El juicio a Krahe se convierte en alegato por la libertad de creación

El mundo de la cultura arropa al artista en el primer juicio por “escarnio” de la religión

La fiscalía no ve delito en el vídeo de 1977 en que cocinaba un crucifijo

El cantautor dice que si es condenado se exiliará en Francia

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El cantautor Javier Krahe, durante el juicio. EFE

No estaba solo. Javier Krahe se sentó en el banquillo por blasfemia, un delito por el que no se había juzgado a nadie desde que se escribió, en el artículo 525 del Código Penal reformado en 1995, bajo el nombre de “ofensa a los sentimientos de los miembros de una confesión religiosa” y “escarnio de dogmas, creencias o ritos”. El mundo de la cultura arropó al cantautor y artista en un proceso que muchos de sus compañeros denunciaron como “predemocrático”. “Quizá sea momento de hacer desaparecer el artículo 525”, declaró Montserrat Fernández Villa, que era directora del programa Lo + Plus, la otra persona acusada por una irreverente vídeo casero grabado por Krahe y otras personas en 1977 y emitido en 2004 en el programa de Canal +.

En el juicio, que quedó visto para sentencia tras una vista oral de cerca de dos horas, la fiscal dijo que no formulará acusación, porque no ve delito en ese vídeo, aunque pueda considerarse entran en conflicto la libertad de expresión y el sentimiento religioso. En ese cortometraje, Krahe enseña a cocinar un Cristo crucificado. Aquella cinta “se rodó entre varios” y se hizo “para proyectar en la pared de casa o de algún amigo”, dijo Krahe durante la vista, negando que estuviera destinada a difundirse públicamente. “Yo tenía la cámara, no sé si todo el rato. La idea era improvisar”, ha añadido el artista, que supo que estas imágenes se habían incluido en la película Esta no es la vida privada de Javier Krahe “cuando ya estaba hecha”.

A la entrada del Juzgado de lo Penal número 8 de Madrid, Krahe (Madrid, 1944) declaró que, si le condenan, se exiliará a Francia. “No me han entendido”, dijo el autor de Cuervo ingenuo, quien añadió que seguirá “haciendo canciones a la Iglesia”, pero menos que sobre las mujeres.

A algunos de los asistentes el juicio les recordaba los tiempos de la Inquisición. Otros lo situaban en la época preconstitucional. El cantautor recibió un caluroso aplauso de compañeros y amigos como Joaquín Trincado, realizador de la cinta por la que Krahe es juzgado; el compositor y cantante Pancho Varona; y los humoristas Pepín Tre y el Gran Wyoming, entre otros. También ha estado arropado por unas 40 personas en la sala en la que se ha celebrado el juicio, como el nuevo responsable de la SGAE, Anton Reixa, o el cantante Miguel Ríos. Este último ha considerado “peligroso” el mismo juicio y la “parafernalia tan costosa” que acarrea. “Nos estamos retrotrayendo a tiempos predemocráticos. Está la libertad de no ver un programa pero también la de hacer una creación diferente”. En la misma línea, el cineasta Álex de la Iglesia ha tachado de “lamentable” todo el proceso. “Krahe es un grandísimo poeta y un enorme músico y no se merece ni que admitan a trámite una cosa así”.

Entre los que fueron a arropar a Krahe figura el cómico y autor teatral Leo Bassi, quien en su día fue querellado por grupos católicos por uno de sus irreverentes montajes en la Universidad de Valladolid. El Tribunal Supremo ordenó el pasado marzo el archivo del caso. El proceso contra Bassi llevó a una recogida de firmas para derogar el artículo 525.

Mientras que el Centro Jurídico Tomás Moro, cuyo presidente encabezó el proceso contra Krahe, ha recibido el jucio como “una verdadera victoria en defensa de la libertad religiosa, por cuanto supone la primera vez que se aplica el artículo 525 del Código Penal”, los abogados de los acusados han confiado en que este sea el último juicio que se celebre en España por motivos religiosos y han calificado el caso de esperpento. “Se ha demostrado”, declaraba el letrado José Manuel López Campos tras la vista, que “no ha habido actuación reprochable”.

El abogado que representa al presidente del Centro Jurídico Tomás Moro ha reclamado que se le imponga el pago de 400 euros diarios a Krahe durante 12 meses y la misma cantidad a lo largo de 9 meses a Fernández Villa. La acusación ha centrado su argumentación en el “escarnio público” que produjo la emisión en televisión de unas imágenes en las que una voz en off narraba los pasos para cocinar al horno un Cristo crucificado untado con mantequilla y sobre un lecho de patatas y cebollas. Se trata de “un delito de libro” ya que los perjudicados son multitud.

“No hay nada tan vago como un sentimiento religioso”, replicó Endika Zulueta, abogado de Krahe y Fernández Villa, que ironizó con la posibilidad de que, llevado al absurdo, “alguien pudiera pensar que el espagueti es un símbolo religioso” y acusó a la entidad denunciante de pretender imponer el “pensamiento único”.

José Miguel Monzón, el Gran Wyoming, que compareció como testigo, admitió que formaba parte del equipo que rodó la película sobre Krahe. Pero negó que el cantautor supiera que se fueran a emitir las polémicas imágenes sobre el crucifijo. Fernández Villa dijo que tomó la decisión de emitir el vídeo no con el propósito de ofender sino porque pensó “que podría tener interés para los espectadores”.

A raíz de emisión del vídeo en Canal + el 14 de diciembre de 2004, el presidente del  Centro Jurídico Tomás Moro interpuso una querella por un supuesto delito de ofensa a los sentimientos religiosos. Un juzgado de Colmenar Viejo (Madrid) impuso una fianza de 192.000 euros a Krahe y de 144.000 a Monserrat Fernández Villa, productora del programa, ya desaparecido.

“Calcúlese un Cristo ya macilento para dos personas. Se le extraen las alcayatas y se le separa de la cruz, que dejaremos aparte. Se desencostra con agua tibia y se seca cuidadosamente”. Así empieza el corto, en el que una voz en off va explicando paso a paso la receta para cocinar un Cristo, aderezado con mantequilla y hierbas aromáticas. Tras meter la fuente de cristal dentro del horno, “se deja tres días y sale solo”, concluye.

Krahe asiste incrédulo a un proceso que considera “absurdo”. “Se me acusa”, ha dicho en declaraciones a este periódico, “de una serie de cosas que no he hecho. Yo no he salido en televisión cocinando un Cristo, ni aparezco en las imágenes ni las he exhibido, no tengo mano en televisión. Proceden de una película que se hizo sobre mí, pero con la que no tengo nada que ver”.

Las imágenes de la polémica forman parte de 10 comentarios, una obra de Krahe y Seseña, y aparecían en la película Esta no es la vida privada de Javier Krahe, con la que se ilustró la entrevista emitida en el programa de televisión.

En vísperas del juicio, representantes del mundo de la cultura se movilizaron para abanderar una campaña en favor del cantautor. “La Iglesia católica es una institución muy importante por su poder económico y su influencia en la moral, en la educación y, en definitiva, en la vida de millones de personas. Por eso mismo está sujeta a crítica. Faltaría más”, exponen en una carta firmada por Miguel Tomás-Valiente y por otras 53 personas, entre las que se encuentran cantantes, cineastas y actores como Víctor Manuel, Santiago Segura, Pablo Carbonell, Arturo Valls, Javier López de Guereña, Fernando Anguita, Yolanda García Serrano, Patricia Camacho, Pepe Viyuela, Ramón Alpuente, Rosa Tovar y Andreas Prittwitz.

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