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La calle clama en Segovia contra la violencia machista

Compañeros de instituto recuerdan al joven muerto a tiros con su madre por disparos de la escopeta del padre

Dos concentraciones en diversos puntos de Segovia, principalmente protagonizadas por jóvenes estudiantes, junto con autoridades, han clamado hoy contra la violencia machista y han recordado a las víctimas del suceso registrado en Torrecaballeros, a doce kilómetros de la capital, donde un hombre de 52 años mató, presuntamente, de varios disparos en la cabeza a su esposa, de 49 años, y al hijo de ambos, de 16, la noche del martes al miércoles pasado.

La plaza de los Dolores del Real Sitio de San Ildefonso-La Granja, donde estudiaba el menor, ha albergado a cerca de medio millar de personas, en su mayoría alumnos y profesores del Instituto Peñalara, muchos compañeros de clase desde que el chaval llegó a Segovia, hace ocho años.

En medio de un impresionante silencio, a las once de la mañana, algunos alumnos exhibieron carteles con el texto Carlos siempre en nuestro corazón o Carlos los amigos nunca se pierden, mientras otros se habían enfundado camisetas con el nombre del chico y portaban fotocopias con su foto.

La orientadora del centro, ayer por la tarde, mantuvo varios encuentros con los alumnos más relacionados con el fallecido, que era muy querido entre sus compañeros, y que se encontraban muy afectados.

Además de cinco minutos de silencio, el director del instituto, Francisco Gozalo, ha leído un comunicado subrayando que tiene que ocurrir una tragedia como la que se ha vivido para darse cuenta de que, lamentablemente, "la violencia la tenemos cerca, puede asomar en cualquier momento por la ventana". Además de criticar la política "agresiva y belicista" de los Estados modernos, Gozalo ha dicho que siempre se recordará a Carlos y Ana, su madre, y ha añadido que "solo deseamos que sea la última vez que tengamos que reunirnos para lamentar una acción tan violenta como esta". En la lectura, también se encontraba el alcalde de La Granja, José Luis Vázquez; la subdelegada del Gobierno, María Teresa Rodrigo; el delegado de Castilla y León, Luciano Municio, y el senador socialista Juan Luis Gordo.

La siguiente concentración se ha desarrollado en el municipio de Torrecaballeros, de unos 1.200 habitantes, donde vivía la familia, a la una de la tarde, en presencia de unas 300 personas. El alcalde, Serafín Sanz, que decretó dos días de luto ayer, ha leído un acuerdo de la Comisión Territorial de la Violencia de Género en el que se manifiesta su más enérgica repulsa por estas muertes y contra todos los actos relacionados con la violencia machista, además de hacer llegar a la familia de las víctimas sus más sentidas condolencias y su apoyo y solidaridad.

Además de los políticos y muchos chavales que se han concentrado en La Granja, se han sumado el alcalde de Segovia, Pedro Arahuetes, la senadora popular Beatriz Escudero, la directora general de la Mujer de Castilla y León, Alicia Rodríguez, y varios alcaldes de pueblos de la zona.

Los cinco minutos de silencio han concluido con el grito de Serafín Sanz, que ha exclamado: "Que no se vuelva a repetir".

Los investigadores parece que no dudan en que, presuntamente, Julio José Zapata Montes, con licencia de armas de caza, mató de uno o varios disparos en la cabeza a su esposa, Ana María Sánchez Vizcaíno, y al hijo de ambos, y luego se quitó la vida. El matrimonio estaba tramitando la separación, pero no había denuncias de malos tratos.

Fuentes de la Subdelegación del Gobierno han indicado que los cadáveres de la mujer y su hijo han sido incinerados en Valladolid esta mañana, mientras que el del presunto autor de las muertes será incinerado en Ávila en las próximas horas. Asimismo, han eludido hacer comentarios sobre la investigación, que está ya centralizada en el Juzgado de Primera Instancia e Instrucción número 5 de Segovia.

No ha trascendido el resultado de las autopsias, que determinarán la hora exacta de la muerte de la madre y su hijo, y la del presunto agresor, que quizá tardó un tiempo en quitarse la vida, colocándose la escopeta entre las piernas.