España encabeza las encuestas de antijudaísmo

Pintadas nazis amenazan al IV Seminario Internacional sobre Antisemitismo celebrado en Madrid.- Un 52% de los escolares no querría tener como compañero de pupitre a un chico judío

JUAN G. BEDOYA Madrid 1 DIC 2011 - 19:59 CET

"Se nos pregunta con frecuencia por qué se odia tanto y durante tanto tiempo a los judíos. La pregunta hay que hacerla a quienes nos odian, no a los odiados". Esta reflexión de Isaac Querub Caro, presidente de la Federación de Comunidades Judías de España (FCJE), abrió el primer debate del Seminario sobre Antisemitismo que se cierra esta noche en la sede de la Fundación Caja Navarra, en el centro de Madrid. Fuera, intencionadamente bien visibles, han aparcado todo el día tres furgones de la Policía Nacional. Varios agentes conversan con despreocupación, pero han sido enviados allí para proteger a los convocados (un centenar de personas), tras aparecer de madrugada varias pintadas en rojo tachando estrellas de David (símbolo del judaísmo) y frases del tipo "Sionismo es terrorismo".

"Se nos pregunta con frecuencia por qué se odia tanto y durante tanto tiempo a los judíos. La pregunta hay que hacerla a quienes nos odian, no a los odiados".

El Tribunal Supremo revocó el pasado 12 de abril la condena contra cuatro nazis por considerar que frases como que "los judíos son destructores, que son los que promueven las guerras y que los alemanes se equivocaron al no quemarlos a todos" no merecen reproche penal.

La reacción de los organizadores del seminario no se hizo esperar. "Hechos como éste evidencian cómo en ocasiones Israel y el conflicto de Oriente Próximo sirven de pretexto para ataques antijudíos. Estos incidentes, junto con la intención de erradicar prejuicios y estereotipos antisemitas aún presentes en la sociedad española, explican la necesidad de celebrar debates orientados a profundizar en un problema muchas veces negado en nuestro país", dicen en un comunicado. "En España los insultos, las pintadas y los lemas contra los judíos

se consideran como algo normal, cuando lo cierto es que refleja un antisemitismo subyacente que es invisible. Aquí casi no hay judíos, pero los estereotipos negativos están muy presentes y son síntoma de una patología social", dijo el profesor de Sociología de la Universidad de Múnich, Alejandro Baer.

"Afortunadamente son casi todo pintadas o comentarios ofensivos en los medios de comunicación en Internet. Es de agradecer que no haya ataques personales", comentó la coordinadora del Observatorio de Antisemitismo, Carolina Aisen. Solo en esta semana, el Observatorio ha contabilizado cinco casos de comentarios antisemitas en programas de televisión como tertulias e incluso series de ficción.

El jurista y escritor Jorge Trías Sagnier, que participó en el debate "La lucha penal contra el antisemitismo y los delitos de odio", expresó con contundencia la repugnancia que le causó la sentencia del Tribunal Supremo del pasado 12 de abril, que revocó la condena contra cuatro nazis por considerar que frases como que "los judíos son destructores, que son los que promueven las guerras, que los alemanes se equivocaron al no quemarlos a todos, o que son una raza pestilente y peligrosa, no suponen un peligro potencial dada la irrelevancia del grupo que las avala, y que, por tanto, no pueden tener reproche penal". Trias Sagnier añadió que algunos de los magistrados que dictaron "esa bárbara sentencia son los mismos que persiguen a Baltasar Garzón". "Hubo un voto particular, lleno de dignidad, del magistrado Martínez Arrieta", matizó.

España es un caso peculiar en cuestiones de antisemitismo. Los judíos representan apenas el 0,1% de la población; los niveles de antisemitismo según estudios sociológicos son de los más altos de Europa, y, sin embargo, la mayoría de los dirigentes políticos y los medios de comunicación consideran que no existe prejuicio antijudío. Querub Caro ironiza, con gravedad: "Por tanto, en España se daría un antisemitismo sin casi judíos y sin antisemitas".

