Con pies de plomo

Ni los animales ni la biodiversidad entienden de fronteras, pero la compleja normativa cinegética provoca que algunas especies sean cazables en unas autonomías y en otras no, y que se produzcan discrepancias a la hora de sancionar delitos.

ESTHER SÁNCHEZ 15 OCT 2011 - 07:30 CET

Si eres un ave acuática y eliges la Comunidad de Madrid para pasar una temporada, ¡bingo!, no eres especie cazable. Pero si decides ver mundo, traspasas los límites de la región e invades el espacio aéreo de Toledo, por ejemplo, puede ser que un certero y legal disparo acabe con tus andanzas. Estás en Castilla-La Mancha, donde la ley permite que te capturen. Si eres lobo, tienes que saber que por debajo del Duero estás protegido, pero por encima no. En diez años se estima que se han cazado 787 lobos en España. Y si eres un ave migratoria, ojo con los árboles trampa impregnados de pegamento en el sur de Cataluña y Valencia. Y con las redes en Andalucía, Valencia y Madrid. Estos sistemas de captura están prohibidos por la Unión Europea, pero autorizados por algunas regiones; por tanto, para los cazadores son legales. En Andalucía, por ejemplo, lo consideran captura, no caza. Según SEO/Birdlife, cada año mueren cuatro millones de aves con técnicas ilegales.

En España hay 25.000 cotos de caza y el 80% del territorio nacional es cinegético

Hay zonas que permiten capturar aves con métodos prohibidos, dice SEO/Birdlife

El censo de animales se hace en función de los datos que mandan las fincas

Son algunas de las situaciones que provoca a los animales el complejo entramado jurídico que regula la caza, con una ley de caza por comunidad, excepto Madrid y Cataluña, que se rigen aún por la de 1970. La Unión Europea marca qué especies son cinegéticas, pero luego cada autonomía decide cuáles de estas se pueden cazar en su territorio. Los cazadores también se ven atrapados en el galimatías normativo. No entienden la razón por la que existe una licencia de caza diferente para cada región, ni por qué un guarda de un coto de caza no puede trabajar en una autonomía diferente sin pasar otro examen. "Es como si la ley de seguridad vial estuviera transferida a cada comunidad, con señales de tráfico, exámenes y sanciones diferentes. Se necesita que se unifiquen criterios", explica Andrés Gutiérrez, presidente de la Real Federación Española de Caza (RFEC).

"Los animales no saben de fronteras y en las estrategias de conservación de la biodiversidad se debería llevar a cabo una política conjunta. Porque es inútil hacer las cosas bien en una zona y en la de al lado no", advierte Nicolás López, técnico de conservación de especies de SEO/Birdlife. Por ejemplo, concreta, se deberían elaborar unos censos fiables de animales con criterios científicos que acreditaran la razón por la que determinadas especies se incluyen como cazables y se permite apresarlas en determinadas fechas. Se refiere a la media veda, un periodo que suele coincidir con el final del verano y en la que solo se permite cazar algunas especies, en muchas ocasiones en periodo de migración prenupcial o inicio de la temporada de cría, lo que afecta a su reproducción. "Un ejemplo de la incongruencia de esta norma es el caso de Castilla-León, donde autorizan capturar a la paloma bravía en media veda, a excepción de en la comarca de Tierra de Campos. A ver quién se lo explica a la paloma", plantea López.

En la actualidad, las autonomías deciden los cupos de capturas a partir del plan técnico que elaboran los cotos de caza cada cuatro o cinco años. El documento incluye un inventario de las especies, número de capturas previsto, cazadores, junto con otra información. "Nosotros no tenemos posibilidad de corroborar estos datos, pero los elaboran técnicos con la formación adecuada, y además contamos con nuestra experiencia. No nos pueden decir que en un lugar donde se cazan 20 venados van a matar a partir de la temporada siguiente 200", explican desde Castilla-La Mancha, la zona de España donde la caza tiene mayor peso, junto con Andalucía y Extremadura.

