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Amnistía equipara con tortura los abusos a niños en Irlanda

"No es que el sistema no funcionara, es que ni siquiera había sistema", dice la responsable del informe

Amnistía Internacional considera que los abusos cometidos en Irlanda contra miles de niños que estaban al cargo de instituciones controladas por la Iglesia católica y el Estado equivalen a tortura y vulneran la legislación internacional sobre derechos humanos. Esa es una de las conclusiones del informe A plena vista elaborado para Amnistía por la doctora Carole Holohan a partir de los informes oficiales publicados en los últimos años sobre esos abusos.

"Los informes Ferms, Ryan, Murphy y Cloyne nos han dicho qué les pasó a esos niños, pero no por qué pasó", explicó Colm O'Gorman, director ejecutivo de Amnistía Internacional Irlanda en la presentación del informe en Dublín. "Esos abusos ocurrieron no porque no supiéramos lo que estaba pasando sino porque mucha gente en nuestra sociedad prefirió cerrar los ojos. No es cierto que todo el mundo lo sabía, pero había un conocimiento profundo de ello en la sociedad irlandesa y gente en posiciones de poder ignoró su obligación de actuar", denunció. "Las actitudes hacia la pobreza tanto por parte de la opinión pública como a nivel político también fueron factores significativos. La sociedad juzgó y criminalizó a los niños por ser pobres en lugar de afrontar los factores subyacentes que condenaron a esas familias a la pobreza", añadió.

En su informe, la historiadora Carole Holohan llega a cinco grandes conclusiones. El hecho de que no hubiera una clara división de responsabilidades entre los órganos públicos y privados a cargo de los niños y no existieran mecanismos para controlar esa responsabilidad hizo que los abusos a los niños continuaran sin restricciones; en el caso de las residencias de niños "no es que el sistema no funcionara, es que ni siquiera había sistema".

En segundo lugar, la ley no se aplicaba igual a todos: mientras los niños colocados en esas instituciones eran etiquetados como delincuentes, la mayoría de los que cometieron los abusos no fueron enviados a los tribunales y muy pocos autores de abusos han sido condenados.

En tercer lugar, "los abusos descubiertos en las diócesis y los abusos sexuales, físicos y emocionales, las condiciones de vida, el abandono descrito en el informe Ryan, pueden ser catalogados como tortura y como tratamiento cruel, inhumano y degradante bajo las leyes de derechos humanos". El informe subraya también la importancia de las actitudes de la sociedad y, quinto, la necesidad de que el Estado actúe en nombre de la gente en lugar de hacerlo en nombre de grupos de interés.