Cuando los científicos se convierten en 'showmen'

Una empresa privada reúne en Málaga a 24 cerebros en diferentes materias en el I Congreso de Mentes Brillantes.- Cada invitado habla solo 21 minutos

LUIS GÓMEZ Málaga 22 OCT 2010 - 19:10 CET

Eduardo Punset habla al tiempo que pasea sobre el escenario. Su voz inconfundible advierte a los asistentes de que ha llegado el momento de cuidar nuestra salud mental al mismo tiempo que nos obsesionamos por la salud física. Habla de la inteligencia y de cómo se puede intervenir antes en el cerebro de la gente para luego cambiar el mundo. Luego, explica cómo un estudio científico realizado en Londres llegó a la conclusión de que ciertas zonas del hipotálamo de los taxistas londinenses estaban más desarrolladas que las de los ciudadanos normales. Todo esto está sucediendo en Málaga, en el Palacio de Congresos, ante más de mil personas de edades y actividades muy variopintas en la primera jornada del I Congreso de Mentes Brillantes.

Nunca se había celebrado un acontecimiento de estas características en España, organizado y financiado por una empresa privada. Para tiempos de crisis no deja de parecer una locura que alguien arriesgue dinero (millón y medio de euros a estas alturas) en un acto dedicado a la divulgación de novedades e ideas. Justo en la sala anexa se celebraba una reunión más convencional, el salón inmobiliario del Mediterráneo, que sin embargo parecía tener menos aceptación de público. A la entrada del Palacio de Congresos un enorme póster con una foto de Eduardo Punset divulgaba la siguiente sentencia: "Dios es cada vez más pequeño y la ciencia es cada vez más grande". Alguien podría interpretar esta frase como una ofensa. No es desde luego un congreso cualquiera.

El decorado es sencillo pero eficaz. Un escenario central rodeado de sillas en medio de una enorme nave con apariencia de hangar. Sobre el techo cuelga un enorme cubo formado por cuatro pantallas, en las que se ofrecen primeros planos de los conferenciantes cuando están en acción. No son detalles anecdóticos. El escenario, sobre el que descansan cuatro butacas blancas donde esperan los conferenciantes, semeja un plató de televisión. No hay un atril. Los actuantes pasean mientras hablan y se dirigen al público. Es el conocimiento, la divulgación científica convertida en un espectáculo. Es un show, no en vano el maestro de ceremonias es Manuel Campo Vidal, un experimentado periodista de televisión. Hablan reconocidos científicos, físicos, médicos, ensayistas, filósofos, líderes religiosos. Hablan de la ciencia, de lo que está por venir en los próximos 20 años, de la población, del envejecimiento, de la innovación y de la libertad, de la alimentación, de la ecología... y también de Dios. Hablan para un público heterogéneo, entre los que están empresarios que han pagado 600 euros y alumnos de secundaria invitados por sus buenas notas. Intervienen durante 21 minutos exactos, el tiempo que se supone que el cerebro puede mantener la necesaria atención sobre un asunto... siempre y cuando no se hable de sexo. Describen experimentos en un lenguaje sencillo y abierto. Luego, acceden a intervenir en un debate con preguntas del público. Las sesiones se difunden por Internet a través de redes sociales.

Luego de que Punset anunciara que tendremos aparatos para mejorar nuestra salud mental, apareció Mario Molina, nobel de Química y asesor de Obama, para anunciar que hay soluciones para combatir el cambio climático. E, inmediatamente después, fue el turno de la antropóloga Helen Fischer, que cautivó a la audiencia con sus experimentos sobre el amor y el cerebro. ¿Qué sucede en ciertas partes de cerebro cuando estamos enamorados? Según Fischer, algunos efectos son parecidos a los que puede causar la cocaína o la nicotina. Y cuando el amor fracasa, nos podemos convertir en una amenaza. ¿Y por qué nos enamoramos de unas personas y no de otras? Fisher hizo algunas consideraciones al respecto, según nuestra personalidad se corresponda con uno de estos cuatro patrones: explorador, construtor, directivo o negociador. Los patrones dominantes son los dos primeros. Fisher aclararía durante el debate, al filo de cerrarse la jornada de la mañana del jueves, que sus investigaciones llegan a la conclusión de que las mujeres son igual de infieles que los hombres y los hombres igual de románticos que las mujeres.

En el entreacto, en el mismo escenario/plató, una persona del público fue sometida a un ejercicio que suele practicarse con primates. Tenía que buscar una solución para sacar dos cacahuetes del fondo de una pipeta sin moverla o tocarla. No parecía sencillo: verter agua y dejar que los cacahuetes llegaran a la superficie flotando. La persona del público acertó con la solución, lo mismo que hacían los primates en los ensayos, como pudo comprobarse en un vídeo.

