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Molinos en el fondo del mar

Iberdrola impulsa en Escocia una planta pionera de hélices submarinas

El proyecto trata de determinar si esta energía es competitiva

Uno de los molinos del parque eólico marino de las Orcadas.
Uno de los molinos del parque eólico marino de las Orcadas.

En el archipiélago de las Orcadas (extremo norte de Escocia), varias compañías europeas están aprovechando las instalaciones del Centro Europeo de Energía Marina para comprobar la eficacia de distintas técnicas para obtener energía de las mareas o de las olas marinas. El proyecto que la española Iberdrola ha puesto en marcha a través de su filial Scottish Power está ya listo para dar el salto: crear un parque de hélices submarinas con una potencia de 10 megavatios capaces de abastecer 5.000 hogares.

El prototipo de Scottish Power Renewables está sumergido al suroeste de la isla de Eday, “una zona perfecta porque las corrientes son muy fuertes, hay poca distancia entre las islas y la profundidad es muy buena: unos 45 metros”, explica Alan Mortimer, jefe de Innovación de Scottish Power Renewables.

Aunque no se han cumplido los agoreros pronósticos de fuerte lluvia y el sol alterna con las nubes, el día es frío y muy ventoso en Eday, lo que impide que desde el barco que recorre la bahía se pueda sumergir uno de los robots utilizados en la construcción y mantenimiento de la turbina y la hélice, que iba a transmitir imágenes en vivo del prototipo.

El prototipo es una turbina Hemmerfest HS1000 fabricada en Noruega por esta compañía, participada por Iberdrola. Con una base de 20 metros, a los que hay que añadir los 10 metros que mide el radio de la hélice, los 45 metros de profundidad a los que está instalada la turbina son ideales para aprovechar las fuertes mareas de este corredor marino, el Fall of Warness.

Mutriku, en la carrera marina

R. M. | Madrid

El mar es una fuente inagotable de energía. Empresas de medio mundo estudian cómo aprovechar la energía de las mareas, las olas y las corrientes. Hay todo tipo de dispositivos en estudio: especies de almejas enormes que se abren y se cierran con el movimiento de las corrientes, tubos flexibles que se mueven con las olas y comprimen aire... Como ocurrió con la eólica hasta que se llegó al modelo de tres aspas, hay mucha investigación para bajar el coste de la electricidad.

En la carrera destacan Escocia y el País Vasco, que han diseñado centros para ofrecer a las empresas un banco de pruebas de los dispositivos. En el nuevo muelle de Mutriku (Gipúzcoa) hay una central de investigación con capital público ya conectada a la red. Con la marea, el agua entra en un émbolo, comprime el aire y se mueve una turbina. Al retirarse la marea, el aire es succionado y vuelve a mover la turbina. El mecanismo no puede ser más sencillo.

La Universidad de Cantabria estudió, además, para el Instituto para la Diversificación y el Ahorro de la Energía el potencial de las olas en España. Galicia, Cantabria y Canarias eran las comunidades con más posibilidades.

España tampoco ha desarrollado todavía la energía eólica marina. La geografía no ayuda, ya que la Península apenas tiene plataforma continental, con lo que la profundidad del mar crece muy cerca de la costa. Además, en España el poderoso sector turístico pone muchos reparos a estos proyectos frente al litoral. Por razones obvias, eso no ocurre en las aguas de Escocia.

Tras el éxito del periodo de pruebas, el Gobierno escocés ha autorizado la instalación de una decena de turbinas semejantes varios cientos de kilómetros al suroeste, entre las islas de Islay (famosa por su whisky de fuertes aromas ahumados) y Jura (que produce un whisky más suave pero tiene el valor añadido de que George Orwell eligió sus parajes casi deshabitados para aislarse y escribir su obra cumbre, 1984).

Ese proyecto, considerado en este momento el más grande del mundo, será una prueba de fuego para calibrar la eficiencia de la energía de las mareas. Si funciona, Iberdrola y otras empresas podrían impulsar un proyecto mucho más ambicioso para generar 1.600 megavatios (la potencia equivalente a un reactor nuclear y medio) en Pentland Firth, el estrecho que separa las Orcadas de tierra firme.

La energía de las mareas no es absolutamente nueva. Ya la probaron los franceses en los años sesenta mediante el sistema de crear barreras marítimas a modo de presas. “Pero el sistema de barreras es ecológicamente más complicado porque afecta a la vida marina y la de los pájaros”, explica Mortimer.

“Lo que queremos es saber si esta energía es competitiva y eso depende del rendimiento que ofrezca, de los costes que genere y de cuál sea la situación de sus competidores, por ejemplo los precios del petróleo”, explica Álvaro Martínez, responsable de operaciones off-shore de Energías Renovables de Iberdrola.

“El mantenimiento es uno de los retos, porque al estar sumergidas, el acceso a las turbinas es difícil. El plan es que estén en funcionamiento cinco años y luego se lleven a tierra para hacer un repaso y volver a instalarlas”, añade. Martínez rehúye hablar de costes y rentabilidades. “Es difícil”, se excusa.

En Eday se están probando media docena de sistemas para aprovechar las mareas. “Aquella boya es la de nuestro sistema”, señala Martínez desde el bote. “La estructura que se ve un poco más allá es de una empresa francesa que utiliza un sistema diferente. La nuestra es una hélice parecida a la de los molinos de energía eólica, que permanece fija en el suelo marino. La de ellos se parece más a la hélice de un barco y se sustenta entre dos pilares que asoman 40 metros por encima de la superficie”, explica.

“Eso tiene la ventaja de que permite hacer el mantenimiento cuando se quiere y sin necesidad de llevarla a tierra. Pero tiene varios problemas: es más caro porque los pilares se han de construir a mucha profundidad en el suelo marino, puede generar rechazo porque la estructura es visible en la superficie y además obliga a los barcos a navegar a una distancia de más de 20 metros de la estructura. La nuestra no se ve y no obstaculiza la navegación porque está varios metros bajo la superficie del mar”, asegura.

Iberdrola ha apostado fuerte por las energías renovables. “Creo que la eólica ya es comercial. Esta está en fase experimental. La ventaja respecto a la eólica es la previsibilidad: no sabes cuándo soplará el viento ni a qué velocidad, pero sí sabes cuándo son las mareas y cómo son, lo que te permite optimizar el diseño y adaptarlo a la zona en la que se va a instalar la hélice. Eso, por ejemplo, tampoco ocurre con la energía de las olas”.