El expolio del agua agravó el seísmo

La sobreexplotación del acuífero subterráneo para el regadío empeoró los efectos del terremoto de Lorca

En 50 años, su nivel ha bajado unos 250 metros

En ecología es frecuente la alusión a “la tragedia de los comunes”. Descrito en 1968 por el ecólogo Garrett Hardin en la revista Science, el dilema describe la situación en la que un grupo de personas movido por el interés personal esquilma un recurso compartido y limitado, algo que finalmente les perjudica a cada uno de ellos.

La teoría sirve para recursos naturales limitados, como la pesca, un lago o pastos comunales. En España se ha aplicado con frecuencia a acuíferos. Desde Daimiel al Levante, son pocas las zonas áridas que han conseguido explotar de forma sostenible el agua subterránea. Al dilema se le acaba de añadir un inesperado epílogo, ya que los científicos creen que la sobreexplotación del acuífero del Guadalentín empeoró los efectos del terremoto de Lorca de mayo de 2011.

Un estudio publicado en la revista científica Nature geoscience concluye que el seísmo, que dejó nueve muertos y destruyó barrios enteros de la ciudad, estuvo influido por la extracción excesiva de agua para riego desde el acuífero del Guadalentín. El estudio, en el que participan científicos españoles, relaciona por primera vez el hundimiento del terreno por la pérdida del acuífero con las características el seísmo.

“Parece que la extracción de agua controló las características del terremoto”, explicó este lunes por teléfono José Fernández, del Instituto de Geociencias, un centro mixto del CSIC y la Universidad Complutense de Madrid, y coautor del estudio. Esto no implica que el regadío estuviera en el origen —Lorca está en una zona sísmica—, pero sí que propició que fuera más somero, lo que a su vez lo hizo más destructivo.

El acuífero del Guadalentín, una enorme bolsa de agua con una superficie de más de 200 kilómetros cuadrados, ha sido durante décadas sobreexplotado por los regadíos de la zona. En 50 años el agua ha bajado de nivel unos 250 metros.

El terreno se ha hundido 250 metros en 50 años por la pérdida de agua

Lo conocen bien los regantes de la comarca, muchos de los cuales han tenido que pasar a cultivos de secano porque el agua ya no es accesible para los frutales. En la zona hay huertos que hace 30 años estaban surcados por caños con agua y que son ahora de secano. Eso, en una zona sísmica como Murcia, ha acabado por provocar efecto imprevisto.

El terremoto de mayo de 2011, de magnitud 5,1, empeoró por la extracción de agua. “Allí se han registrado velocidades de hundimiento del terreno de hasta 15 centímetros al año”, explica por teléfono Fernández, que desde 2006 estudia la variación de la zona. La comarca era muy conocida por los científicos, lo que ha facilitado el estudio del terremoto. Desde 1990, el suelo ha descendido unos dos metros.

Los investigadores han analizado con GPS las alteraciones del terreno antes y después del terremoto de la conocida como falla de Alhama y su relación con la extracción de agua. “Al sobreexplotar el acuífero, varías la carga del terreno, y eso produce un cambio en los esfuerzos que actúan sobre la falla. Los máximos de esa variación coinciden con el lugar donde ha habido deslizamientos en el terremoto”, explica Fernández.

El cambio hizo que el seísmo fuese más somero y por eso más destructivo

El modelo utilizado para simular el terremoto apunta a que sin el hundimiento del terreno puede que “la parte más somera del terreno no hubiera roto”. Que el terremoto fuera tan superficial —el hipocentro estuvo a solo dos kilómetros de profundidad— fue lo que lo hizo tan dañino. Casi un año y medio después, Lorca es aún una sucesión de solares donde antes había edificios, iglesias apuntaladas y comercios cerrados.

Esta es la primera vez que se relaciona una actividad humana directamente con los efectos de un terremoto, aunque los investigadores no dicen que el descenso del nivel freático fuese la causa, sino que influyó en las características. Fernández explica que es un primer paso y que no se puede extrapolar a otros lugares con acuíferos sobreexplotados.

“El estudio podría ayudar al desarrollo de mejoras en la cuantificación del riesgo sísmico y complementar los mapas que sirven actualmente para definir la normativa de construcción”, precisa Pablo González, de la Universidad de Western Ontario (Canadá) en un comunicado del CSIC. En el estudio participan también investigadores del Instituto Nacional de Geofísica y Vulcanología de Italia.

Nuevo efecto secundario de la sobreexplotación de acuíferos para riego

Hasta ahora había denuncias e investigaciones sobre si la extracción de hidrocarburos mediante la técnica de fractura hidráulica podía disparar terremotos, pero este es un estudio pionero para relacionarlo con la sobreexplotación del acuífero.

