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ANÁLISIS

Héroes hoy

Los superhéroes nacidos en la Segunda Guerra Mundial eran reaccionarios, patrioteros, abusones. Los actuales son más complejos, como la sociedad

El Capitán América, ejemplo de patrioterismo en el tebeo.
El Capitán América, ejemplo de patrioterismo en el tebeo.

Los iconos de la cultura pop no son siempre ejemplares, y eso no les quita atractivo. Los superhéroes han entretenido a varias generaciones, pero, digámoslo de una vez, han sido reaccionarios, patrioteros, machos alfa, abusones. Viene Superman desde el planeta Krypton con poderes extraordinarios y no tiene misión mejor que instalarse en Metrópolis, un remedo de Nueva York, para perseguir a rateros de poca monta, evitar atracos a ancianas, atrapar al enmascarado saliendo del banco con el botín en la mano. Su empeño por reprimir el delito común era compatible con sus duelos para evitar que Lex Luthor dominara el mundo, a lo que cualquiera daría absoluta prioridad.

También Batman se ocupaba de la delincuencia más vulgar en Gotham, una oscura ciudad como el Chicago posterior a la ley seca, con mafia pero sin blues. A diferencia de Superman, que es un elegido, un Apolo, un semidiós, Batman es un millonario ocioso que dedica tiempo y dinero a la tecnología que le hace poderoso. Héroe a golpe de talonario, entonces, pero muy popular gracias a una lograda atmósfera gótica.

Los superhéroes nacidos durante la Segunda Guerra Mundial eran verdaderos patriotas. Nadie tanto como el Capitán América, que vestía las barras y estrellas, y que ha combatido sucesivamente a los nazis, a los comunistas y a Al Qaeda. Wonder Woman lucía los mismos símbolos nacionales, pero para muchos su rol de mujer de acción fue un gran avance para el género (del cómic).

Los primeros superhéroes modernos —no cuentan los griegos— eran gente de ley y orden, con el perfil justiciero propio de tiempos difíciles. Fueron tímidos, en los años sesenta, sus intentos de acercarse a otra realidad: los jipis, Vietnam, la lucha contra la segregación racial. En esa década llegó una remesa de figuras más complejas, imperfectas. Spiderman es un tipo inseguro, atormentado, que duda si tirar la toalla. Hulk es más monstruo que héroe, una bestia del color del uranio porque fue víctima de la energía nuclear.

En el imaginario colectivo, hoy los superhombres de papel pintan menos que sus exitosas versiones del cine. Ya tardaban las historietas en atender a esa nueva sociedad, diversa y cosmopolita, que ha reelegido a Obama y que normaliza la homosexualidad o la marihuana. El primer Linterna Verde —varios vistieron el disfraz de este héroe segundón— ha salido del armario en que llevaba metido 70 años, y eso ya no escandaliza a casi nadie. Otros han pasado, en solo siete años, de recurrir el matrimonio gay a celebrar que el tribunal tumbe su recurso. Avanzamos, sí. Cada uno a su ritmo.

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