El problema de la calidad del aire

Medio Ambiente retoma la idea de penalizar a los coches sucios

Rosa Aguilar desaparca la reforma del impuesto de circulación - Madrid reclama endurecer los impuestos del diésel pero el PP no trabaja en esa idea

R MÉNDEZ / C. E. CUÉ Madrid 10 FEB 2011 - 08:02 CET

La densa nube negra de contaminación que desde el 29 de enero cubre Madrid -y Barcelona, aunque en menor medida - eleva la presión para cambiar la fiscalidad del automóvil y que los vehículos más contaminantes paguen más. La ministra de Medio Ambiente , Rosa Aguilar, tiene previsto proponer hoy a los alcaldes crear un grupo de trabajo que estudie una reforma del impuesto de circulación para penalizar los coches más sucios. La idea ya la manejó el Gobierno, pero la enterró con la reforma de la financiación local. El persistente anticiclón que afecta a la Península y a Europa no solo impide que se disperse la polución del tráfico, sino que aflora proyectos olvidados.

Medio Ambiente se inclina por reformar el impuesto de circulación, el que se paga cada año y recaudan los Ayuntamientos. La idea no es nueva y estaba previsto que se incluyera en la reforma de la financiación local, pero esta encalló ante la crisis. Con una reforma legal, el Gobierno daría vía libre a los alcaldes para que gravasen los vehículos más contaminantes y no se implicaría directamente. El secretario de Estado de Hacienda, Carlos Ocaña, llegó a anunciar el cambio en 2009.

El PP destaca que Lyon, Milán y Roma también sufren los efectos del anticiclón

Hacienda anunció hace dos años la reforma fiscal, pero luego la enterró

Aguilar, según fuentes del departamento, tiene previsto proponer hoy al presidente de la Federación Española de Municipios y Provincias (FEMP) , el socialista Pedro Castro, la creación de dos grupos de trabajo: uno sobre concienciación ciudadana y otro sobre cómo cambiar este tributo de modo que pague más quien más contamine y menos, los coches más limpios. Su intención es que en conjunto no varíe la recaudación total de los Ayuntamientos. La reunión tiene como objetivo buscar soluciones a la calidad del aire.

El ministerio cree que es complicado encontrar un equilibrio. Opina que si el tributo pasa a depender de las emisiones una persona con poco dinero que tenga un coche de 10 años -por lo tanto más contaminante que uno nuevo- sufriría la subida de impuestos. Por eso cree que lo más sencillo sería mantener el sistema de caballos fiscales y elevar los tramos más altos, para ir contra todoterreno y similares.

Fuentes de la FEMP asumen que "la tendencia es incentivar los vehículos que menos energía consumen y que son menos contaminantes", aunque insisten en que si hay una reforma fiscal será propuesta del Gobierno.

Aguilar, sin embargo, afirmó que "las medidas fiscales no son la respuesta para todas las cosas", en alusión a que los Ayuntamientos deben ser los primeros competentes. Aguilar mantuvo el tono duro contra el alcalde de Madrid, Alberto Ruiz-Gallardón: "No existe ningún plan de medidas que yo conozca que haya puesto en marcha el Ayuntamiento de Madrid para mejorar la calidad del aire".

El alcalde tuvo el apoyo de la presidenta de la Comunidad de Madrid, Esperanza Aguirre, que vio "absolutamente impresentable" la actitud de Aguilar. Aguirre y Gallardón mantienen diferencias públicas, pero en el tema de la contaminación son una piña.

Gallardón ha pedido al Gobierno que eleve la presión sobre los vehículos diésel -que emiten más contaminantes que los de gasolina, aunque menos CO

2- en el impuesto de matriculación. "Pedimos al Gobierno que deje de seguir bonificando el vehículo que contamina en el único elemento que no cumplen las ciudades españolas en cuanto a las exigencias de la UE, es decir, los óxidos de nitrógeno, es decir, los vehículos diésel. No tiene sentido que el vehículo contaminante, aquel que nosotros estamos sacando de nuestras calles, sea bonificado por el Gobierno", afirmó Gallardón en un acto el martes.

El PP se mueve en un difícil equilibrio. Fuentes de la dirección afirman que no están en la línea de Gallardón y que no han propuesto nada parecido. El planteamiento del alcalde supone subir el impuesto al vehículo más usado (o bajarlo al de gasolina, lo que reduciría la recaudación). Dichas fuentes sostienen que respetan que Gallardón defienda su posición pero que el partido no está por subir impuestos. La fiscalidad relacionada con el automóvil es un asunto muy sensible. No solo porque afecte a uno de los sectores industriales más potentes de España, sino porque una subida de precios puede generar protestas.

Carlos Floriano, portavoz de Medio Ambiente de los populares, afirmó: "No planteamos una reforma del impuesto, pero si el Gobierno, dentro de su responsabilidad, lo hace, estaríamos dispuestos a hablarlo. Este es un problema de todas las administraciones". Floriano señaló que Milán, Roma o Estambul están también estos días cubiertos por dióxido de nitrógeno (un gas irritante). "Los países mediterráneos sufrimos este tipo de anticiclón", dijo.

Hasta la reforma fiscal de 2007, un vehículo diésel pagaba menos impuesto de matriculación que uno de gasolina. Entonces, el Congreso reformó el tributo para que estuviera en función del dióxido de carbono. Este es un gas de efecto invernadero, que calienta el planeta, pero no empeora la contaminación de las ciudades. Aun así los diésel seguían teniendo cierta bonificación, ya que consumen menos carburante y emiten menos CO2. A cambio, expulsan más óxidos de nitrógeno, los contaminantes que ahogan las ciudades. Entre dos vehículos de distinta cilindrada paga más el más potente, sea o no diésel, pero entre dos coches idénticos pagaría menos el de gasóleo.

El tráfico causa un 80% de la contaminación y cambiar el parque sería beneficioso a medio plazo. En ningún caso dispersaría la boina de contaminación.

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Una densa nube negra de contaminación cubre Madrid desde el pasado 29 de enero. En la imagen, un guardia de tráfico, ayer en el centro de la capital. / SAMUEL SÁNCHEZ

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