España se desploma en igualdad por la escasez de mujeres en altos cargos

Retrocede del puesto 12 al 26 en el informe del Fondo Económico Mundial

La razón principal es la menor presencia femenina en ministerios

Manifestación del Día de la Mujer en Madrid en 2009. / CRISTÓBAL MANUEL

Era de esperar, pero no por eso es menos sonrojante. España ha retrocedido 14 puestos en el índice global de igualdad de género del Foro Económico Muncial. Cae del puesto 12 al 26. El batacazo que se debe, sobre todo, al descenso de la representación femenina en los puestos de toma de decisión política. Que haya cuatro ministras de 13 carteras en el Gobierno de Mariano Rajoy, y que las mujeres no superen el 30% de los altos cargos ha terminado por notarse no solo en las fotografías y en las políticas. También en informes internacionales como el Índice Global sobre Desigualdad de Género 2012, que evalúa a 135 países en función de su capacidad para cerrar la brecha de género en cuatro áreas fundamentales: acceso a atención médica, educación, igualdad económica y participación política. El análisis sitúa a Islandia, Finlandia y Noruega, como ya es tradición, en los primeros puestos del ranquin. Chad, Pakistán y Yemen son los últimos.

El andamiaje creado en España con leyes como la de Igualdad (de 2007), que planteaba medidas para que hubiese más corresponsabilidad en las tareas de cuidado —como la ampliación del permiso de paternidad—, y para dotar a las mujeres de mayor poder económico y político —paridad electoral— se está resquebrajando. España siempre ha ocupado posiciones más bien modestas en lo que el Índice llama participación económica y oportunidades, una variable que mide desde la brecha salarial al porcentaje de mujeres en puestos directivos o técnicos en las empresas. Pero ahora, lejos de escalar posiciones —pasó del puesto 78 en 2010 al 74 en 2011 y ahora vuelta al 75—, pierde terreno: la ampliación del permiso de paternidad se ha aplazado sine die, las empresas apenas hacen caso de sus códigos de autorregulación para favorecer la presencia femenina en sus cúpulas —son un 11,5% en los consejos de administración y un 22% de los puestos directivos—, y los hombres siguen ganando más por un trabajo de igual valor (un 22% según el INE).

Y sin medidas para atajar estos problemas y para lograr una distribución más equitativa del trabajo doméstico y del cuidado de los hijos, la participación laboral femenina difícilmente crecerá. Y la brecha no solo se mantendrá, sino que aumentará. Así lo recuerda el Foro Económico Mundial (WEF por sus siglas en inglés) que, frente al ejemplo positivo de los países nórdicos en este campo menciona lugares como Japón, Alemania o España, donde la escasez de políticas de apoyo no solo está dificultando que se reduzca la brecha de género, sino que ha provocado una caída del índice de natalidad sin perspectivas de mejora.

Una radiografía bochornosa que el Gobierno prefiere no comentar. Un portavoz de la Secretaría de Estado de Igualdad expone que se está estudiando qué indicadores se han empleado para ese descenso tan brusco. Pero lo medido por el WEF es lo mismo desde hace siete años, cuando se empezó a hacer el informe. Cierto es que el análisis no mide variables importantes, como la de los usos del tiempo o violencia de género —lo que sitúa a lugares como Filipinas o Nicaragua entre los 10 primeros, debido sobre todo a la presencia femenina en los puestos de liderazgo—, pero en cambio cubre a un porcentaje altísimo de la población mundial —un 93%—.

Carmen Quintanilla, diputada del Partido Popular y presidenta de la Comisión de Igualdad del Congreso, reconoce que aún queda mucho para lograr una representación igualitaria de las mujeres en los puestos de toma de decisión. “Pero no hay que olvidar que España ha hecho un gran esfuerzo. la participación de las mujeres en el parlamento está en un 36%, y hay parlamentos económicos en los que superan el 50%”, dice Quintanilla, que comparte el discurso del Gobierno de Rajoy en contra de las cuotas y la discriminación positiva. Habla, en lugar de eso, de “meritocracia” y “conciliación”. “La clave es hacer lo posible para conseguir una mayor flexibilidad en las formas de trabajo y que las organizaciones funcionen más orientadas hacia los resultados”, dice.

España aprueba en las variables relacionadas con la Sanidad y la Educación (en ambas en el puesto 34). Factores en los que, según el WEF, han mejorado la mayoría de los países. A Laura Nuño, directora de la cátedra de Género de la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid, le preocupa, sin embargo, que en este país no tarden en empeorar. “La crisis y los recortes sociales están perjudicando especialmente a las mujeres. Con las reforma del Gobierno, elementos como la sanidad y la educación van a estar sometidas también a criterios económicos y eso va a provocar que España siga perdiendo puestos en materia de igualdad”, incide.

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