En un artículo paralelo, Jean-Philippe Avouac, profesor en el California Institute of Technology de Pasadena (EE UU), advierte de que “hay que permanecer alerta a las perturbaciones causadas por la acción humana”, ya que “sabemos cómo iniciar terremotos, pero aún estamos lejos de saber cómo controlarlos”.

El abuso del agua subterránea en España no es un caso aislado. En Jaén, La Mancha, Almería o Valencia es frecuente ver regantes que han extraído más agua de la que de forma natural se recarga anualmente en el acuífero. En algunos casos, como en Jaén para regar el olivar, hay sondeos de hasta 500 metros de profundidad, con tecnología no muy alejadas de las que se usan para extraer petróleo.

El efecto sobre los terremotos era imprevisto, pero la sobreexplotación de acuíferos tiene como primera víctima los humedales de la superficie. El Parque Nacional de las Tablas de Daimiel ha sufrido años enteros seco por la sobreexplotación del acuífero 23, que también ha secado los ojos del Guadiana —que asomaron temporalmente en primavera gracias a las extraordinarias lluvias de los años anteriores—. No es el único. El Parque de Doñana está amenazado por los regadíos del entorno para la fresa.

La “tragedia de los comunes” explica el abuso colectivo de recursos naturales

El control de las aguas subterráneas no es solo importante por el medio ambiente. Según un reciente estudio del Instituto Geológico y Minero de España (IGME), “el suministro de agua potable a partir de aguas subterráneas, incluyendo las industrias conectadas a la red urbana, es de unos 1.400 millones de metros cúbicos año, lo que supone el abastecimiento del 30% de la población, mientras que los regadíos alcanzan los 4.300 millones de metros cúbicos año, representando el 34% del total del uso agrícola”.

Frente a la tragedia de los comunes y sus nuevos e inesperados efectos, quedan los casos de uso eficiente de los recursos mediante la “inteligencia colectiva”. Elinor Ostrom, premio Nobel de Economía en 2009, recogió casos que incluían el Tribunal de las Aguas de Valencia y Consejo de Hombres Buenos de Murcia, que desde hace siglos controlan el reparto del agua.

Tras los temblores, riada

JAVIER RUIZ

Un año y medio después de los terremotos del 11 de mayo, la situación de la ciudad de Lorca se ha visto agravada por las riadas del 28 de septiembre. A los daños del seísmo, de los que la ciudad no consigue recuperarse, se unen ahora los del último episodio de gota fría que arrasó el valle del Guadalentín. El golpe “ha sido, otra vez, muy duro”, según el alcalde, Francisco Jódar, del PP.

Tras las riadas, hay más de 350 viviendas dañadas y 50 construcciones públicas y privadas afectadas. Las explotaciones ganaderas y parte de los campos del municipio han sido arrasados por el agua y hay contabilizadas 200 toneladas de animales ahogados del pujante sector cárnico lorquino. La mayor parte de los daños, un 49%, se concentran en las pedanías de Campillo y Torrecilla, pero el Consistorio estima los daños públicos y privados en casi 100 millones de euros.

Y mientras llegan estas cifras, no hay un dato oficial de cuántas personas siguen sin poder entrar en sus casas tras el seísmo. Las plataformas ciudadanas surgidas tras el terremoto dicen que 1.500 familias siguen sin poder habitar sus antiguas viviendas. Según los datos de la comisionada del Gobierno por los terremotos, el 65% de los lorquinos afectados ya tiene tramitado el expediente y en teoría ese es el dato de los que han cobrado las ayudas. Según sus informes, se han pagado ya 31 millones de euros en ayudas sin incluir las del Consorcio de Compensación de seguros que superan los 400 millones.

La reconstrucción está parada: el equipo de Gobierno municipal dijo antes del verano que “en agosto habría 800 licencias concedidas para obras”, sin embargo, la realidad es que se ha dado luz verde a unas 470 y solo han empezado las obras en tres edificios.

Durante el verano, las asociaciones de vecinos se reunieron con la comisionada y le plantearon las principales reivindicaciones que, al margen de la reconstrucción de edificios, siguen teniendo: los problemas de muchos vecinos que ni siquiera tienen derecho a las ayudas, las indemnizaciones para los heridos con discapacidad permanente, la financiación de las últimas demoliciones —que todavía quedan por hacer— y, sobre todo, la reconstrucción de los centros de salud y los institutos que sigue sin producirse. Dos centros de secundaria y un centro de salud están todavía en ruinas y sin obras. El conservatorio también sigue cerrado.

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