La sesión de tarde versó sobre cerebro y sentimiento. El cirujano Mario Alonso Puig puso patas arriba los métodos tradicionales de aprendizaje. Los test de inteligencia también. "No hay una sola inteligencia", dijo. "Hay nueve". Todo ser humano está dotado para aprender y cuando alguien se compromete con el aprendizaje, se incrementa el riego sanguíneo en ciertas partes del cerebro. Puso un ensayo como ejemplo: los mejores alumnos de matemáticas de una universidad fueron distribuidos en dos grupos, para ser sometidos al mismo examen. A un grupo, se le motivó durante el ejercicio: "puedes hacerlo", "tienes conocimientos para encontrar la solución", les animaban los profesores. El otro grupo fue sometido a crítica permanente: "no parece que tengas mucha idea", "no te lo has preparado bien"... Después del examen, todos los alumnos debieron meter una mano en unas vasijas de agua helada. Los del grupo no motivado sintieron más dolor y, además, los resultados de su examen fueron peores. La crítica al sistema educativo tradicional también salió de los labios de José Antonio Marina, experto en fenomenología: hay que cambiar la forma de enseñar porque la tecnología está modificando el funcionamiento del cerebro en los adolescentes de hoy. Entre medias, Vandana Silva, filósofa y activista, habló de la biopiratería y puso en tela de juicio lo que están haciendo las grandes multinacionales que elaboran semillas sintéticas, los riesgos que entrañan para España y cómo a su juicio no van a solucionar los problemas de alimentación del planeta.

La tarde fue para los físicos y los médicos, que trataron de explicar cómo será la vida dentro de 20 años. El físico japonés Michio Kaku, acostumbrado a labores divulgativas en el canal de televisión Discovery, puso sobre la mesa descubrimientos que llegarán en el corto plazo. "Cada 18 meses", dijo, "se dobla la capacidad de los ordenadores", de tal manera que en 10 años un chip costará un penique. Nuestras gafas serán un ordenador portátil, nuestras paredes las podremos cubrir con un papel inteligente que cambiará de color según nuestro deseo, las tarjetas de crédito llevarán mucha información personal sobre cada uno de nosotros y servirán para muchas otras cosas que como meros elementos de pago. Y existirá el váter inteligente, que nada más recoger nuestra orina nos haga un análisis completo de la misma y nos diga cómo estamos de salud.

¿Será así la población más longeva?. El médico británico Aubrey de Grey asegura que sí, pero no dentro de 20 años. ¿Habrá un problema de sobrepoblación si tardamos más en morirnos y se multiplican los nacimientos? Los últimos datos apuntan dos conclusiones: que el progreso es el mejor anticonceptivo y que las mujeres, incluso en países subdesarrollados, están teniendo menos hijos. Es cuestión de educación. A pesar de todo, a De Grey le preguntaron si sería posible actualmente alargar la vida aplicando ciertas dietas: "Tengo una mala noticia que darles", contestó, "salvo vigilar el peso y no fumar, no hay dietas actualmente que garanticen una mayor longevidad".

Joaquín Ayuso, cofundador de Tuenti, presentó una nueva red social, Glass, que permitirá compartir de una forma muy sencilla cualquier cosa que veamos por Internet: aparece una ventana sobre la página y con un clic, todos los elegidos compartirán es texto o esa imagen.

Así fue la jornada del jueves. Varias horas de espectáculo divulgativo, horas de ciencia, salud, inteligencia, innovaciones tecnológicas ante un público que no se movió de su sitio. El Congreso termina el sábado. Para el viernes estaba previsto hablar de Dios, con personalidades tan dispares como Shmuley Boteach, un rabino americano ortodoxo de enorme gancho mediático que ha llegado a concluir que el pueblo elegido es el americano, quien debatirá con Ingrid Matson, mujer de origen católico y ahora primera mujer presidenta de la Sociedad Islámica Norteamericana. Y ambos se juntarán con una atea, la francesa Corinne Maier, polémica ensayista, autora de un libro titulado 40 razones para no tener hijos. El debate lo moderará Javier Armentia, director del planetario de Pamplona y miembro de la Asociación Española de Escépticos. Otras "mentes brillantes" que actuarán ante el público son Bernardo Hernández, experto en redes sociales e Internet; Wang Xiaoping, mujer que es considerada como una de las nuevas ideólogas del Partido Comunista Chino, o el ensayista Bernard-Henri Lévy, entre otros.

Este experimento se repetirá el año que viene, probablemente en otra ciudad española. El empresario Joaquín Zulategui es el alma máter del asunto y para ello fundó la sociedad El Ser Creativo. Junto a empresas de hostelería y de alimentación, ha decidido invertir en divulgación científica. El congreso hace un canto al escepticismo y al espíritu crítico, "todo ello con una mezcla de humanismo", sostiene Zulategui. Hacerlo rentable ya tendría mérito.

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El abogado economista y divulgador científico Eduardo Punset y la antropóloga neoyorquina Helen Fisher, durante la convención El Ser Creativo. / EFE

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