Las tareas del hogar son buenas para prevenir el alzhéimer

Los mayores sedentarios tienen el doble de probabilidades de sufrir la enfermedad

Realizar tareas domésticas de forma frecuente como fregar los platos, andar a paso lento por los pasillos de casa o cocinar disminuye el riesgo de padecer alzhéimer incluso en las personas de 80 años. Esta es la principal conclusión a la que llega un estudio elaborado en Chicago y publicado en la revista Neurology. “Lo más innovador de esta investigación es que registra por primera vez datos objetivos del efecto real que tiene ejecutar diariamente las labores del hogar sobre esta enfermedad degenerativa”, explica vía telefónica Aron Buchman uno de los autores de la investigación y profesor adjunto del departamento de neurología de la Universidad Rush en el Estado de Illinois.

El estudio denominado Rush Memory and Aging Project midió de forma empírica el ejercicio cotidiano que realizaban 716 participantes de edad avanzada (con una media de 82 años) sin demencia durante 10 días. “Las 24 horas”, subraya el profesor. Todos los sujetos habían pasado previamente un chequeo médico y su nivel de cognición -calidad y desarrollo del pensamiento- había sido evaluado mediante una veintena de cuestionarios.

A todos los participantes se les puso un detector de movimiento en la muñeca durante el desarrollo de la investigación. "Exactamente, un actígrafo -instrumento que registra los cambios de actividad y que proporciona un registro gráfico-. Este mecanismo mide la intensidad de las tareas pero no diferencia entre cortar cebolla, andar a paso lento o estar pedaleando en una bicicleta en el gimnasio del barrio”, dice Buchman.

Los resultados del documento concluyeron que las personas que hacían menos actividades a lo largo del día tenían el doble de probabilidades de padecer alzhéimer. Durante los cuatro años de seguimiento tras la prueba empírica, a un 10% de los sujetos se le diagnosticó esta enfermedad.

Este profesor y sus colegas también midieron la intensidad con la que los participantes realizaban este tipo de tareas; estudiaron si esta se producía de forma constante a lo largo del día o a intervalos. Los hallazgos mostraron que las personas cuya actividad era menos constante tenían casi tres veces más riesgo de desarrollar este trastorno.

Se estima que en Estados Unidos 5,4 millones de personas padecen alzhéimer, según datos de la Asociación Nacional dedicada a esta patología. Esta enfermedad afecta directamente a las funciones cerebrales y entre sus síntomas más comunes están la pérdida de memoria y el empeoramiento de la capacidad de pensar. El deterioro suele ser lento y gradual. En la actualidad, esta afección no tiene cura. Varios estudios recientes ya habían constatado que practicar ejercicio físico como nadar o correr era beneficioso para reducir el riesgo de padecer este mal.

La mayoría de las personas ancianas que padecen esta enfermedad viven en sus casas, prosigue Buchman, y “muchas de ellas no pueden acudir al gimnasio o a la piscina pero sí que pueden ocuparse de las tareas del hogar”. Según este estudio, el simple movimiento favorece que músculos como el corazón se activen, y este hecho tiene un efecto positivo sobre el cerebro. “Se estimulan las células y favorece que la capacidad cognitiva se estabilice”, puntualiza Buchman.

Los autores aseguran que este tipo de actividades domésticas son saludables, aunque también sugieren que la práctica de deporte "puede ser incluso mejor". “Una cosa no quita la otra. Si una persona es capaz de hacer ejercicio moderado que lo haga, sin ninguna duda. Pero ahora sabemos, además, que hacer las tareas domésticas diariamente tiene un efecto positivo en relación a esta enfermedad degenerativa”, continúa el experto.

Estas conclusiones muestran una asociación pero no establecen que la actividad física prevenga directamente la enfermedad de alzhéimer. Las medidas tomadas antes de la evaluación tampoco determinan que la demencia diagnosticada en edades tempranas se deba a la falta de práctica de ejercicio. Además, los actígrafos no proporcionan información suficiente sobre qué tipo de labores son más beneficiosas que otras para reducir el riesgo de padecer esta enfermedad. “Está claro que nos queda mucho trabajo, pero con este estudio hemos dado un gran paso”, concluye Buchman.

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