"Algunas mujeres se ponen la soga al cuello ellas solas"

Encarna Roca estudió con becas desde el Bachillerato. / CARLES RIBAS

Aunque vive en la zona alta de Barcelona escoge un pequeño y acogedor local de la ciudad. "No venía por aquí desde noviembre", le recuerda la propietaria. Encarna Roca, de 67 años, lleva toda la vida dedicada al Derecho Civil y en este tiempo ha roto varias barreras. Fue la primera catedrática de esa especialidad (1979), la primera magistrada del Tribunal Supremo en esa jurisdicción (2005) y hace casi tres meses, la primera mujer en ser admitida en la Academia de Jurisprudencia y Legislación, aunque no entrará formalmente hasta que lea su discurso.

"Las patatas fritas del aperitivo son caseras. ¡Buenísimas!", anuncia Roca, que acaba renunciando a los callos como primer plato y sugiere compartirlos. Tampoco toma vino. "He de trabajar por la tarde". Admite sin ambages que la maternidad condiciona la vida profesional de las mujeres y que su proyección habría sido muy distinta de no haber parido a los 23 años. En el Supremo hay 10 mujeres y solo tres son madres, recuerda. "Para que una mujer ocupe ciertos puestos se ha de dejar muchas plumas por el camino, pero si de verdad tiene interés se puede organizar y lograrlo".

Granja Lido. Barcelona

  • Dos pies de cerdo: 25.
  • Ensalada de escarola: 9.
  • Chips de alcachofas: 8,20.
  • Dos cervezas y agua: 6,25.
  • Pan, cubierto y cafés: 6,85.

Total con IVA: 59,72 euros

A esta juez le encanta su profesión, pero admite cierto escepticismo sobre los efectos. "La gente se pelea porque forma parte de la naturaleza humana. Pasa desde los romanos y ya lo intentaron suavizar con el derecho, pero esto no tiene arreglo porque el pleito siempre deja un vencedor y un vencido", dice.

"Las alcachofas están deliciosas", tercia Roca, que siempre estudió con becas, incluso el Bachillerato. Se separó de hecho en 1974, con un hijo de siete años que crió sola. Curiosamente, la misma edad que tenía ella cuando sus padres rompieron el matrimonio. "Admito que a veces puedo parecer rara, fría y demasiado racional, pero no me ha ido tan mal", dice.

"La salsa es para los pies de cerdo", advierte la camarera. El aspecto es delicioso y Encarna Roca empieza por atacar los calamares frescos de la guarnición, todo un contraste, antes de proseguir la conversación. "El marco legal de la igualdad es muy ancho en España, pero algunas mujeres son las primeras que se ponen la soga al cuello por comodidad o por el qué dirán", afirma.

Esta jurista ha sido pionera en España por romper techos de cristal

En su opinión, hombres y mujeres imparten justicia de igual manera y en muy contadas ocasiones discrepa de sus compañeros. Desde hace años, además, se encarga de los casos de familia, "pero no por ser mujer", precisa, sino por el criterio que defiende y que comparten sus compañeros. "Alguno creía que sería muy feminista, pero ha visto que solo aplico el sentido común. Algún día haré un manual", anuncia con ironía. A modo de ejemplo recuerda el caso de una divorciada con muchos recursos, sin profesión y con una nueva pareja adinerada a la que la justicia le reconoció una pensión compensatoria mensual de 6.000 euros que ella anuló después. "Eso era una indignidad", exclama.

Cuando llegue la jubilación, a los 70, a Roca le encantaría reengancharse tres años. "En el Tribunal Supremo hay un buen ambiente. Se guardan las formas, cosa que no ocurría en la Universidad". En la de Barcelona estuvo ocho años de vicerrectora y aprendió, sobre todo, "lo que se ha de hacer y lo que no".

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