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EL DEBATE DE LA REFORMA EDUCATIVA / Opinión

La educación del siglo XIX en el siglo XXI

"La nueva ley de educación sigue sin ofrecer ninguna cultura económica básica"

Un nuevo Gobierno, una nueva reforma educativa. Esta viene siendo la tónica de las últimas legislaturas. No parece la mejor forma de construir un sistema educativo estable que ofrezca una buena solución a nuestros estudiantes.

Mi situación personal delante de esta nueva reforma no es nueva, y valga la redundancia. Una vez más, es la de perplejidad e incomprensión. Soy profesor de la especialidad de Economía en un centro público de educación secundaria en Barcelona. Aunque sin duda estoy influído por mi formación académica, considero que para entender el mundo que nos rodea es necesario saber cómo funciona una empresa o cómo crear la tuya propia. Como ciudadano, saber qué es un impuesto y su necesidad. Como trabajador, conocer la estructura de una nómina o las partes de un contrato laboral. O como consumidor, el funcionamiento de cosas tan “extrañas” como una tarjeta de crédito, una hipoteca, o qué es una “acción preferente”. Y yo pensaba que el sistema educativo iba a proporcionar estos conocimientos.

El motivo fue que cuando el Gobierno del PSOE promulgó la LOGSE en los noventa, creó la especialidad de Economía, manifestando su objetivo de dar una formación económica básica a todos los estudiantes. Paralelamente, contrató a profesores de Economía, que ya formamos parte de la plantilla de la mayoría de los centros educativos de España.

La LOGSE creó la especialidad de Economía pero no una materia obligatoria

Pero algo no encajaba con esta declaración: no se creó en ningún curso de la ESO ninguna materia específica de Economía. Los pocos conocimientos económicos que se transmitían seguían en Ciencias Sociales, o se impartían por el profesorado de Tecnología, que normalmente tiene una formación de ingeniero o arquitecto o químico o biólogo o geólogo...

Parecía un poco extraño. Los profesores de Economía pensamos que incluir esta materia en los planes de estudio de la ESO era una cuestión técnica, al igual que se había hecho con otras materias (como la Tecnología, la Religión o el Latín). Así que, ni cortos ni perezosos, emprendimos la tarea de recordarle al Ministerio de Educación que ya existíamos, que impartíamos una materia básica para cualquier ciudadano de hoy en día, la que tiene mayor demanda de todas las modalidades de bachillerato, y la que prepara para las carreras también con mayor demanda. Por todo ello, realizamos y seguimos realizando reuniones y más reuniones con muchos representantes del ministerio.

Y las respuestas siempre fueron buenas. Ni en una sola ocasión nos dijeron que nadie necesita entender cómo funciona un banco o que entender la acción de Gobierno es algo negativo, ni tampoco que es malo fomentar el espíritu emprendedor en la sociedad. Entonces pensamos: "Lo hemos logrado, les hemos podido explicar que cualquier ciudadano del siglo XXI necesitará estos conocimientos, y lo que es mejor: que ya tienen un profesorado que es capaz de impartirlos".

La población pide explicaciones a la subida del IVA, la amnistía fiscal, la reforma de las pensiones...

Por todo ello observamos la actual reforma con una gran perplejidad: tan solo a los alumnos de 4º de ESO que deseen seguir el itinerario de enseñanzas aplicadas, orientados al mercado de trabajo, se les va a ofrecer Iniciación Laboral. ¿Es que los demás alumnos no van ir a trabajar nunca? Y a los que deseen cursar el bachillerato social, el más demandado, ¿por qué no se les ofrece nada? Y en ese bachillerato social, que prepara para las carreras y ciclos formativos con mayor demanda en nuestra sociedad (los de contenido económico y de gestión) los alumnos deberán estudiar Literatura Universal. La Economía solo es una optativa (por primera vez desde 1995), que puede ofrecerse o no.

Al resto de estudiantes: nada. Nada de explicarles qué es una empresa, cómo funciona un banco, cómo funciona la política económica del Gobierno, cómo nos influye pertenecer al euro, o qué son los productos financieros (como las acciones preferentes) o la especulación económica (como la burbuja inmobiliaria).

¡Ay, perdón! Sí que hay algo: el “emprendimiento”, de forma “transversal” en todas las materias. Es decir: que los profesores de Lengua, Educación Física, Latín, Matemáticas, Dibujo, Música, Inglés traten el tema cuando puedan y donde puedan cuando impartan sus materias. Mientras, los profesores especialistas, los de Economía, impartirán otras asignaturas.

No entendemos qué ha pasado. En un contexto de crisis económica generalizada, cuando la población pide y demanda explicaciones a todos los cambios económicos que se producen en nuestro entorno (como la subida del IVA, la amnistía fiscal, la reforma de las pensiones o la de la ley laboral), llega una nueva reforma educativa y no hay ninguna materia en la ESO que dé respuesta a estas preguntas (por cierto: en toda Europa, ello solo ocurre en España, Portugal e Italia). No existe tampoco ninguna materia que oriente a los alumnos para el bachillerato con más demanda, y en este bachillerato, las materias de Economía que preparan para los ciclos formativos y carreras universitarias con más demanda también pierden peso.

Entonces nos preguntamos: ¿qué habrá detrás de este comportamiento del Ministerio de Educación, aparentemente inexplicable? No es fácil responder a esta pregunta. ¿Será mala fe? No, seguro que no, eso no tendría sentido. ¿Tal vez animadversión personal? Difícil de creer, porque, al fin y al cabo, no nos conocen a la mayoría. ¿Y si fuera un descuido? Sería preocupante, porque puedes tenerlo un día... ¡pero tantos descuidos durante tantos días, después de todas las reuniones que hemos mantenido! O, a lo mejor, quieren mantener a la población en la ignorancia para manipularles. No, en esa opción no queremos ni pensar.

Pero, entonces, ¿cómo se explica? ¿Es una historia para reír o para llorar? Sería cómica si no fuera dramática.

La nueva ley de educación sigue sin ofrecer ninguna cultura económica básica a nuestros estudiantes, que les permita conocer sus derechos y deberes, como empresarios, como trabajadores o como consumidores; en definitiva, como ciudadanos. Cuando pienso en ello, mi perplejidad inicial se transforma en rabia e impotencia. Si además pienso que no es una cuestión de dinero, porque el profesorado que podría impartir estos conocimientos ya existe, y que todos tenemos horas disponibles porque se nos mantiene impartiendo otras materias de las que no somos especialistas, esa rabia se convierte en frustración, porque creo que la educación debe dar una formación académica, pero también debe ofrecer una respuesta a las necesidades de la sociedad.

Carles Batlle es representante de la Confederación Estatal de Asociaciones de Profesorado de Economía en Secundaria (CEAPES).