Análisis:AULA LIBRE

Bases para un nuevo modelo educativo

ANTONIO VAQUERO 2 OCT 2011 - 13:15 CET

La principal asignatura pendiente que tiene nuestra democracia es, sin duda, la educación. Son muchas las voces que claman por un nuevo modelo educativo, cada una arrimando el ascua a su sardina. Yo me temo que, si no olvidamos nuestras sardinas y juntamos todas las ascuas, no llegaremos a aprobar esta asignatura, crucial para asegurarnos un futuro digno.

El modelo actual, regido por leyes como la LOGSE y la LOE, impulsadas por pedagogos encabezados por José María Maravall y Álvaro Marchesi, ha dado resultados claramente insatisfactorios, como demuestran todas las evaluaciones objetivas efectuadas. Los pedagogos promovieron la creatividad, asociada a la libertad del alumno.

Del centro derecha liberal se oyen voces que claman por terminar con el modelo actual para imponer otro que otorgue más autoridad al profesor frente al alumno y más libertad a los padres para elegir el tipo de educación de sus hijos. Entre esas voces sobresale la de Esperanza Aguirre, que fue ministra de Educación, Cultura y Deportes en el primer gobierno de Aznar.

No vamos a detenernos en los rifirrafes continuos a que nos tienen acostumbrados, porque nos aburren unos y otros. Sabemos de memoria lo que van a decir antes de decirlo.

Parece como si hubiera un modelo educativo de izquierdas y otro de derechas. Así fue En España durante la última República, con un modelo educativo inspirado en las ideas de la Institución Libre de Enseñanza, que preconizaban una educación pública igual para todos, gratuita y libre, dejando para el ámbito familiar y privado la formación en creencias religiosas y de otros valores personales. Exactamente igual que hoy en países como Alemania, salvo que allí los padres pueden elegir para sus hijos la asignatura de religión, bien católica, bien protestante, o ninguna.

Pero la educación que hoy tenemos aquí no ha recuperado la igualdad, elemento esencial en la doctrina socialista clásica. Hay en la oferta educativa actual muy diversas ideologías cívico-religiosas a elegir, financiadas por el estado, de manera que lo que hoy se discute es el grado de ayuda estatal a los padres, pero no la potestad de los padres frente al estado para elegir la educación de los hijos. No es poco, ni mucho menos, pero no disfracemos hipócritamente de diferencias ideológicas las diferentes posturas. En Alemania, por no cambiar de país, la educación preuniversitaria se financia al cien por cien por el estado. Se acabó la discusión. Si quieres elegir un colegio especial, págalo tú, no el estado.

Analicemos ahora el tema, tan debatido, de la libertad del alumno frente a la autoridad del profesor. Lo primero es impedir la contraposición entre ambas, porque sin respeto mútuo desaparece la posibilidad de aprender. Pero la autoridad no se puede imponer, con leyes o sin ellas, coactivamente. La autoritas ha de emanar de la superior formación del profesor, pero esta supuesta superioridad ha de ser responsabilidad del estado. Ningún gobierno en democracia se ha hecho cargo de esta responsabilidad. Por tanto menos discusiones ideológicas y más responsabilidad.

Se trata no de debatir desde posturas irreconciliables sino de unir fuerzas para ganar eficacia en la formación de las nuevas generaciones. La madurez de nuestros jóvenes habrá que contrastarla con la de los jóvenes de los países desarrollados de nuestro entorno. ¿Cómo nos ven los países de nuestro entorno hoy? Todos los indicadores de competitividad e innovación ponen a España en la cola de Europa y nos consideran en consecuencia. Como ejemplo analicemos una noticia que recogieron los medios en portada, aunque no en grandes titulares, como merecía. La noticia era que la Comunidad Económica Europea decidió que no se podrán presentar en español propuestas de patentes técnicas en el ámbito europeo, de manera que Europa sólo admite el inglés, el alemán y el francés como idiomas tecnológicos de orden superior. Después no ha habido reacción mediática resaltable. Merece la pena no pasar de puntillas por esta noticia ya que atañe a asuntos trascendentales, como nuestra educación, nuestra ciencia, nuestra tecnología y nuestro idioma, que hay que tomar con la debida consideración ante la necesidad de un cambio en nuestro modelo educativo. Hagamos frente a nuestros problemas con conocimiento, tanto de nuestras carencias como de nuestras necesidades, para afrontar el futuro.

