar el cargo. Pero todos están de acuerdo en que las malas soldaduras y otros problemas detectados son fruto de un insuficiente control de calidad durante la construcción del acelerador, relacionado con la escasez de presupuesto. El LHC es un prototipo complejísimo, en el límite del nivel actual de la ciencia y la tecnología, y la consigna ahora es que se va a ir poco a poco, comprobando las veces que haga falta todo lo que haga falta, aunque ello implique que se hagan esperar los resultados científicos, según ha explicado un portavoz del CERN. Además, está el problema presupuestario que se le plantea a este veterano organismo internacional, porque la avería ha supuesto ya un gasto no previsto de unos 65 millones de euros. El diseño y la construcción del LHC a lo largo de más de 10 años costaron unos 6.000 millones de euros.

Al nivel de energía al que va a empezar a funcionar el LHC no se pueden esperar resultados científicos en las primeras semanas, explica Álvarez Gaumé. Esa etapa servirá para la calibración y poco más. Luego, a medida que aumenta la energía, pueden aparecer "cosas inesperadas", descubrimientos que nadie puede predecir. Sin embargo, el objetivo más importante del LHC, que es confirmar si existe el bosón de Higgs, la partícula de la masa predicha por la teoría, será labor de varios años y no depende sólo del nivel de energía que alcance el acelerador. Esto es así porque se necesita una acumulación de datos para confirmar la existencia del higgs, muy difícil de pescar. No se conoce la energía/masa de esta partícula pero "se verá antes si es muy pesado", recuerda Álvarez Gaumé, a pesar de que los últimos estudios teóricos indiquen lo contrario.

Estados Unidos, participante y rival

Aunque unos 10.000 científicos e ingenieros de 80 países (entre ellos España) estén pendientes del LHC, donde se han construido dos enormes experimentos (CMS y ATLAS) y otros dos más pequeños (Alice y LHCb), la inmensa mayoría de ellos no son trabajadores del CERN sino de universidades y laboratorios de todo el mundo. Por eso, el retraso en el inicio de las colisiones de partículas en el túnel del acelerador, a un centenar de metros de profundidad, les afecta negativamente pero no implica que abandonen el proyecto. Además, este tiempo muerto les ha permitido poner a punto mucho mejor sus detectores.

Estados Unidos, a pesar de su potencia científica, no tiene un proyecto comparable al LHC y por eso está contribuyendo a, y utilizando, el acelerador europeo. Nada menos que un 40% de los científicos que participan en los dos grandes experimentos viene de este país.

El único rival del LHC en EE UU y en el mundo entero es el acelerador Tevatron, en Fermilab, ya antiguo y menos poderoso, pero que se ha centrado últimamente también en intentar encontrar la partícula de la masa. Está trabajando a 2 teraelectronvoltios (TeV) de energía, mientras que la energía a la que empezará el LHC en noviembre es de 3,5 TeV por haz, con el objetivo de alcanzar los 7 TeV por haz, su energía máxima, en 2011.

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