Miles de mujeres de América Latina reclaman ante los tribunales la despenalización del aborto en la región

1.600 mujeres se movilizan en Argentina.- La interrupción voluntaria del embarazo solo es legal en Cuba y la ciudad de México.- El aborto clandestino es la primera causa de muerte materna en casi todo el continente americano

SOLEDAD GALLEGO-DÍAZ Buenos Aires 29 SEP 2010 - 18:22 CET

No fue exactamente igual que la famosa iniciativa Yo también he abortado que llevó a un numeroso grupo de mujeres españolas, famosas muchas de ellas, ante los tribunales en el año 1979, autoinculpándose de un delito y reclamando la despenalización del aborto. Pero se pareció mucho: por primera vez grupos de mujeres de diferentes países latinoamericanos acudieron el martes ante los tribunales de sus respectivos países para declarar que "en caso de quedar embarazadas, vamos a recurrir a la interrupción voluntaria de la gestación".

En quince ciudades argentinas fueron casi 1.600 mujeres las que presentaron esta peculiar autoacusación preventiva, pero iniciativas parecidas se llevaron a cabo en otros muchos países de América Latina y el Caribe, para conmemorar el Día por el Derecho al Aborto.

La interrupción clandestina del embarazo está considerada en casi todo el continente la primera causa de muerte materna y el problema alcanza tal magnitud, empeorado por la actitud intolerante no solo de la Iglesia católica sino también de las iglesias evangélicas, que Amnistía Internacional ha anunciado que se une a la campaña por considerar que la no despenalización del aborto supone hoy día en América Latina una de las más graves violaciones de los derechos humanos.

El aborto solo está despenalizado en Cuba y en la ciudad de México. En los otros países está castigado con la cárcel, con mayor o menor severidad, según los casos. En Argentina, por ejemplo, solo está despenalizado en caso de que una mujer discapacitada mental sea violada o si la vida de la madre corre un grave riesgo. Sin embargo, cuatro de cada diez embarazos acaban en abortos, según datos de Human Rights Watch, una cifra que duplica casi la tasa de abortos media en América Latina, lo que quiere decir que el circuito del aborto clandestino es muy grande y en el caso de las mujeres pobres, muy peligroso.

Grupos feministas implicados en la lucha por la despenalización del aborto han logrado el apoyo de algunas diputadas y senadoras, y en la actualidad la Cámara de Diputados argentina dispone ya de dos textos. Uno fue presentado con la firma de varios parlamentarios, mujeres y hombres, de diferentes partidos como Frente para la Victoria, Coalición Cívica, Partido Socialista, Unión Cívica Radical, Peronismo Federal, Libres del Sur o Proyecto Progresista. Y otro, en solitario, por el grupo Nuevo Encuentro, una coalición de pequeños partidos progresistas de la provincia de Buenos Aires que dirige Martín Sabbatella. La idea es autorizar la libre interrupción del embarazo antes de la semana 14 y después, en el caso de violación, malformación del feto o grave riesgo para la salud de la madre.

Los promotores de los dos proyectos esperan que el debate se inicie en la Comisión de Legislación Penal de la Cámara de Diputados en pocas semanas y confían en que el momento sea más propicio que en ocasiones anteriores. La actual Cámara aprobó hace poco (con apoyo de diputados tanto kirchneristas como de la oposición) la ley que autoriza los matrimonios gais. Pese a la fuerte oposición de la jerarquía de la Iglesia católica, el proyecto salió adelante y Argentina se convirtió en el primer país en América Latina que iguala los derechos de los homosexuales. Si la despenalización del aborto se aprobara finalmente, Argentina sería también el primer país de Sudamérica en lograrlo (Uruguay estuvo a punto de despenalizarlo hace un año, pero el texto aprobado por el Parlamento fue vetado finalmente por el anterior presidente de la República, Tabaré Vázquez).

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