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Cuantas menos becas, más tarteras

Cataluña, Madrid y Comunidad Valenciana anticipan un debate que pronto se puede extender

Las familias reclaman un fondo extraordinario para ayudas

Alumnos del instituto Ausiàs March portan tarteras para el almuerzo.
Alumnos del instituto Ausiàs March portan tarteras para el almuerzo. EL PAÍS

Siempre se ha visto alguna tartera en los comedores escolares, por algún padre que no quería delegar la dieta de su hijo, por alergias alimentarias... Pero hoy su presencia está aumentando (aunque no hay cifras de cuánto) porque la situación económica de las familias se deteriora mientras muchas comunidades reducen las ayudas, entre un 30% y un 50%, según las federaciones mayoritarias de padres. Los representantes de estas en la pública (Ceapa) y en la concertada (Concapa) lanzaron la semana pasada un grito de auxilio al Gobierno, al que reclaman una partida extraordinaria para becas de comedor y para un banco de libros de texto.

Estos libros representan un gasto importante a principio de curso (unos 210 euros por alumno de primaria, calcula la OCU), pero el comedor escolar son unos 100 al mes durante todo el año. Jesús María Sánchez, presidente de Ceapa, señala que durante septiembre los padres solicitan las ayudas y los centros las tramitan, así que será el mes que viene, cuando se otorguen (o no) y se empiece a conocer la verdadera dimensión del fenómeno del táper, que no es solo un problema educativo, sino social y de salud. “En el caso de los niños más pobres la comida que hacen en la escuela puede ser la única que hagan en todo el día”, advierte Pere Farriol, presidente de Fapaes, la federación de padres de secundaria de Cataluña.

Esta fue la comunidad que abrió el melón de las fiambreras. Su presencia en las escuelas no ha hecho más que crecer en los últimos años, apunta Farriol. Su entidad forzó a la Generalitat a poner orden después de detectar que en una veintena de institutos, especialmente en las zonas rurales, los alumnos comían de fiambrera: las familias no podían ya afrontar los 150 euros mensuales que de media cuesta el comedor escolar en Cataluña (es la segunda comunidad con el precio del menú más caro: 6,2 euros diarios). El año pasado, el presupuesto para becas de comedor de la Generalitat se redujo en dos millones de euros (para este año se ha mantenido).

Los directores de colegio madrileños piden cobrar por la fiambrera 3,8 euros

En el instituto La Garrotxa, en Olot (Girona), el curso pasado media decena de alumnos llevaban la comida de casa, igual que muchos profesores, así que la escuela cuenta con microondas. Entonces, las familias no pagaban nada. Este año, en cambio, con la regulación de la Generalitat (ha hecho un protocolo para establecer unas condiciones de higiene y sanitarias básicas), tendrán que pagar 0,75 euros diarios. En el Ausiàs March, en la zona alta de Barcelona, han pasado en dos cursos de 10 a 40 alumnos que llevan la tartera. En este centro pagan hasta 75 euros mensuales por los monitores y la limpieza. En Cataluña, el táper está en los institutos de secundaria, de hecho, en el 30%, aunque el Gobierno está dispuesto a probar en primaria.

En la Comunidad Valenciana, sin embargo, la cuestión sí afecta a la primaria, pero en los centros hay una gran incertidumbre. “Yo no sé si el táper es legal o no. Si Sanidad lo permitirá o no; si las familias tendrán que pagar algo. Porque, de momento solamente hay una frase en la que dice que el consejo escolar será quien decidirá si se admite la entrada de alimentos o no en el centro”, se queja Ginés Pérez, director del colegio público El Campello de Alicante.

Este centro tiene 620 alumnos, de los cuales un porcentaje alto reside en las urbanizaciones que han florecido en la Costa Blanca en la última década. De ellos, 175 se ha quedado sin transporte escolar y, por tanto, sin beca de comedor, por el cambio de los criterios de distancia al centro para acceder a una ayuda de desplazamiento que da automáticamente la de la comida. El 75% de los alumnos que el año pasado tenían esta ayuda la perderán, según la federación de padres Gabriel Miró.

