Barcos amigos y enemigos

Los cetáceos comparten las aguas del Estrecho con 116.690 barcos cada año

Las empresas de avistamiento de ballenas y delfines se han convertido en sus aliados

Delfín saltando delante de un buque en el Estrecho de Gibraltar. / CIRCE

Cada año 70.000 turistas surcan las aguas del estrecho de Gibraltar a la búsqueda de las ballenas y delfines que navegan por esta Reserva de la Biosfera. No es difícil que se topen con el cachalote Champi, que año tras año regresa al mismo lugar del Estrecho, o con la orca Tania, una gran matriarca, o quizá con la orca macho Morales. Son viejos conocidos de las empresas dedicadas al avistamiento de cetáceos, una actividad que, en los últimos años se ha convertido, además de en motor económico de la zona, en aliada de la ciencia por los valiosos datos que aporta su continua observación in situ.

Las empresas de avistamiento de cetáceos llevan a 70.000 turistas cada temporada

Los animales comparten espacio con los 116.690 barcos que anualmente transitan por el Estrecho, punto de encuentro entre el Océano Atlántico y el Mar Mediterráneo. Un gran peligro para los de mayor tamaño: se estima que el 16% de los rorcuales comunes (el segundo mamífero más grande del mundo con sus 22 metros y 80 toneladas) del Mediterráneo mueren por impacto con embarcaciones. También para los calderones, los llamados durmientes, que descansan en la superficie durante el día. Existe una recomendación de la Marina Mercante para que los barcos bajen la velocidad a 13 nudos al pasar por determinadas zonas, pero al no ser vinculante se cumple o no.

Calderón común herido. / CIRCE

La situación es bien conocida por las empresas de avistamiento. "No solo es ese el peligro, también se enfrentan con la pesca deportiva o las embarcaciones de recreo que no respetan las normas e incluso les pasan por encima. Hay delfines y calderones con las aletas dañadas por este motivo", explica Ezequiel Andreu, responsable científico de Turmares, una de las empresas que nació con un fin comercial, pero que ahora utiliza sus barcos, además de para trasladar a los turistas, como plataforma para la investigación científica en colaboración con distintas entidades y con estudiantes universitarios de biología. “Salimos al mar constantemente y estamos al lado de los animales, por lo que podemos aportar nuestro granito de arena en cuanto a su conocimiento y en labores de divulgación”, indica Andreu. Los miembros de Turmares presentan los resultados de sus investigaciones en congresos científicos internacionales y españoles en materia de cetáceos.

El 16% de los rorcuales comunes del Mediterráneo muere por impacto con embarcaciones

En marzo empieza la temporada para los entre cinco y ocho barcos de las compañías de avistamiento de la zona. La campaña dura hasta principios de noviembre. En el Estrecho les esperan 250 delfines mulares, 1.800 comunes; y un número importante pero sin determinar de listados; 250 calderones comunes; 50 orcas y 60 cachalotes, según datos de Circe (Centro dedicado a la conservación, información y estudio de cetáceos). En cuanto a los rorcuales comunes se han producido 22 avistamientos desde las embarcaciones de Turmares de abril a septiembre.

“Medimos la interacción del hombre con los animales, porque es nuestro recurso y queremos explotarlo de manera sostenible”, asegura Andreu. Su empresa tiene tres embarcaciones, una de ellas dedicada a la investigación. Desde ella toman fotos de las aletas dorsales de los cetáceos, que tienen marcas naturales o heridas. “Son como su DNI y así sabemos de qué individuo se trata”. Así pueden determinar rutas migratorias, números de individuos de una población o qué impacto tiene el avistamiento de cetáceos en su comportamiento. “Es increíble contemplar la lucha entre la orca y los pescadores para arrebatarles el atún que han pescado. Hemos estudiado sus acústicas cuando se reúnen y patrullan, cuando se callan y luego atacan al subir los pescadores el atún”, relata.

Familia de orcas en el Estrecho de Gibraltar. / CIRCE

“Las probabilidades de divisar algún animal son muy altas porque la zona es relativamente pequeña. La distancia mínima entre Europa y África es de 14 kilómetros y hay una gran densidad de cetáceos”, explica Lourdes Isasa, presidenta de Whale Watch, empresa pionera en la organización de excursiones, que nació hace 15 años como asociación sin ánimo de lucro con la finalidad de proteger a los cetáceos. Y ahí sigue. "Cuando llegamos, las ballenas estaban como en una nebulosa. Hay que tener en cuenta que aquí se cazaron miles de ejemplares", relata. Este verano han trabajado con ellos estudiantes con becas Erasmus y Leonardo. “A lo largo de los años hemos recopilado muchos datos que pasamos a Circe o a investigadores. Yo diría que somos una base de conocimiento y divulgación, porque también trabajamos con escolares”, apunta Isasa.

Ahora las empresas de la zona se han unido en la Asociación de Avistadores de Cetáceos de Tarifa, Estrecho y Andalucía para “cooperar y diseñar el futuro” y además cuentan con un centro de interpretación de cetáceos en Tarifa que ya está construido y que está previsto empiece a funcionar en poco tiempo.

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