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ANÁLISIS

¿Necesitamos más científicos o menos?

En España se diría que el Gobierno no percibe esta necesidad

El informe de la red Eurydice sobre las competencias científicas en Europa revela tendencias preocupantes. En particular que de 2001 a 2010 el porcentaje de graduados en carreras de matemáticas, ciencias y tecnologías (representadas por las siglas en inglés MST o STEM) en Europa ha descendido del 24,4% al 21,4%. Aunque una disminución del 3% puede parecer una proporción pequeña, si la comparamos con el objetivo marcado para 2010 de incrementarla en un 15%, tenemos que concluir que no solo no se ha conseguido el objetivo, sino que hemos retrocedido. España no es ajena a esta trayectoria: el porcentaje ha bajado del 27 al 25%.

Las consecuencias de un déficit de personas con formación científica o técnica no son solo académicas: todos los indicadores ponen de manifiesto su influencia en el desarrollo económico. Así pues, necesitamos más científicos. Y más científicas (y matemáticas, ingenieras, tecnólogas), ya que existen grandes desequilibrios: las mujeres apenas constituyen un tercio en STEM, y los esfuerzos de la Unión Europea han conseguido solo un pequeño avance: del 30 en 2000 al 32% en 2009. Es decir, estamos desaprovechando el potencial científico de muchas jóvenes.

El informe sugiere que una forma de conseguir más jóvenes en las carreras científicas es aumentar su motivación, su interés por las ciencias, matemáticas y tecnología. Para lograrlo, estudios —como los nuestros en la USC— muestran que es efectiva una enseñanza que sitúe estas materias en contextos reales, que ponga de manifiesto su relevancia para la vida personal.

¿Necesitamos más científicos? En España se diría que el Gobierno no percibe esta necesidad, ya que la reducción de fondos para investigación y la normativa que reduce al 10% la reposición de jubilados, está arrojando al paro a toda una generación de jóvenes investigadores. Estoy rodeada de doctores y doctoras con excelente formación que tienen como única alternativa emigrar.

Por otra parte, la reforma educativa pretende suprimir la única materia común de ciencias en bachillerato, unas ciencias situadas en ese contexto cotidiano y actual que proponen la UE. Unas ciencias que, recordemos, también enseñan a pensar y razonar, aunque algunos consideren que el pensamiento crítico es patrimonio exclusivo de ciertas materias.