Los padres advierten del impacto en los alumnos con menos recurso

Esto ha provocado una gran polémica a la que el viernes pasado la Generalitat valenciana salió al paso anunciando que pagará 1,45 euros por alumno que lleve táper para pagar por los cuidadores. Sin embargo, sigue sin haber normativa alguna al respecto.

Algunas comunidades aseguran que no prevén problemas de táper. Por ejemplo, en Andalucía, donde se ha mantenido el precio del comedor de los últimos cuatro cursos (4,5 euros al día) y las bonificaciones: el año pasado el 47% de los usuarios lo usaron gratis y otro 30% con descuentos.

En Madrid, sin embargo, el debate de la tartera está en el punto álgido. El consejo de directores de los colegios públicos ha recomendado que los alumnos paguen hasta 3,80 euros (uno menos que por el menú) por llevar la tartera. Además, recomiendan que los padres eximan por carta a los centros de responsabilidades higiénico-sanitarias. La FAPA Giner de los Ríos, representante mayoritaria de las familias de la pública, se opone y pide a la Consejería de Educación que fije unas normas iguales para todos. Esta ha dejado la responsabilidad en los consejos escolares tras recortar más de 10 millones en las ayudas al comedor, que quedarán en “entre 16 y 18 millones”, según sus estimaciones.

Con información de Neus Caballer (Valencia), Manuel Planelles (Sevilla) y J. A. Aunión (Madrid)

 

 

Comer sano con el táper

Pilar Riobó

El hecho de que los escolares se lleven la comida de casa no tiene por qué ser negativo, si se eligen correctamente los alimentos. Les damos unas normas generales que les permitirá que su hijo lleve una alimentación adecuada. Lo primero a tener en cuenta son las condiciones de conservación. En caso de alimentos que requieran frío (como yogures) se puede meter una tableta de hielo para que los alimentos aguanten bien la mañana. Para poder llevar alimentos calientes y fríos hay tarteras que tienen varios compartimentos o también se pueden usar varios envases. Cuidado con los alimentos poco cocinados, (huevos, lácteos...), que tienen más riesgos por una inadecuada conservación.

Es fundamental que los niños desayunen adecuadamente, para que no lleguen con hambre al cole. Y, si es posible, en compañía de los padres. Los estudios científicos reflejan que los niños que desayunan adecuadamente tienen mejores hábitos nutricionales y menos tendencia a la obesidad. Algún día se puede recurrir a un bocadillo, pero no debiera ser la norma. Puede ser de un embutido bajo en grasas, o incluso de atún o caballa (proteínas de pescado), combinándolo con ensalada.

Como primer plato se puede incluir arroz, pasta, puré de verduras o ensalada. Otra buena opción en la época invernal son los platos de cuchara, como las legumbres, siempre que haya un microondas para calentarlos. Además de carbohidratos complejos y fibra, las legumbres aportan también las proteínas necesarias para el desarrollo de los niños, por lo que pueden ser un rico y nutritivo plato único.

Las carnes deben estar bien cocinadas, especialmente el pollo, para evitar problemas de proliferación de gérmenes. Es muy tentadora la opción de filetes o pescados empanados o rebozados, pues mantienen muy bien la calidad y el sabor, aún después de recalentados. Sin embargo, aportan más grasa, por lo que tampoco hay que abusar. La carne o el pollo guisados, con un poco de salsa, se conservan mejor después de recalentarlos. Se recomienda pescado, al menos una vez a la semana. Cuando se prepara rebozado se puede recalentar y se lo comen bien. Estos platos calientes, tras su confección, hay que dejarlos enfriar alrededor de una hora a temperatura ambiente, y posteriormente tapar de forma hermética y guardar en el frigorífico.

Como postre, frutas de temporada (un par de mandarinas, o una manzana) y una o dos veces por semana llevar un lácteo.

Pilar Riobó es médico especialista en Endocrinología y Nutrición. www.doctorariobo.com