En transición hacia un mundo sin petróleo

Localidades de todo el planeta se preparan para resistir al cambio hacia una vida sin combustibles fósiles

GLORIA RODRÍGUEZ-PINA Madrid 7 AGO 2010 - 12:27 CET

Que el petróleo es un recurso limitado con los días contados no lo discute nadie. El debate se centra más bien en determinar cuánto tiempo queda hasta que la producción mundial de crudo llegue a su cenit y comience a declinar, momento que algunos sitúan en fechas tan cercanas como 2013, 2015 y, otros como la Agencia Internacional de la Energía, en 2020. El vertido de BP, la demanda ascendente de China e India y las reducciones de CO2 por el calentamiento global han reactivado las alarmas. Miles de pueblos y ciudades de todo el mundo han decidido pasar a la acción, sin dramatismos, haciendo su particular transición hacia la vida sin el oro negro.

Totnes (10.000 habitantes), en Reino Unido, fue la primera población en dar los primeros pasos hacia la autosuficiencia e independencia de los combustibles fósiles en septiembre de 2006. El movimiento se ha extendido a todos los rincones del planeta, desde Chile hasta Japón pasando por India o Nueva Zelanda. En España van surgiendo tímidamente pueblos y ciudades como Coín (Málaga), Jerez de la Frontera (Cádiz), o Barcelona, que van andando hacia la Transición.

Estas iniciativas suelen comenzar con un grupo de personas preocupadas por el cambio climático y el pico del petróleo que se juntan para imaginar cómo será su municipio dentro de 20 años, por ejemplo, cuando el precio de la energía, los carburantes y los productos básicos se hayan disparado. Al grupo se le van uniendo personas mayores, familias y jóvenes de todas las clases sociales y colores políticos. Juntos, en encuentros que recuerdan a terapias de grupo, cuentan sus preocupaciones, buscan soluciones creativas y las ponen en marcha para que el futuro imaginado sea lo más placentero posible.

"La vida diaria en un pueblo de transición es igual que en cualquier otro", advierte Rob Hopkins, cofundador del movimiento. Quienes participan activamente en el proyecto, sin embargo, reducen su consumo de energía y el uso del coche, cultivan y compran comida local, trabajan lo más cerca posible de sus casas, conocen a sus vecinos, construyen sus viviendas con materiales de la zona, aprenden habilidades perdidas como coser o hacer cestas de mimbre y tratan de no viajar en avión (él renunció a este medio de transporte hace cuatro años y cuando da charlas fuera del Reino Unido lo hace por videoconferencia). En Totnes, donde vive Hopkins, los vecinos comparten sus jardines para plantar verduras con quienes viven en pisos, las empresas encargan auditorías para reducir su consumo energético y más de 70 tiendas venden sus productos en libras totnes, su moneda local. En definitiva, potencian lo local y recuperan costumbres olvidadas en la era del petróleo barato como arma para resistir cuando esta etapa llegue a su fin.

La Red de Transición (Transition Network en inglés), que se desliga del posicionamiento político de grupos activistas ecologistas o anticapitalistas, ofrece herramientas de formación para quienes quieran iniciar una iniciativa. Como con las tecnologías de código abierto, cada grupo que pone en marcha una es libre de cambiar su modelo y mejorarlo para adaptarlo a sus necesidades. "Si alguien quiere empezar, que lo haga. No tiene que pedir permiso a nadie. La Transición es un experimento social fascinante que ofrece una serie de herramientas para comenzarlo", invita Hopkins.

Primeros pasos en España

En Coín (Málaga), más de 80 personas de todas las edades y profesiones se han puesto manos a la obra para hacerse resistentes cuando el crudo escasee. "No es cosa de cuatro hippies que se van a vivir a la montaña, porque se trata de un problema que afecta a todos", explica Claus Mikosch, fotógrafo alemán de 34 años y coiniciador en noviembre de 2009 de Coín en Transición. Como todos los pueblos que participan en el movimiento, no tienen reglas sino principios comunes y proyectos concretos. Ya tienen una huerta comunitaria y talleres de bioconstrucción y de fabricación de jabones.

La asociación Véspera da Nada se constituyó en Galicia en otoño de 2008 para concienciar sobre el cenit del petróleo. Han conseguido que Teo, un municipio de 20.000 personas cercano a Santiago de Compostela, sea el primer pueblo español en hacer una declaración institucional sobre esta cuestión. El alcalde, Martiño Noriega, un joven médico de 35 años del Bloque Nacionalista Galego, asegura en conversación telefónica que "ahora están dando contenido al manifiesto simbólico". Una comisión de trabajo realizará un informe de vulnerabilidad energética de la población y a partir de septiembre editarán una guía práctica para los vecinos. Manuel Casal, informático de 40 años miembro de Véspera da Nada, cuenta que también han logrado que Gaspar Llamazares (IU) presente una pregunta en el Congreso sobre presuntas presiones de EE UU a la Agencia Internacional de la Energía para ocultar datos de la oferta de hidrocarburos. "Esto obligará al Gobierno a informarse y posicionarse sobre el tema" argumenta.

BCN en Transicion y Transició a VNG llevan desde marzo y julio de 2009 impulsando el movimiento en Barcelona y Vilanova i la Geltrú respectivamente. Antonio Scotti, permacultor de 45 años, es miembro del grupo barcelonés, que está en fase de autoorganización. Dado el tamaño de la ciudad, su objetivo es crear conciencia en los barrios y actuar como catalizadores desde su asociación. Lo harán "aportando la chispa para que la gente se anime a pasar a la acción, y dándoles apoyo", según manifiesta por teléfono. Ton Dalmau, trabajador social, informático y trovador de 55 años, refiere que en Vilanova, donde también están en una primera etapa de consolidación, han creado tres grupos de trabajo: uno dedicado a planificar proyectos, otro que se ocupa de la alimentación y un tercero que quiere poner en marcha una moneda local.

En Jerez de la Frontera (Cádiz) ya tienen su alternativa al euro. Nicolas Patris, sociólogo francés de 34 años, expone al otro lado de la línea telefónica el funcionamiento del zoquito, como llaman a su moneda y red de trueque de bienes y servicios. En circulación desde hace más de un año, se utiliza como medio de pago en tiendas como peluquerías o fruterías o para servicios como masajes. Para simplificar el sistema, decidieron que un zoquito equivaldría al precio de un café. Los pagos se registran en una libreta en la que se apuntan los intercambios y que se recoge cada cierto tiempo para hacer un balance. "Se basa en la confianza mutua", concluye Patris.

Madrid todavía no cuenta con ninguna iniciativa, pero Javier Zarzuela, de 45 años y director de un colegio, se dedica a divulgar y estudiar el movimiento en todo el país desde su casa de La Navata, cerca de la sierra madrileña, en cuya terraza crecen tomates, calabazas y melones. "Tanto ser optimista como pesimista o catastrofista son extremos que nos invalidan para la acción. El optimista piensa que algo saldrá, algo inventarán y el catastrofista se dice que ya es imposible. Entre medias está lo positivo, la Transición: no sabemos si vamos a poder, pero vamos a hacer el camino. No sabemos cómo va a ser un mundo sin petróleo, pero vamos a andar para prepararnos y crear unas condiciones de vida aceptables", desarrolla Zarzuela con un tono calmado, como el ambiente que se respira en su casa.

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Huerta comunitaria de 'Coín en Transición', Málaga. / CLAUS MIKOSCH

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