Las encuestas son testarudas. Un 52% de los escolares no querría tener como compañero de pupitre a un chico judío, a pesar de que no podrían distinguirlo por el aspecto, y el 58% de los adultos piensa que los judíos tienen demasiado poder y son todos ricos. Quizás parezcan un tópico estas citas sociológicas, pero son persistentes. El antisemitismo permanece en el tuétano de los españoles, como explicó, a veces con sorna, el escritor Jon Juaristi en uno de los debates de la jornada -sobre "El antijudaísmo en la cultura hispana: España y América Latina"-, coordinado por Jacobo Israel, escritor y ex presidente de la comunidad judía española.

El recuento de Juaristi sobre los estereotipos y las modalidades de la judeofobia fue apabullante, hasta concluir en la palabra "judiada", tan campante todavía -aunque ya matizada- en el Diccionario de la Lengua Española (primera acepción: "Acción mala, que tendenciosamente se consideraba propia de judíos"). Durante los cuarenta años del franquismo, los judíos fueron tachados como el pueblo que mató al fundador cristiano (Jesús, otro judío); en las Iglesias católicas se rezaba en cada misa por la conversión o el castigo de los "pérfidos judíos" hasta que el Concilio Vaticano II acabó en 1965 con esa costumbre, y el dictador murió en 1975 con la letanía en cada uno de sus discursos sobre la conspiración del "contubernio judeo-masónico", el principal enemigo nacional (en los primeros años de la dictadura, ese contubernio fue judeo-bolchevique).

Se suele relacionar la persistencia del antisemitismo con la existencia el Estado de Israel y con muy polémicas actuaciones de su Gobierno. "Mentira. El odio a los judíos está en la historia mucho antes de la existencia de Israel", replica con pasión Arnoldo Liberman. Este psicoanalista argentino inició su discurso con lo que llamó "un chiste cruel", contado por Ernesto Sábato en casa del poeta Félix Grande. Un viejo judío recorre con su maleta el andén de una estación de tren. El viejo no para de preguntar. "¿Usted odia a los judíos?" Le contestan todos: "De n ninguna manera, señor. La pegunta ofende". Por fin, uno le dice que sí. "Sí, yo odio a los judíos". El viejo: "¡Por fin, una persona honesta. Por favor, me cuida la maleta mientras acudo al baño".

Liberman cerró su discurso de manera sombría, con un reto en nombre de "un pueblo que reivindica su sufrimiento hasta el final". En su memoria, el holocausto, Hitler, aquello que "sucedió" mucho antes de la creación del Estado de Israel. He aquí su desafiante definición de lo judío, hoy: "El pueblo que entraba por una puerta y salía por la chimenea".

El seminario organizado por la FCJE se suma a los esfuerzos de organismos europeos para hablar de un fenómeno que ni mucho menos está erradicado. "El objetivo es revertir la invisibilidad y la negación del problema del antisemitismo en España, en esta cuarta edición centrándonos en tres aspectos: cultural, jurídico y educativo", afirmó Querub Caro.

El sociólogo de la Universidad de Puerto Rico, Luis Pérez Martínez, señaló que "el terreno fértil del antisemitismo es la ignorancia" y lamentó que allí donde no intervienen voces informadas, el

antisemitismo se convierte en "la forma legítima de hablar sobre los judíos". Concluyó: "El antisemitismo es un discurso occidental que se ha diseminado por el mundo y que incluso aparece de manera recurrente en países donde no existen comunidades judías".

Entre otros ponentes, han hablado en este seminario Alon Bar, embajador de Israel en España: Álvaro Albacete, embajador de España para las Comunidades Judías y Director de Sefarad-Israel; José Manuel López, director de la Fundación Pluralismo y Convivencia; Esteban Ibarra, presidente del Movimiento contra la Intolerancia; Patricia Amardeil, educadora el Liceo Francés, y Justo Lacunza Balda, rector emérito del Instituto Pontificio de estudios Árabes e Islámicos.

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