Aquí preocupa el estado de nuestra educación entre los científicos con prestigio. Así, por ejemplo, Santiago Grisolía confiesa su preocupación por el hecho de que la sociedad española vive de espaldas a la ciencia y, para remediar la repercusión de esta desidia, propone acercar el lenguaje científico a los jóvenes desde bien pronto, haciendo los cambios educativos que hagan falta. Viene a confirmar esta apreciación el reciente informe Enciende, elaborado por un comité de expertos de la COSCE (Confederación de Sociedades Científicas de España), que representa a más de 30.000 científicos. En dicho informe se detecta que la educación secundaria en España tiene una importante carencia en docencia científica y se propone un replanteamiento del sistema educativo y de la formación del profesorado en materia científica.

Otra carencia importante es el lenguaje. Desde la RAE nos alertan: Los estudiantes españoles escriben cada vez peor. Indiquemos que el lenguaje científico está dentro del lenguaje, tanto porque la lingüística es una ciencia como porque la ciencia se describe y se transmite desde el lenguaje. Por tanto puede decirse que la carencia fundamental en nuestra educación es el lenguaje. Nuestros alumnos carecen de método científico para tener ideas y lenguaje para saberlas expresar. Pero seamos conscientes de que nuestra sociedad nunca ha apreciado la ciencia, en particular la nuestra, de manera que nuestros gobernantes nunca se han visto obligados por la opinión pública a atenderla adecuadamente. Este déficit es consustancial en nuestra cultura y educación tradicionales.

Educación, lenguaje, conocimiento, ciencia y tecnología conforman un conglomerado inseparable. Sin embargo tradicionalmente en este país los tratamos por separado y sin coordinación. Como muestra actual de esta desagregación basta poner el ejemplo de dos ministerios para todo ello: de Educación por un lado y de Ciencia e Innovación por otro. La cultura anda suelta en otro ministerio más. Como si la cultura pudiera separarse de la educación y de la ciencia.

Además de coordinación cuidadosa, también se necesita atención financiera y recursos humanos competentes para intentar subsanar ese déficit, esperando los resultados con tesón y paciencia. Aquí, la verdad, tesón y paciencia no hemos puesto. La cantidad de leyes educativas que hemos sufrido desde que estamos en democracia han perjudicado a la educación, que debe ser planificada a largo plazo. Antes de cambiar una ley, hay que ver los efectos de la anterior y reflexionar a fondo sobre el futuro. Obviamente han faltado, entre otras cosas, pactos de estado en educación. Es evidente que la educación debe tener una coordinación estatal. Es claro que la transferencia de las competencias educativas a las CCAA no ha contribuido a la coordinación necesaria.

En cuanto a apoyo financiero, no se han apoyado las leyes educativas de acuerdo con los objetivos pretendidos. Es ilustrativo observar que los rendimientos escolares son inversamente proporcionales al presupuesto que cada autonomía dedica a educación secundaria. Andalucía es una de las autonomías que gasta menos por alumno y tiene un rendimiento escolar pésimo en todos los informes estadísticos fiables. Pero es un problema general, independientemente de la región autonómica de que se trate.

Basta un ejemplo reciente para ilustrar esta falta de apoyo general. El modelo catalán de informatización escolar, por el que cada alumno debe recibir un portátil, se ha dado de bruces con la cruda realidad: las finanzas catalanas no dan para más, de manera que el proyecto, iniciado hace más de dos años, queda parado. Lo iniciado se mantiene de momento, pero no habrá nuevo material, a pesar de que el gobierno tiene consignada la partida en sus presupuestos. ¿Cómo plantear ahora el desembarco anunciado de la pizarra electrónica y otras goyerías? ¡Qué bonitos son los sueños! Algo parecido pasa en las demás comunidades autónomas.

También el ex presidente Aznar se hizo la foto de la informática en el aula. ¡Cómo se presta la I+D+i a hacerse fotos! Lo difícil es mantener la palabra mediante el cheque correspondiente. Pero no es sólo cuestión de financiación de tecnología en el aula. Se ha constatado una enorme resistencia al cambio introducido por las nuevas tecnologías en la educación. En la sociedad española siempre ha sido proverbial esa resistencia al cambio, a la modernidad.

En el debate sobre el necesario cambio educativo se acentúa la separación tradicional que en España se ha mantenido entre ciencias y humanidades, entendiendo por humanidades el latín, la lengua, la historia, etc.; es decir, parcelando los saberes humanistas. No se plantea la necesidad de una visión integrada de todas esas parcelas con la ciencia y la tecnología, que es una de las bases de partida irrenunciables para cualquier nuevo modelo educativo. Veamos.

