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Mejor un Ministerio de Ciencia y Economía

Hay que hacer más economía con ciencia, en vez de economizar en ciencia

A las 7.30 de la tarde, con puntualidad taurina, los rumores de que nos íbamos a quedar sin Ministerio de Ciencia se confirmaron. El anuncio de la estructura del nuevo Gobierno por parte de su flamante presidente daba la puntilla al Ministerio de Ciencia e Innovación. Los correos electrónicos y los SMS empezaron a correr de teléfono de científico en teléfono de científico con un desasosiego tal que pocas veces he vivido tan intensamente. Eran las dos de la madrugada y aún estaba intercambiando correos con mis colegas y miembros de la junta directiva de la Sociedad Española de Neurociencia, que me honro en presidir. El comentario era unánime: ¿De dónde colgaremos? Nadie decía nada, ni siquiera los sesudos tertulianos comentaron que habían suprimido de un plumazo la palabra ciencia del organigrama.

Poco más tarde del anuncio de su desaparición, nos enteramos de que la cartera que ostentaba Cristina Garmendia pasa a manos del ministro de Economía y Competitividad. A mí me hubiera gustado que este Ministerio, inspirado en modelos como el inglés o el catalán, se hubiera llamado de Ciencia y Economía. Porque la ciencia está antes que la economía y es de ella de la que brota la competitividad. Sin ciencia no hay competitividad; sin ciencia no hay progreso.

En estos momentos, como científicos hemos de enviar un mensaje al nuevo Gobierno, claro y alto: sin ciencia no vamos a ninguna parte. Sin continuidad en las políticas de I+D no vamos a ninguna parte. Sin conocimiento no vamos a ninguna parte. Cortar el grifo a la investigación científica es pan para hoy y hambre para mañana. ¿Cuántas veces hemos demandado desde el más modesto hasta el más premiado de los científicos, desde el becario de primer año hasta el más prestigioso premio Nobel, la continuidad como eje fundamental del éxito y la rentabilidad de la investigación científica? Pues hoy debemos reafirmarnos paladinamente en estas creencias y en el más firme convencimiento de que una sociedad acientífica no progresará, de que políticas que regateen la inversión en investigación científica y generación de conocimiento fracasarán antes o después y no lograrán situar al país en los puestos de cabeza que aspiramos y merecemos.

Hemos reclamado desde estas mismas páginas un pacto de Estado por la ciencia. Es hora de seguir reivindicándolo. La ciencia mira a muy largo plazo, necesita estabilidad, continuidad y perseverancia. La rentabilización apresurada de los hallazgos científicos es peligrosa y puede dar al traste con sistemas de I+D aún frágiles como el español. Hemos recorrido un gran camino desde los años 80. Es responsabilidad del nuevo Gobierno, y precisamente por la situación que le toca lidiar, no dilapidar ese legado que es de todos. Hay que hacer más economía con ciencia, en vez de economizar en ciencia.

¿Habrá continuidad con las políticas de I+D? Desde la callada humildad de los laboratorios pedimos al Gobierno que aclare cuanto antes la situación. En anteriores legislaturas los presupuestos para ciencia han sufrido, pero menos que los otros ministerios. Esto es lo que esperamos del nuevo Gobierno, por lo menos.