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Reportaje:

"Villar de Cañas necesita el almacén nuclear porque aquí no hay trabajo"

Vecinos del pueblo conquense candidato, junto a Ascó y Yebra, al silo nuclear defienden el proyecto

Villar de Cañas (Cuenca)

Frío, nieve y nadie en la calle. Los vecinos de Villar de Cañas (Cuenca), un municipio de 463 habitantes nada acostumbrado a acaparar la atención mediática, comentan su candidatura a acoger el Almacén Temporal Centralizado (ATC) de puertas para adentro.

Villar de Cañas tiene una plaza en el centro del pueblo. Tiene doce casas y sólo una habitada. Es la de Concepción Escamilla, propietaria de una tienda de ultramarinos. "Qué lío esta mañana con todas las televisiones", ríe. "Me parecería muy bien que hicieran el almacén aquí porque en el pueblo no hay trabajo. La tienda va a menos y tengo dos hijas, una profesora y otra médica que se han ido a trabajar a Cuenca y a Madrid. Si pudieran, estarían aquí". Una farmacia, dos tiendas de alimentación, una panadería. El pueblo vive de la agricultura y, en menor medida, de la construcción. La falta de trabajo hace que de 463 habitantes censados apenas 300 vivan en el lugar.

Persianas bajadas, casas cerradas a cal y canto. Eso es lo que el alcalde José María Saiz quiere cambiar con el ATC. "Que la gente pueda volver al lugar donde nació, que haya trabajo y que las casas estén habitadas", afirma con vehemencia.

El argumento de Conchi, creación de empleo, lo esgrimen otros vecinos en un pueblo donde no se ha encontrado ninguna opinión contraria al proyecto. Fernando Pernías se dedica a la construcción. En el bar del pueblo, entre sorbo y sorbo de café, cuenta que ha visto marchar a sus tres hermanos a trabajar a Madrid. "Infraestructuras y trabajo", eso traería el ATC. Lo mismo piensan Faustino Martínez, dueño del bar, y Carlos Ramos, herrero de 29 años. Plácido Saez es un obrero jubilado. También él tiene un hijo que se fue a Madrid. Recuerda cómo "en los años 60 la gente joven empezó a marcharse del pueblo". A finales de los años 50, Villar de Cañas tenía una población por encima de los 1900 habitantes.

La seguridad no es algo que preocupe. "Con la seguridad que hay, no debería haber problemas", sostiene Pernías. Ramos coincide: "Lo veo seguro. Y sería una inyección de dinero para el pueblo. Si nos lo dan, bien no, superbien. Ojalá".

Carmen Barco es secretaria del Ayuntamiento. Vive en el pueblo desde hace 20 años. Habla con determinación y responde a las acusaciones del presidente de Castilla-La Mancha, José María Barreda, que ha afirmado que el pleno que se celebró el viernes pasado por la noche y en el que se aprobó la candidatura por unanimidad, cuatro votos del PP y otro independiente, fue "clandestino". "Aquí los plenos siempre se hacen de noche porque la gente trabaja. Nadie vive de la política, ni el alcalde, que es herrero y trabaja de lunes a sábado hasta bien tarde. Sólo hay dos funcionarios en el Ayuntamiento. Sólo se acuerdan de los municipios pequeños cuando se acercan las elecciones", señala. "El PP de Castilla-La Mancha no sabía de la candidatura. Aplicamos la autonomía municipal que nos corresponde. Se votó el viernes y el domingo por la noche se lo dije a Benjamín Prieto, un diputado autonómico". Barco califica de "incoherente" la actitud del Gobierno de la comunidad y de la presidenta del PP de Castilla-La Mancha, María Dolores de Cospedal. "Apetece ponerles un espejo delante para que vean sus contradicciones. No se puede ser favorable a la energía nuclear y luego no quererla cerca de casa", enfatiza, e invita a calcular lo que supondría una inversión de seis millones de euros para un municipio que tiene el centro de salud más cercano a diez kilómetros.