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El análisis químico de las plumas de un ave indica donde nació

Un trabajo hecho con pardelas, aves marinas que recorren grandes distancias, permite diseñar estrategias de conservación

El análisis de la 'firma química' que dejan los alimentos en las plumas de unas aves ha permitido a un equipo de investigadores conocer su lugar de nacimiento y cría. El trabajo, financiado por la Fundación BBVA, se ha hecho sobre las pardelas, especie protegida de aves marinas que cada año recorren decenas de miles de kilómetros en sus migraciones. Esto permite por primera vez determinar la población de origen de las pardelas halladas muertas, una pieza de información clave para diseñar estrategias de conservación.

A pesar de criar en las costas de Canarias y Baleares, las pardelas son poco conocidas para los veraneantes, explica la fundación. En esta época a los pollos de pardela cenicienta (Calonectris diomedea) les falta solo unas semanas para lanzarse a su primer vuelo mar adentro. En otoño, ellos y sus progenitores emprenderán su viaje hacia las aguas de la corriente de Canarias, frente a al Sáhara Occidental, Mauritania y Senegal, y a las de la corriente de Benguela, delante de Sudáfrica y Namibia. El viento podría hacerlas pasar por Sudamérica, y muchas se quedarán en las costas de Brasil y Uruguay.

Son rutas que empiezan a conocerse en detalle sólo ahora, por lo difícil que resulta seguir a estas aves marinas. El anillamiento es insuficiente -se recuperan muy pocos individuos- y sólo recientemente los investigadores usan geolocalizadores que se colocan en la pata del pájaro y dan su posición.

Elena Gómez-Díaz y Jacob González-Solís han hallado ahora una técnica precisa de identificación que se basa en el análisis químico de las plumas de las aves. El trabajo se publica en Ecological Applications.

Isótopos y elementos traza

En concreto, ambos investigadores han analizado la proporción de diferentes isótopos estables -del nitrógeno y del carbono- y la concentración de elementos traza -presentes en cantidades muy pequeñas- en las plumas de las aves. Los isótopos y los elementos traza dejan una firma química en los tejidos biológicos que puede relacionarse de forma precisa con determinadas áreas de alimentación.

Así, los investigadores muestrearon y analizaron las primeras plumas primarias, que son las que crecen en las zonas de cría, en pardelas de distintas poblaciones. Hallaron que, efectivamente, la firma bioquímica de cada ave varía en función de dónde se ha criado, y por tanto es un buen indicador de la población de la que procede.

Para ello, a lo largo de varios años los investigadores tomaron muestras de unas 200 aves de una veintena de zonas de cría repartidas por el Mediterráneo, desde Chafarinas hasta Creta, y por el Atlántico, desde Azores hasta Canarias y Cabo Verde.

"El estudio demuestra que mediante el análisis de isótopos estables y elementos traza en las plumas de las aves podemos localizar las áreas de cría de aves muertas por actividades humanas", señala González-Solís.

Además, los investigadores pusieron a prueba el método aplicándolo a 50 pardelas muertas en la costa catalana por la pesca con palangre. Los resultados han sido satisfactorios. González-Solís y su grupo de la Universidad de Barcelona han descubierto que una parte de las pardelas que mueren en los palangres de la costa catalana no proceden sólo de Baleares, como cabría esperar por su proximidad, sino también de la isla de Creta.

Indispensable para la protección

El esfuerzo por conocer el comportamiento de las pardelas es indispensable para saber cómo protegerlas. Las pardelas están amenazadas por los artes de pesca, la sobreexplotación pesquera, la pérdida del hábitat y los contaminantes. Los biólogos alertan en especial del impacto de la pesca con palangre -las aves quedan atrapadas en los anzuelos al intertar capturar el cebo-.

No basta, sin embargo, con identificar las zonas de cría y las rutas migratorias. Los biólogos necesitan además averiguar de dónde es originaria un ave, independientemente de dónde esté en cada momento. Esto es importante porque, si se produce un accidente -un gran vertido de crudo, por ejemplo-, sólo sabiendo de dónde procede cada indivíduo se puede estimar la gravedad del impacto en la población original.

Como explica Jacobo González-Solís, uno de los autores del trabajo, "saber de dónde vienen las aves que han sido afectadas por alguna actividad o accidente es el primer paso para evaluar el impacto de esta actividad sobre las poblaciones. Por ejemplo, nos permite distinguir si un accidente como el reciente en el Golfo de México, o una flota palangrera como la de la costa de Levante, está afectando a una única población de pardelas, y por tanto puede llegar a extinguirla, o a muchas poblaciones distintas, con lo que el impacto queda repartido y es más suave".

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