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“La crisis, al menos, acabará con el exceso de diseño”

El arquitecto teme por Portugal: “¿Cuánto nos queda de vida?”.

El reconocimiento y el Premio Pritzker no han alterado el gesto amable, la tranquilidad ni las prioridades de un arquitecto como Eduardo Souto de Moura (Oporto, 1952). Sale del hotel y pide hablar sentados en un banco de la calle. “Así puedo fumar”. “La crisis, por lo menos, acabará con el exceso de diseño”, comenta cruzando el umbral del albergue. Souto de Moura enlaza anécdotas que ha vivido en propia piel fruto de ese abuso. Cuenta que un día tuvo que salir de la ducha y vestirse de nuevo, al ser incapaz de averiguar cómo accionar el grifo (era un pedal) o que alguna vez ha acabado por quitar la tarjeta de una habitación porque no lograba dar con la forma de apagar las luces. Sin proyectos en Portugal, la vida en los hoteles se ha convertido en su rutina. Se pasa el día viajando. “Y soy un privilegiado”, aclara.

En su país, 8.000 arquitectos han tenido que emigrar. “Su formación es buena y son bien recibidos. Están en Brasil o en las antiguas colonias. Y volverán distintos, enriquecidos, y de esa mezcla se enriquecerán las ciudades”, vaticina. No oculta, sin embargo, que está preocupado. Teme que Portugal termine por desaparecer. “La línea aérea portuguesa Tap es china. ¿Te imaginas entrar en un avión de Iberia y que te den comida china? La única cadena estatal también se ha privatizado”, se lamenta. “¿Cuánto nos queda de vida?”.

El Pritzker cuenta que su mujer le riñe cuando aparece en prensa hablando de problemas. Explica también que se queda hasta el final de los informativos y no consigue entender nada. “¿Por qué Hollande o Lula deciden no pagar la deuda y no pasa nada? ¿Saben los ciudadanos alemanes que sus bancos prestaron su dinero con usura a los nuestros? Hay alguien interesado en que no entendamos nada para poder continuar con esta economía inhumana”.

Premio Pritzker en 2011, celebra las protestas contra los especuladores

Con proyectos en Bruselas, China o Suiza, Souto advierte de que, harto de que empresarios con sueldos millonarios despidan en masa a trabajadores, ve a la gente recuperando valores reales y dejándose de tonterías. “La codicia de unos pocos quiere terminar con el gran logro de la clase media. Pero ojo. Hemos vuelto a entender que debemos luchar por lo que queremos. Veo en las calles motivación y unión en contra de los especuladores”, explica. También cuenta que su hija arquitecta —Eduarda Souto de Moura— está estudiando en Chile. “Allí eres o rico o pobre. No han alcanzado nuestro término medio, el que no podemos perder”, insiste.

Caminamos hasta el Círculo de Bellas Artes donde da una conferencia. Pide una Coca-Cola y se come un canapé. Va a hablar de ventanas. “Me obsesiona la tercera dimensión. Tan importante como la altura o el ancho es su profundidad. Un buen arquitecto, como Álvaro Siza o como Rafael Moneo, sabe hacer buenos agujeros en las fachadas. Eso trato de aprender”, explica. Y al mencionar a su maestro, saca del bolsillo un recorte del periódico Giornale de Noticias que lleva —en portada— la noticia de que Siza cerrará su estudio por falta de trabajo. “Es cierto que no lo tiene. Le duele mucho la espalda y no puede viajar”, se lamenta. “Todo el país se desmorona. ¿Cuánto vamos a durar?”.