Por una parte se dice que hay que aumentar el contenido en humanidades de las enseñanzas y, por otra, que hay que llenar las aulas de computadoras y conectarlas a Internet. ¿Son contradictorios ambos propósitos? No. Lo que ocurre es que es difícil encajar los propósitos contenidos en ambas declaraciones en la tradición humanística española. La historia sigue pesando demasiado en este país. Así por ejemplo, de la palabra Letras se puede seguir leyendo en el diccionario de la RAE la siguiente acepción: "Conjunto de ciencias humanísticas (sic) por oposición a ciencias exactas, físicas y naturales". Son ciencias, hasta ahí podríamos llegar, pero humanísticas; es decir opuestas a lo que en el mundo se llama Ciencia. Los humanistas españoles suelen denominarlas ciencias humanas. Parece ser, según ellos, que las ciencias experimentales, o sea el conocimiento que se alcanza del mundo a través de la observación, la experimentación y la razón, son inhumanas.

Hay que dejar a un lado nuestra tradición ignorante de la ciencia y separadora de los saberes. La cuestión es organizar el saber, que es uno, para enseñarlo con provecho. ¿Qué son las humanidades hoy? ¿Qué son las humanidades hoy separadas de la ciencia y la tecnología? ¿Puede hoy una persona entender el mundo sin una mínima cultura científica y tecnológica? Sin embargo en nuestra sociedad siempre ha florecido el llamado 'anumerismo'; es decir la cultura humanista ignorante de los números e incluso orgullosa de su ignorancia, aunque cada vez menos, todo hay que decirlo.

Es necesario integrar la cultura científica en la cultura global del individuo. ¿Hemos atendido este tipo de formación integral en nuestros formadores? Sigamos. Tras dos años de desarrollo del proyecto educativo con el modelo catalán, se constata que el profesorado no está debidamente preparado para tratar con los alumnos usando el material informático como un material educativo más. Ello es consecuencia tanto de nuestro 'anumerismo' como de que nunca se ha contemplado por los poderes públicos el suficiente apoyo a la formación y reciclaje del profesor, pieza esencial en el tablero educativo.

Se echa en falta un modelo educativo bien pensado, debatido, consensuado y respaldado por una financiación adecuada. Este modelo, además, debe ser coherente con el modelo educativo universitario. El espacio común europeo en educación universitaria también debe ser tenido en cuenta a la hora de abordar el modelo educativo en la enseñanza secundaria.

La magnitud del problema educativo no ha sido percibida por nuestra sociedad. En las encuestas periódicas sobre los problemas que nos preocupan, el problema educativo simplemente no aparece nunca. Sin embargo es éste el problema más importante que tiene ante sí España. Naturalmente los gobernantes tienen en cuenta las encuestas. Así para el ministerio de economía es conveniente un ministro que entienda de economía y que dure lo máximo posible, pero para educación da igual. Este gobierno ha puesto muchos ministros de educación, demasiados para el debido sosiego necesario en materia educativa, desde Mª Jesús San Segundo, recientemente fallecida y que fue sustituida muy pronto, hasta el actual, Ángel Gabilondo. Tampoco Aznar hizo bien sus deberes en materia educativa. La prueba es Esperanza Aguirre, que es capaz y luchadora, nadie lo duda, pero que cuando fue nombrada en 1996 ministra de Educación, Cultura y Deportes tenía una experiencia nula en materia educativa.

Nuestra sociedad sigue abundando en la idea de que antes que la educación y la investigación existen otras necesidades más perentorias, como el paro. Pero el paro de hoy es consecuencia de la educación recibida, independientemente de otras causas más coyunturales. Así que démonos prisa para coger el tren de la sociedad del conocimiento cuanto antes.

De acuerdo a este análisis es imperioso establecer un nuevo modelo educativo, basado en unas premisas claras, como las siguientes:

1- Reconocimiento de la educación como nuestro principal problema pendiente de resolver.

2- Nombramiento de una comisión de expertos, de reconocida solvencia científica en las diversas áreas del conocimiento, fundamentalmente lingüistas y científicos, sin ingerencia de partidos políticos, para establecer el nuevo modelo educativo.

3- Coordinación a nivel estatal, para asegurar la unidad de contenidos, de métodos y de aplicación territorial, aunque contemplando la diversidad cultural.

4- Financiación adecuada a los objetivos pretendidos, como consecuencia del punto 1. Esta financiación debe contemplar necesariamente el apoyo al profesorado, no sólo para atender la formación previa a su incorporación sino también a lo largo de toda su vida activa.

Antonio Vaquero es catedrático emérito de la Universidad Complutense de Madrid

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