"Este es el primer día del resto de mi vida"

Regresará al Centro de Estudios Políticos y Constitucionales tras dirigir la Fundación Carolina

Conde: "Voy a echar de menos a toda América". / CLAUDIO ÁLVAREZ

Cuando dejó la política activa, el exministro socialista Carlos Solchaga dijo que era el primer día del resto de su vida. Ahora lo dice Rosa Conde, su correligionaria, que también fue ministra y que hasta el martes último fue directora de la Fundación Carolina: “Hoy es el primer día del resto de mi vida”.

Nos encontramos ante un cruasán, unos panes de molde, un poco de mantequilla y un zumo de naranja al que le dio algunos tímidos sorbos. “Es que yo a la comida le presto poca atención, me gusta más lo que hay alrededor, la mirada de la gente, la conversación”. Pero se comió dos cruasanes. Hablando.

Se ha estrenado leyendo. “Mi hijo se reía ayer. ‘¡Pero si ya leíste El gran Gatsby!’. Pero yo quería leer otra vez ese libro exquisito, inaugurar con él una etapa de mi vida”. Fue a la librería; se llevó esa novela de Scott Fitzgerald y se compró “una edición preciosa” de La Peste de Camus... Ahora es la reina de su tiempo. Desde hace muchos años es política a tiempo completo. “Ocho años en la Moncloa, con Felipe González, ocho años en el Parlamento, algunos en la oposición, ocho años en la Fundación Carolina...”. Y ahora empieza a trabajar de funcionaria (“es que yo soy funcionaria”) en el Centro de Estudios Políticos y Constitucionales. “Ahí he pedido seguir trabajando con asuntos de América Latina”. Está feliz, la han recibido bien. “Y en la Fundación Carolina me han despedido bien”.

En los ocho años en que ha estado al frente de la fundación esta rondeña recriada en Linares ha hecho 15 idas y vueltas a América al año, lo que suma 120 viajes en todo este tiempo. “A toda América. Es lo que voy a echar de menos. La fundación es el engranaje perfecto para que España, la marca España, tenga presencia de ida y vuelta”.

La política vuelve a su funcionariado tras dirigir la Fundación Carolina

Liberada, pues, y también cansada, “pues han sido tres meses de traspaso” que han incluido alguna comedia de enredo. Ella trabajaba, en el traspaso, con Ricardo Cospedal, hermano de la presidenta de Castilla La Mancha, que ya era el director in pectore. “Nos reunimos muchas veces en este tiempo con mi equipo y él se aprendió los temas”. Pero una mañana él le envió un SMS, ya no iba a ser el director. “Le había contado la institución”. El sustituto iba a ser otro, Jesús Andreu, “que estuvo a mis órdenes en la Moncloa, en tiempos de Felipe y ahora, mira por dónde, me sucede en el cargo...”. A ella le pilló por sorpresa la sustitución del que nunca fue nombrado. “Nadie me avisó, recibí tan solo su mensaje. Antes había llamado al ministerio. Pregunté si no era nombrado por lo que decía la prensa, y me dijeron que sí, con naturalidad. Es extraño, porque desde el principio se supo que quien venía era el hermano de la secretaria general del PP”.

Echará de menos los viajes “y echaré de menos a los becarios de la Carolina”. A lo largo de estos ocho años han sido premiados con becas de estudios en España 14.000 jóvenes de América que han estado haciendo estudios de posgrado en las más diversas universidades públicas españolas. “En tiempos de Aznar, que inauguró la Carolina, el intercambio se hacía sobre todo con universidades privadas y el alumnado provenía de las élites; en este tiempo nosotros nos fijamos en estudiantes de las clases medias y el mayor porcentaje de intercambio ha sido con universidades públicas”.

Esos becarios se siguen relacionando con la fundación “a través de una red que les permite asociarse, intercambiar experiencias, asistir a reuniones presenciales. “Es un capital humano de increíble potencia... Se lo comenté al ministro García Margallo, cuando me reuní con él. Continuará la Carolina, claro, pero ya me dijo que no hay dinero. De modo que la disminuirán, al menos al 50%. De hecho ya hay retraso en la convocatoria de las becas, que en otras épocas ya estaba hecho por estas fechas...”.

Es el último día del resto de su vida, pero ella no puede ocultar que es el principio de una cierta nostalgia. No, no teme por el porvenir, “aunque el recorte será el recorte”. Pero la Carolina subsistirá, seguirá “la conversación con América”. También en torno a algunos de los elementos “más suculentos de su gastronomía, como la cocina mexicana, la peruana, la carne argentina”. Ella es más de té, “o de pisco, o de margarita”, porque para ella comer “es solo una manera de escuchar a los otros, y eso es tan fácil con los americanos, la conversación con ellos es tan cercana. Eso y el contacto con los jóvenes fue lo que más feliz me hizo en la Carolina”.

 

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