REPORTAJE

El marfil, el último conflicto de África

Este material se ha convertido en un bien precioso,codiciado en China y en fuente de ingresos de muchos grupos armados del continente negro

República Democrática del Congo 4 SEP 2012 - 17:45 CET

Un grupo de guardabosques hallan a un elefante abatido / Tyler Hicks (The New York Times / Contacto)

Sin dar tregua durante los últimos 30 años de su vida a los cazadores furtivos, Paul Onyango nunca había visto algo similar. 22 elefantes muertos, entre ellos varias crías, se apiñaban en medio de un páramo de la sábana africana. Todos había sido ejecutados de un balazo en la cabeza.

En el lugar de la matanza no había huellas de los furtivos. No había trazos en el suelo de que los cazadores hubiesen estado siguiendo la manada. Solo quedaban rastros de cómo se había llevado a cabo la retirada de los colmillos en los elefantes, de una forma ajena a la habitual, ya que los furtivos no se habían llevado ni un trozo de carne de los animales para alimentarse después del atroz acto.

Varios días después, a principios de abril, en el Parque Nacional de Garamba, en Congo, varios guardias vieron un helicóptero militar ugandés sobrevolando en un vuelo no autorizado, pero tras ser detectado por los guardabosques dio la vuelta. Ahora los responsables del parque, los científicos que trabajan en la zona y las autoridades congoleñas están completamente seguros de que el ejército ugandés fue el responsable de la matanza de los 22 elefantes desde un helicóptero. Los autores se habrían embolsado más de un millón de dólares (más de 796.000 euros) tras la venta del marfil.

"Los tiros que tenían los elefantes eran de profesionales", comenta Onyango, jefe de los guardabosques de Garamba. "No tuvieron reparos en disparar a los más pequeños. No lo entiendo. Parecen que querían arrasar con todo lo que estaba a su paso".

África padece una masacre de elefantes. Los grupos conservacionistas dicen que los cazadores furtivos están acabando con decenas de miles de estos animales al año, más que en cualquier otro momento de las últimas dos décadas. El comercio de marfil está cada vez más militarizado.

Al igual que los diamantes de sangre de Sierra Leona, el marfil es, al parecer, el último recurso de los conflictos en África. Sacado fuera de las zonas de conflictos, puede convertirse en dinero fácil y ser el alimento de los futuros conflictos en el continente negro.

Algunos de los grupos armados de África, entre ellos el Ejército de Resistencia del Señor (LRA en sus siglas en inglés), el al-Shabab y milicias Janjaweed, en Darfur (Sudán del Sur), están cazando elefantes y utilizan los colmillos para comprar armas y mantener el caos en las zonas que controlan. Además, las redes de crimen organizados están vinculadas con ellas. Estas son las encargadas de vender el marfil en el comercio exterior, explotando las debilidades de los Estados fallidos, las fronteras porosas y pagando a los funcionarios corruptos desde África hasta China.

La gran mayoría del marfil ilegal - según los expertos el 70 %- está fluyendo a China, ya que desde hace siglos es un preciado bien. Además, el auge de la clase media en el gigante asiático ha conllevado que el precio de este material se haya disparado hasta alcanzar los 1.000 dólares (789 euros) en las calles de Beijing.

"Las enormes poblaciones de elefantes de África Occidental han desaparecido, y los del centro y el este se están yendo", comenta Andrew Dobson, ecologista de Princeton. "La pregunta es: ¿Quién quiere que sus hijos crezcan en un mundo sin elefantes?"

El parque nacional de Garamba es una hermosa espesura de color verde, unos 1.900 kilómetros cuadrados, enclavado en la esquina noreste del Congo. Con vastos pastos para los elefantes, con largos ríos y plantas de papiro. Fundada en 1938, Garamba es considerado como uno de los parques más espectaculares de África, el sueño de cualquier naturalista.

Pero hoy en día, es un campo de batalla, una carrera armamentística jugando por toda la sabana. Todas las mañanas, los pelotones de los guardabosques del parque salen con rifles de asalto, ametralladoras y granadas propulsadas por cohetes. Luis Arranz, el administrador del parque, quiere conseguir aviones no tripulados de vigilancia, y la organización que administra el parque está considerando la compra de gafas de visión nocturna, chalecos antibalas y camionetas con ametralladoras montadas.

"No negociamos, disparamos primero", cuenta Onyango, quién lleva más de 20 años dedicándose a la caza de furtivos. El pasado junio Onyango escuchó una ráfaga de disparos. Sus exploradores estuvieron durante horas esperando entre los matorrales a que apareciesen los furtivos. En el momento en que estos quisieron darle caza a los animales, los guardabosques abrieron fuego contra los cazadores.  

La investigación posterior demostró que los furtivos eran miembros del Ejército de Resistencia del Señor, un grupo de rebeldes que se mueve por el centro de África, matando a los aldeanos y esclavizando a los niños. Algunas tropas de operaciones especiales estadounidenses están ayudando a varios ejércitos africanos a dar caza a Joseph Kony, quien se cree que está oculto en un rincón remoto de la República Centroafricana.

Varios desertores del ejército de Kony han reconocido que se pide a los combatientes que abatan elefantes, y cuántos más, mejor. "Kony quiere marfil", declara una joven que fue secuestrada a principios de este año cerca de Garamba.  "Escuché a los rebeldes repetir muchas veces que tenían que conseguir marfil y enviarlo a Kony. "

Es bastante frecuente encontrarse a los soldados del Gobierno congoleño, que cobran menos de 100 dólares al mes, con colmillos y trozos de carne de elefante. Algunos incluso son boinas rojas la guardia de élite que protege al presidente.

De acuerdo con un informe escrito en 2010 por John Hart, un científico estadounidense y uno de los investigadores principales del elefante en el Congo, el "ejército congoleño está implicado en la caza furtiva de elefantes".

El coronel Félix Kulayigye, portavoz de las fuerzas armadas de Uganda, reconoció que el helicóptero de Garamba era uno de su flota. Sin embargo, negó que su Gobierno estuviese relacionado con la caza furtiva. Era un "rumor sin fundamento", dijo. Sabía "con certeza" que los miembros del Ejército de Resistencia del Señor eran "conocidos"  por ser cazadores furtivos en esa zona.

© 2012 New York Times News Service

 

 


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