Para SEO/Birdlife, sin embargo, esta forma de gestión carece de rigor. "Nosotros no estamos en contra de la caza, pero a este ritmo vamos a acabar con determinadas poblaciones", asegura López. Los estudios de la organización no son muy esperanzadores. De las aves cinegéticas, la perdiz roja ha descendido en España un 19% desde 1998; la codorniz común, un 38%, y la tórtola común, un 29% y está declarada como vulnerable, por poner algunos ejemplos. Los cazadores advierten de que hay poblaciones, como las de conejo en determinadas zonas, y especies de caza mayor que están en auge.

No hay que olvidar que la caza ha pasado de ser un fenómeno social, con escasa relevancia en el plano económico, a una actividad industrial. Se calcula que genera un negocio de unos 2.300 millones de euros, aunque son estimaciones. Solo en Castilla-La Mancha mueve alrededor de 600 millones anuales y crea 6.500 empleos fijos. Nada raro si se tiene en cuenta que el 80% del territorio nacional (36 millones de hectáreas) es cinegético. Existen 25.000 cotos de caza, donde se pueden capturar unas 33 especies de caza menor y nueve de mayor. En la última temporada se cobraron 372.472 piezas de caza mayor (sobre todo jabalí, 207.159, y venado, 112.252) y 21 millones de caza menor (7,9 de conejo, 6 de zorzal y 3 de perdiz roja, entre otras). También son estimaciones realizadas a partir de los datos que envían los cotos, advierten desde Fedenca, fundación para el estudio y la defensa de la caza, que ha elaborado esta información.

"Hay muchos cotos de caza que son hábitats espectaculares y que han contribuido a preservar el medio y la biodiversidad", indica Jorge Cassinello, director del Instituto de Investigación de Recursos Cinegéticos (IREC) del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC). "Pero para que este sistema sea sostenible necesitas unos cupos de animales razonables, no cazar los mejores machos durante su vida reproductiva, porque alteras la calidad genética. El lobo se va siempre a por los ejemplares viejos, enfermos o las crías débiles, pero los cazadores no. También hay que entender que un propietario de un coto necesita obtener una rentabilidad". En su opinión, se deberían incorporar criterios científicos y unificados. Como solución, Cassinello apunta al desarrollo de la certificación de calidad cinegética, que aseguraría que la finca donde se caza cumple unos criterios de sostenibilidad. "Porque no es lo mismo, ni para los cazadores ni para la naturaleza, un coto de caza intensiva, donde se sueltan miles de perdices o codornices, que un coto extensivo. A priori es una alteración absoluta del orden natural". Desde 2004 se habla de la creación de este certificado, pero todavía no hay acuerdo.

Los métodos utilizados para el control de predadores, sobre todo en los cotos de caza menor, para evitar que se alimenten de las piezas destinadas a los cazadores es otra de las cuestiones a debate. La muerte de un lince el pasado mes de agosto en una jaula trampa volvió a poner el tema sobre la mesa. El Ministerio de Medio Ambiente ha publicado un estudio en el que se enumeran los sistemas más adecuados de captura para evitar daños a otras especies. "Pero volvemos a lo mismo, no es vinculante, y además se tiene que desarrollar por normas autonómicas. Es decir, cada comunidad lo aplicará según interprete y esto dará lugar a sanciones diferentes", comenta el presidente de la RFEC. La incongruencia de las normas se vuelve a poner de manifiesto con el uso de los lazos sin freno, un método prohibido. En Asturias es delito siempre, pero la Audiencia Provincial de Cuenca y Albacete sentencia que es una infracción administrativa, y en Ciudad Real, Murcia y Lleida depende de circunstancias tales como el número empleado, la localización, la permanencia...

No solo los animales se pierden sin saberlo en la burocracia; los cazadores (se calcula que hay un millón), por otros motivos, también. ¿Para qué sirven tantas licencias de caza?, se preguntan. Lo mismo se debió plantear el exministro de Justicia Mariano Fernández Bermejo cuando en febrero de 2009 le expedientaron por cazar en Andalucía sin el correspondiente permiso, aunque tenía de otros lugares. Cazadores y ecologistas están de acuerdo en que es necesario fomentar una coordinación a nivel nacional. "Tenemos que ir de la mano de los conservacionistas, porque somos los primeros interesados en cuidar la naturaleza y hay que acabar con esta situación, que es de locos", concluye Gutiérrez.

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