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Tribuna:

Globalización y fusiones entre universidades

"La globalización y consiguiente concentración del sector de la educación superior hará que en los próximos años sólo existan 50 universidades prestigiosas en todo el mundo", comentaba esta semana Nigel Thrift, Rector de Warwick University en el transcurso de la conferencia Reinventing Higher Education, en el campus de IE University en Madrid. Por su parte, David Van Zandt, Presidente de The New School restringía ese grupo de centros de élite a 20 ó 30. ¿Cuáles son los factores que promueven esta concentración, por otro lado tan frecuente en otros sectores de la economía?

La globalización de la educación superior ha tenido muchos efectos positivos: la ampliación de las oportunidades educativas más allá de las fronteras domésticas, especialmente para las personas con mayor talento; una mayor integración internacional de los estudios y de la investigación; mayor comparabilidad y transparencia de la oferta educativa; mayor movilidad y oportunidades laborales en todo el mundo; y en general un impulso al desarrollo de la innovación y el conocimiento.

Por otro lado, la globalización también ha tenido efectos negativos, especialmente para las instituciones menos competitivas y reactivas al cambio. Por ejemplo para las universidades que no desarrollan una investigación relevante, o no ofrecen programas actualizados. Este impacto negativo en las instituciones menos competitivas despierta en ocasiones recelos, e incluso reacciones proteccionistas, por ejemplo para impedir la entrada de nuevos entrantes o universidades extranjeras. Sin embargo, como sucede en tantos otros sectores de actividad social y económica, el proteccionismo de la enseñanza universitaria supone, en el medio plazo, una pérdida de calidad y competitividad de las instituciones que se intentan blindar. Dado que los stakeholders son crecientemente internacionales, los países que adopten medidas proteccionistas en la educación, impidiendo la entrada de nuevos centros o de universidades internacionales, o los países que eviten la integración en modelos supranacionales, terminarán en la periferia del mundo del conocimiento y perderán el mejor talento. Por eso se entienden difícilmente las restricciones de visas al estudio o a la entrada de talento en diversos países de la UE, incluida España, medidas que limitan el fenómeno emprendedor o la inversión extranjera.

Ciertamente, la globalización implica una mayor concentración de la oferta universitaria global, con el desarrollo de grandes universidades o consorcios de universidades, de un lado, y también de centros especializados que se conviertan en referencia mundial en una determinada disciplina. Estos dos modelos representan los dos extremos de un espectro de posibles estrategias competitivas, donde las universidades pueden optar por desarrollar una escala y un volumen de recursos -en términos de profesorado, investigación, programas- que les permitan competir internacionalmente, o, alternativamente, por diferenciar su oferta y enfocarse en una determinada disciplina, segmento de actividad, o incluso metodologías. El riesgo eventual de no optar por alguna de estas dos alternativas estratégicas -escala o diferenciación- es el de quedarse atrapado en la mitad, esto es, no tener los suficientes recursos para competir globalmente, o no ser la referencia mundial en alguna categoría, y por lo tanto perder competitividad y presencia en el mercado de la educación.

En relación con la presencia de las universidades en países distintos de su sede central,, las escuelas pueden adoptar estrategias multicampus, con la apertura de centros en otros países, optar por fusiones y adquisiciones -hoy más restringidas al sector privado., alianzas estratégicas con centros extranjeros o la formación online que es ubicua.

Las alianzas con otras universidades extranjeras representan la fórmula más frecuente, y menos arriesgada, de desarrollar actividades en otros países o de internacionalizar la universidad. La apertura de otros campus, que intentan reproducir las mismas condiciones físicas e intangibles de los campus centrales, suponen el desembarco efectivo de una universidad en un mercado distinto del nativo. Finalmente, las fusiones o adquisiciones, un fenómeno tradicionalmente considerado tabú en el mundo académico, parece haber ganado más adeptos en los últimos años incluso entre universidades públicas, entre otras razones para adquirir por ejemplo escala en recursos académicos y poder competir mejor en los rankings internacionales, que suelen primar el volumen de producción investigadora. En los últimos años cabe citar varios ejemplos en Europa: la Universidad Aalto en Helsinki, la Academia Presidencial en Moscú o la gran Universidad de París son tres proyectos significativos.

Dentro de pocos años, es previsible que muchas universidades hayan experimentado algún proceso de fusión, como sucede en tantos otros sectores. ¿Cuántas Universidades existirán en España en 2020?

Santiago Iñiguez de Onzoño, presidente de IE University