Selecciona Edición
Entra en EL PAÍS
Conéctate ¿No estás registrado? Crea tu cuenta Suscríbete
Selecciona Edición
Tamaño letra

Un colegio para discapacitados da la alarma ante la falta de pago

La Comunidad Valenciana adeuda transporte y comedor de varios meses

Aportaciones de los padres para el mantenimiento del centro Sant Cristòfol.

“La situación es límite, precarísima”. Virginia es la madre de María y presidenta de la asociación de padres y madres de alumnos (Ampa) del colegio público de educación especial Sant Cristòfol de Sagunto (Valencia) para alumnos de 3 a 21 años con discapacidad psíquica. Ayer por la tarde, Virginia, Paula y Ruth junto con varios centenares de padres y madres de escolares participaron en la concentración convocada en el centro para mostrar su temor de que el colegio se quede sin alumnos por las deudas que arrastra la Generalitat valenciana.

La consejería de Educación no ha pagado ni un euro a la empresa encargada del comedor desde principios de curso. La deuda asciende a 140.000 euros. La compañía de autobuses que se hace cargo de recoger y llevar a los alumnos de las tres comarcas que cubre el colegio (Horta Nord, Camp de Morvedre y Alto Palancia) ha tenido algo más de suerte: cobró el dinero correspondiente al mes de septiembre a finales de enero, según fuentes del colegio.

Fuentes de Educación indicaron ayer que desconocían la situación concreta de este centro, aunque apuntaron que a principios de enero se liquidó la deuda global que se arrastraba relativa a transporte escolar del año pasado.

“La situación es límite”, comenta la presidenta de la asociación de padres

No es que el resto de colegios valencianos esté mucho mejor que el Sant Cristòfol de Sagunto. Es fácil encontrar carteles en las fachadas de centros públicos o concertados con pancartas denunciando los impagos de la Administración valenciana. Por no hablar de otros sectores como los proveedores sanitarios o las farmacias, que han vuelto a amenazar con cierres después de que la Generalitat haya incumplido el calendario de pagos que pactó para liquidar su deuda.

Pero en el caso de Sant Cristòfol, sus alumnos sufren el problema de liquidez de la Administración de forma corregida y aumentada por las características peculiares del colegio. El transporte y la comida son dos aspectos básicos para la buena marcha del centro. “Su mal funcionamiento es sinónimo de problemas y de una grave crisis de las condiciones educativas”, explica el jefe de estudios, Xavier Martínez. Por ello la Generalitat corre con el coste íntegro de transporte y comedor de todos los alumnos.

Buena parte de los niños y adolescentes tienen importantes problemas de movilidad derivados de las patologías que sufren. Como el centro es intercomarcal, hay alumnos que viven a 30 kilómetros del colegio, una distancia que sortean gracias al servicio de transporte, en parte adaptado. Pero, además, no es extraño que los escolares tengan necesidades especiales para comer. “Mi hija, que tiene 10 años, tiene una traqueotomía y se alimenta a través de una sonda gástrica, por ejemplo”, explica María.

Las empresas están
asumiendo el servicio
sin cobrar de la Generalitat

De momento, como apuntan desde el colegio y la asociación de padres, las empresas están asumiendo el servicio sin cobrarlo. Pero temen que cuando agoten su colchón financiero dejen de hacerlo.

Ello supondría que muchos niños se quedaran sin clase. “En un colegio ordinario sería distinto. Pero en nuestro caso, mucha gente no podría traer y llevar a los niños cuatro veces al día, o alimentarlos en el colegio”, comanta Paula, madre de Eva, de 12 años, que tiene el síndrome de Angelman, enfermedad que provoca un retraso en el desarrollo.

Virginia no quiere ni pensar lo que supondría para los escolares abandonar las aulas. “El colegio es un tesoro. Los profesionales se dejan la piel con los niños, les sacan todo su potencial y están muy bien atendidos; por no hablar del salvavidas que supone para las familias”, añade Virginia.

Ruth, la madre de la pequeña Francina, insiste en ello. “Mi hija [padece agenesia del cuerpo calloso, una malformación cerebral] tiene tres años, es la más pequeña y ha adelantado un montón. Ya ha empezado a andar y está intentando decir cosas”.

La protesta de ayer contó con el apoyo de las plataformas en defensa de la educación pública de la comarca. Además de llamar la atención por lo que podría pasar si se suspende el transporte o la comida en el colegio, las entidades convocantes alertaron de lo que sucedería si los impagos se extienden. Por ello, pidieron a los asistentes que acudieran a la protesta con productos de limpieza básicos. Una gran pila de desinfectantes, guantes de látex, rollos de papel de cocina o higiénicos presidía el acto.