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JORGE VAGO / Jefe científico de la misión ExoMars

“Es más difícil aterrizar en Marte que en la Luna, por la atmósfera”

Si se encontrasen indicios de vida en el planeta rojo, seguramente habría que traer muestras a la Tierra para analizarlas y confirmarlo

El descenso en el suelo de Marte, que el robot Curiosity de la NASA intentará el próximo lunes, es una pesadilla para los ingenieros, de puro complicado. “Es que es mucho más difícil aterrizar en Marte que en la Luna, porque el planeta tiene una atmósfera suficientemente densa que hay que tener en cuenta, mientras que en la Luna no”, explica Jorge Vago. Es el jefe científico de la misión ExoMars que prepara la Agencia Europea del Espacio (ESA) para enviar un todoterreno al planeta rojo. En la exploración planetaria, dice, lo menos complicado es colcoar un satélite en órbita de otro cuerpo celeste; poner un equipo en su superficie es muchísimo más difícil, y hacer que este se desplace, aún más. Desde el centro tecnológico de la ESA en Holanda (ESTEC), Vago explica (por conferencia telefónica) los retos de la exploración espacial con artefactos como el Curiosity, en cuya misión participan varios expertos que trabajan también en ExoMars.

Jorge Vago, Jefe científico de la misión ExoMars.
Jorge Vago, Jefe científico de la misión ExoMars.

Pregunta: En la exploración de Marte se usan satélites en órbita y vehículos de superficie. ¿Hacen falta las dos perspectivas?

Respuesta: Son diferentes. Los satélites en órbita permiten estudiar el planeta entero pero con baja resolución, mientras que si quieres ver detalles, como el origen geológico de una determinada región o si hay vida o no, necesitas ir al suelo. Pero orbitadores y vehículos de superficie se complementan.

P. ¿En algún momento se traerán muestras de Marte a la Tierra?

Ilustración del vehículo de la futura misión ExoMars, de la Agencia Europea del Espacio (ESA).
Ilustración del vehículo de la futura misión ExoMars, de la Agencia Europea del Espacio (ESA).

R. Para averiguar si hay vida…. Si encontrásemos pruebas haciendo análisis allí, seguramente serían controvertidas, así que creo que habrá que traer las muestras para hacer aqui todos los análisis pertinentes. Pero, para una misión así habrá que esperar aún: hará falta una fuerte inversión no solo por parte de EE UU, sino también de Europa y de Rusia.

P. ¿Por qué es tan difícil la maniobra de descenso que debe realizar el Mars Science Laboratory (MSL), con el Curiosity dentro, el próximo lunes?

R. Posarse en el suelo de Marte es más difícil que en la Luna porque el planeta tiene una atmósfera suficientemente densa (aunque menos que la Tierra) como para que tengas que tenerla en cuenta. En la Luna llegas al suelo directamente con retrocohetes. El MSL entrará en la atmósfera marciana a una velocidad de casi 30.000 kilómetros por hora y necesita, primero, un escudo térmico para protegerlo del calor que se genera por fricción. Cuando haya frenado hasta 1.500 kilómetros por hora, se tiene que desplegar el paracaídas, pero cuando éste se desprenda todavía irá a 300 kilómetros por hora y, si llega al suelo a esa velocidad el vehículo… esta frito. Así que después del paracaídas se usarán unos retrocohetes para terminar de frenar y, a ocho metros del suelo, entra en acción la grúa espacial, como si fuera un helicóptero que descuelga el Curiosity hasta el suelo.

P. ¿Por qué no se usan retrocohetes hasta el final?

R. Para evitar que los chorros supersónico de los retrocohetes levanten una enorme nube de polvo en el suelo, que es algo que los ingenieros del Curiosity quieren evitar a toda costa.

P. Los anteriores todoterreno llegaron al suelo de Marte envueltos en airbag y botando hasta detenerse.

R. Si, pero el Curiosity es mucho más masivo. Pesa casi una tonelada (unos 300 kilos en Marte, que tiene un tercio de la gravedad terrestre). Cuando se planteó la misión, se pensó en los airbag, pero se vio que con tanta masa tendrían que ser muy gruesos para no reventar al botar en el suelo y pesarían demasiado. Entonces desarrollaron esa cosa loca de la grúa pensando, además, en el futuro, porque es un sistema que nos permite depositar grandes masas en el suelo de Marte (como hará falta para una misión de traer muestras a la Tierra), mientras que el sistema de los airbag ya ha tocado techo.

P. ¿Qué sistema planean para el ExoMars europeo?

R. Para la primera fase, una cápsula de descenso en la superficie de Marte con una estación fija, que podríamos lanzar en 2016, usaríamos escudo térmico, paracaídas, luego retrocohetes (con radar) y al final se apagarín los retrocohetes a un metro del suelo y el aparato caería sobre una especie de esponja metálica que se deformaría y amortiguaría el golpe. Para el vehículo todoterreno posterior estamos ahora trabajando con los rusos y pensamos en un módulo que llega al suelo con patas (como los Viking de la NASA de lso años setena) y luego de él saldría el vehículo.

P. ¿Cómo se pueden probar en la Tierra todos estos equipos que luego tienen que funcionar en otro planeta?

R. Es imposible ensayar todo el sistema porque son planetas diferentes, pero ensayas por partes, simulando ciertos aspectos del descenso con helicópteros, por ejemplo. Se pueden hacer algunos test de paracaídas con globos en la atmósfera terrestres a unas decenas de kilómetros de altura, donde la densidad es similar a la de Marte.

P. ¿Qué características tienen que tener los instrumentos que se usan en estas misiones espaciales?

R. Pequeños y ligeros. Es como hacer la maleta para irte de vacaciones. La cuestión es cómo meter todo en poco sitio y que pese poco. En el Curiosity van instrumentos grandes, alguno hasta de 30 kilos, cuando en los rover anteriores el total de los equipos científicos era 13 kilos. Para ExoMars nosotros vamos a miniaturizar.

P. ¿Cuándo enviará la ESA un rover como estos de la NASA a Marte?

R. Con ExoMars estamos pendientes de la decisión que se tome en la próxima conferencia de ministros de los países miembros de la ESA, porque la misión está aprobada pero falta parte de la financiación. Contamos con 850 millones de euros y el coste total asciende a 1.200 millones.

 

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