ENTREVISTA: TRISTRAM STUART

"Tiramos fruta y verdura solo por motivos estéticos"

INÉS GARCÍA-ALBI 15 OCT 2011 - 07:31 CET

Tristram Stuart lleva 18 años husmeando en los cubos de basura de todo el mundo, hurgando en las partes traseras de los supermercados, compartiendo cena con indigentes y freegans como él (personas que se alimentan de desechos en condiciones aptas para el consumo), visitando granjas agrícolas, interrogando a los directores de supermercados, metiendo las narices en los desperdicios de los restaurantes, organizando campañas para denunciar el despilfarro y concienciar al consumidor sobre este tema. En Despilfarro (Alianza Editorial) denuncia el escándalo global de la comida.

Pregunta. Husmear en las basuras no está bien visto. ¿Le costó mucho que tomaran en serio su trabajo?

Respuesta. Cuando empecé a llevar cámaras y periodistas a las basuras de los supermercados para que dieran fe del escándalo, los establecimientos me nombraron enemigo número uno, pero ahora me invitan para que les ayude a reducir sus residuos.

"Existe una fuerte conexión entre nuestro delpifarro y la hambruna"

"La fecha de caducidad anima a malgastar comida que está en buen estado"

P. ¿Cómo comenzó su lucha contra el despilfarro?

R. A los 15 años me compré un par de cerdos a los que quise alimentar con los desperdicios de comida, pero los supermercados se negaban a dármelos. No querían que nadie supiera lo que estaban tirando. Fue entonces cuando me di cuenta de lo que se pierde en todos los niveles de la cadena alimentaria, granjas, tiendas, restaurantes y consumidores. Es una enorme hemorragia.

P. ¿Se solucionaría el hambre en el mundo si no despilfarráramos tanto?

R. Con las cifras que tenemos oficiales, si cogiéramos todo lo que se tira en tiendas, restaurantes y casas particulares de Estados Unidos y la Unión Europea, solo con eso tendríamos cuatro veces más alimentos de los necesarios para los mil millones de personas que pasan hambre en el mundo. Y eso sin contar con lo que se desperdicia en granjas y fábricas.

P. En mi colegio pedían que una vez al año renunciáramos al postre para ayudar al hambre en el mundo.

R. Siempre ha habido hambrunas en el mundo que respondían a motivos locales como revoluciones, guerras o desastres naturales, y en esos casos no despilfarrar ayuda poco a esa gente. Pero, al margen de esas causas, ahora existe una fuerte conexión entre lo que nosotros comemos, lo que despilfarramos y la hambruna global que afecta a mil millones de personas. Se ve muy claro con el trigo. Los países ricos cultivan su propio trigo, pero también lo compran y lo venden en el mercado internacional, compramos toneladas de trigo para convertirlo en pan que luego despilfarramos. La consecuencia es que hay menos trigo en ese mercado internacional que es donde compran los países de África y Asia. Literalmente estamos sacando la comida de la boca de los que tienen hambre. Vivimos en una habitación cerrada que se llama Tierra.

P. Usted denuncia que mucha comida se tira porque no responde a los cánones estéticos impuestos por las grandes cadenas de supermercados.

R. Solo en Reino Unido se rechaza entre el 25% y el 40% de la cosecha de fruta y verdura por motivos cosméticos (tamaño, aspecto, imperfecciones). Aunque hay un dato esperanzador: tras una campaña sobre frutas y verduras feas, dos grandes supermercados británicos decidieron venderlas a un precio más barato. Por eso creo que los ciudadanos tenemos el poder para exigir cambios, porque las empresas cambian sus políticas en función de la demanda.

P. Ha husmeado por los contenedores de basura de todo el mundo, parece que hay culturas que se comportan mejor que otras.

R. Para cada uno de los problemas que tenemos hay un lugar en el mundo en el que se ha encontrado una solución, por lo que debemos recopilar todas las prácticas positivas y aplicarlas en cada caso.

P. En su libro desmonta mitos como el de la fecha de caducidad.

R. La idea original de las fechas fue la de proteger al consumidor. Fue una buena idea, pero ahora se ponen para proteger a las compañías de posibles denuncias y es una manera de animar a despilfarrar alimentos que son totalmente comestibles. Hay que cambiar el sistema.

P. ¿Ha metido ya las narices en los cubos de basura españoles?

R. Un amigo me ha enseñado la foto de un contenedor en el que habían tirado un jamón que hubiera valido aún para hacer 50 buenos bocadillos. También he ido a un supermercado donde había personas esperando y cuando les pregunte dónde podía ir a buscar comida me sacaron un mapa de Barcelona con varios puntos de recogida.

TRISTRAM STUART

Tristram Stuart, londinense de 34 años, está convencido de que es el ciudadano el que tiene que dar la batalla contra el despilfarro. Con su trabajo sobre el derroche de alimentos, este investigador del Centro de Historia Medioambiental de la Universidad de Sussex, ha ganado el Premio Sophie de medio ambiente 2011.

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