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Cañete pide a la UE que acabe con la moratoria de nuevos transgénicos

El ministro afirma que se oponen a la biotecnología "quienes sustituyen la ciencia por la ideología"

Acción de ecologistas contra un campo de transgénicos en 2004 en Lleida.
Acción de ecologistas contra un campo de transgénicos en 2004 en Lleida.

El ministro de Agricultura, Alimentación y Medio Ambiente, Miguel Arias Cañete, ha pronunciado un convencido alegado a favor de los alimentos transgénicos ante un grupo de expertos en la materia. Cañete ha afirmado que solo se oponen a la biotecnología "quienes sustituyen la ciencia por la ideología" y ha pedido que "el bloqueo de facto de la UE termine cuanto antes". Cañete reafirma así la tradicional postura española a favor de los transgénicos, pero lo hace con una declaración pública poco habitual por lo sincera.

En una jornada organizada en Madrid por la Real Academia de Ingeniería, Cañete ha señalado que la seguridad alimentaria es clave en un contexto de aumento de la población mundial, creciente demanda de alimentos y cambio climático -"una amenaza cada vez más patente"-. Ante esa situación, el ministro ha asegurado que los países desarrollados, donde apenas hay capacidad de aumentar la tierra dedicada al cultivo, deben apostar por una "intensificación sostenible de la producción agrícola". Y para eso los transgénicos juegan un papel clave: "No podemos dar la espalda a la tecnología (...) La biotecnología, a través de los Organismos Modificados Genéticamente, debe formar parte de la solución".

Cañete ha reconocido que el tema "es controvertido en la UE" y que Europa se retrasa en "un mundo globalizado que ha adoptado estos recursos sin complejos". Según él, el uso del maíz modificado genéticamente contra la plaga del taladro en España (en el valle del Ebro, principalmente) ha permitido reducir el uso de productos químicos y de agua. Ese es el argumento utilizado por el Gobierno en una respuesta parlamentaria para defender que "el maíz transgénico es más respetuoso con el medio ambiente que el convencional".

En Europa, España juega un papel de apoyo a esta tecnología (los cables diplomáticos de EE UU obtenidos por Wikileaks muestran la importancia que da Washington al papel de Madrid). Cañete ha pedido que los agricultores europeos puedan competir "en igualdad de condiciones" con los de los emergentes, que sí adoptan los transgénicos, y ha recordado que la ingeniería genética está "claramente aceptada cuando se trata de la salud humana".

Desde que, en 1996, comenzaron a comercializarse, los transgénicos están en 29 países y ocupan un área un 25% mayor que la de Estados Unidos, según la ISAAA, una organización que se dedica a promover el uso de plantas modificadas genéticamente. Los países en desarrollo adoptaron la tecnología con retraso pero la superficie cultivada iguala ya que hay en los desarrollados. En cambio, el negocio de los transgénicos huye de Europa por el rechazo social.

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