¿Qué hacer con el plástico?

En el iglú verde hay que introducir envases, y solo envases. El resto, que es mucho, se pierde entre la basura orgánica. Y podría reutilizarse si se separara también, pero nadie paga esa recogida

ELENA SEVILLANO 21 NOV 2010 - 11:59 CET

Antes de adentrarse en este reportaje le proponemos que mire a su alrededor y compruebe cómo, casi seguro, tiene algún objeto de plástico al alcance de su mano. En España se consumieron casi 3,5 millones de toneladas de este material durante 2009, sobre todo en forma de envases domésticos (un 32%), según datos de Cicloplast, entidad creada en 1996 por la industria de plásticos para promocionar su reciclado. Y se generaron 2.247.000 toneladas de residuos, un 44% de los cuales derivaron, de nuevo, de los envases domésticos. De ahí que desde hace 10 años, y por la Ley de Envases, funcione un Sistema Integrado de Gestión (SIG), del que se encarga Ecoembes, que canaliza su recogida y reciclado a través de los contenedores amarillos. En este tiempo lleva más de nueve millones de toneladas tratadas, suficientes para llenar "casi 850 estadios de fútbol como el Santiago Bernabéu", enfatiza Óscar Martín, director de materiales de Ecoembes.

En 2009 se reciclaron, según cifras de Ecoembes, el 65,1% de los envases de plástico, latas y bricks adheridos al SIG. Son identificables porque llevan un punto verde, un sello de calidad ambiental que significa que la empresa en cuestión (hay más de 12.000 adscritas) contribuye económicamente a su reciclado selectivo. "Es un dato trampa. Está maquillado porque, en todo caso, se recicla el 65,1% de lo que llega a la planta de clasificación, que no es el total", denuncia Julio Barea, responsable de contaminación de Greenpeace, que se queja de que no existe "información única, fiable ni transparente sobre el SIG", y de que este "no promociona la reutilización, sino que nos esconde la basura". Los ecologistas abogan por una recogida puerta a puerta, por la separación al 100% de los restos orgánicos, por políticas que promocionen la devolución de recipientes y poner en el mercado solo aquellos de varios usos o que sean sencillos de reciclar. "Y no se está haciendo", lamenta Barea.

Tampoco se está abordando el reciclaje de lo que no es envase. El palo de la escoba, la cabeza de la muñeca, la caja de CD. "Más de la mitad de las plantas de compost de España recuperan ya una porción del plástico que aparece en la fracción resto [la basura donde lo orgánico se mezcla con residuos que no corresponden al contenedor amarillo, verde o azul] y la reintegran a su circuito", puntualiza Teresa Martínez, directora de Cicloplast. Cabe preguntarse si no sería más útil y rápido depositarlo desde el principio en el iglú amarillo. Pero en Ecoembes no quieren ni oír hablar de esa posibilidad. "Viene mucho mezclado con diferentes materiales, y entorpecería su tratamiento. ¡En el iglú de envases van envases!", argumenta Martín. Pero el problema de fondo es de dinero: el SIG del plástico se sostiene con las empresas envasadoras adheridas y si se ampliara a otros tipos habría que regular quién debería costearlo.

Insistimos con la pregunta, esta vez con un experto universitario en la materia: ¿dónde colocaría José Aguado, catedrático de ingeniería química de la madrileña Rey Juan Carlos, la silla de plástico duro de la playa? "Si soy legal, a la basura mezclada; si no, estoy engañando", contesta. "El señor que pone un envase en el mercado desembolsa 40 céntimos de euros por kilo por su gestión selectiva, que es cara, mientras que los juguetes, por ejemplo, no abonan nada", explica.

"España ha empezado más tarde, pero se ha situado rápido al nivel de otros países europeos", tercia Teresa Martínez. El índice de reciclado material (desecho transformado en materia prima lista para una segunda vida) ronda el 20%, y su techo se situaría en el 25% o 30%. El resto, según defiende, se podría utilizar como fuente de energía, ya que "el plástico tiene un poder calorífico similar al del gas y superior al gasóleo".

Las bolsas de un uso

El consumo indiscriminado de bolsas de plástico de un solo uso tiene que terminar. No se descomponen fácilmente, ensucian el entorno cuando no se depositan en el contenedor correcto, ponen en riesgo la fauna marina. Las biodegradables se perfilan como posibles sustitutas. La Cátedra Ecoembes de la Universidad Politécnica de Madrid ha realizado estudios para comprobar hasta qué punto son realmente biodegradables y reciclables, y con este fin ha sometido a dos tipos de ellas (las fabricadas a partir del almidón de la patata y las realizadas con polímeros derivados del petróleo) a un compostaje tradicional, mediante acumulación en enormes pilas durante más de dos meses. "Casi todas se biodegradaron", constata José

Vicente López, director de la cátedra. A continuación las llevaron a un compostaje en túnel experimental a escala, que acorta a 21 días el plazo para obtener el compost. "Todos los materiales respondieron mal", informa López, que aclara que se trató de una experiencia piloto y que el año que viene la repetirán en túneles reales. Cree que ahí los resultados se acercarán a los verdaderamente esperados.

"La biodegradabilidad depende de dos variables básicas: el tiempo y la cantidad de materia. Las bolsas que menos pesaban se degradaban mejor, pero las más resistentes y recias necesitaban más tiempo", acota. Y se pregunta hasta qué punto merece la pena introducir estos nuevos plásticos de manera masiva sin antes finalizar los estudios que corroboren su idoneidad. "Con las infraestructuras y tecnologías actuales, podría ser más el perjuicio en la gestión para el reciclaje que los beneficios que obtengamos", insiste. Teniendo en cuenta, además, que las bolsas son residuos que apenas llegan a las plantas de compostaje: se quedan en el contenedor amarillo o en la fracción resto, donde acaban incinerados o en el vertedero. Él abogaría por una mejor educación ambiental que concienciara sobre la necesidad de consumir menos, más responsablemente, y sobre lo nefasto del usar y tirar. Y por "aplicar el principio de prevención y cautela hasta que las tecnologías estén suficientemente contrastadas".

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