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Papa con vocación de superventas

Benedicto XVI concluye su trilogía sobre Jesús intentando ser accesible al gran público

Refuta a los evangelistas pero confirmando los dogmas “sin reservas”

El Papa Benedicto XVI, ayer en Roma. AFP

Que se sepa, Joseph Ratzinger no tenía previsto llegar a Papa. Sus planes para cuando se jubilara como prefecto de la Congregación para la Doctrina para la Fe —la antigua Santa Inquisición—, eran retirarse a su Baviera natal y escribir tranquilamente una larga biografía de Jesús. Pero, el 19 de abril de 2005, el Espíritu Santo se cruzó en su camino y fue elegido sucesor de Juan Pablo II en la silla de Pedro. El proyecto del prestigioso teólogo alemán quedó aparcado al principio y convertido después en una obra por entregas, cuyo tercer y último capítulo acaba de salir a la luz bajo el título La infancia de Jesús, una tirada inicial de un millón de ejemplares y un revuelo mediático al cobijo de sus llamativas revelaciones: en el portal de Belén no había ni mula ni buey y la estrella que supuestamente guio a los Magos de Oriente era en realidad una supernova.

La publicación del libro, cuya edición italiana consta de 175 páginas, cuesta 17 euros y corre a cargo de Rizzoli —en España lo publicará Planeta—, supone la culminación del viejo sueño del teólogo alemán.

Ratzinger escribió el libro a mano y lápiz por espacio de cinco años

Si bien su labor al frente de la Iglesia ha retrasado su escritura por espacio de cinco años —a mano y a lápiz, sin otra ayuda que su memoria y su biblioteca— y tal vez haya condicionado el formato —no un grueso volumen dedicado a un público experto, sino tres asequibles obras de divulgación—, también tiene sus ventajas. La obra no solo va firmada por Joseph Ratzinger sino también —y en letras más grandes— por Benedicto XVI. Ya solo por esto la obra visitará las librerías de 70 países, se traducirá a 20 idiomas y logrará un alto número de ventas al que contribuirá, también, la mercadotecnia. El libro, que habla del nacimiento y la infancia de Jesús, sale justo cuando empiezan a colocarse las luces de Navidad y con unos anzuelos muy atractivos en forma de mula y de buey.

Así que, claro, el Papa habla de otras cosas en un libro que analiza, apoya, contextualiza y a ratos refuta los textos de San Lucas y San Mateo. Benedicto XVI se pregunta, por ejemplo: “¿Es cierto que Jesús fue concebido por obra y gracia del Espíritu Santo y nació de Santa María Virgen?”. Y se contesta enseguida: “Sí, sin reservas”. Hasta el punto de que quita la razón a San Agustín, quien sostuvo que María hizo el voto de virginidad antes de su matrimonio con José. Ratzinger, quien retrata a la virgen como “una mujer valiente que incluso ante lo inaudito [el anuncio del Ángel] mantiene el autocontrol”, sostiene que la madre de Cristo pudo ser perfectamente la fuente de los evangelistas: solo ella fue testigo, por ejemplo, del momento de la Anunciación. El caso es que, con una prosa muy fácil de entender, Ratzinger baja la teología a la calle. Eso sí, la obra requiere del lector unas dosis mínimas de fe.

Sobre los milagros: “Si Dios no tiene poder sobre la materia, no es Dios”

Lo de la fe viene a cuento porque el Papa demuestra gran habilidad al sostener en el libro que “no se pueden atribuir a Jesús cosas insensatas o irracionales” para advertir a continuación que ni la virginidad de María ni la resurrección de Cristo son irracionales: “Si Dios no tiene poder sobre la materia, entonces no es Dios”. Ahí no hay duda ni discusión posible. Otra cosa, viene a decir Ratzinger, es la tradición oral y su propensión por adornar el trance: una mula, un buey, pastores cantando. Todo eso se lo carga Ratzinger en su libro.

Aparte de la redecoración del portal de Belén, Ratzinger sostiene que el nacimiento de Jesús pudo acontecer bajo la conjunción de Júpiter, Saturno y Marte, esto es, seis o siete años antes de lo establecido hasta ahora. Todo lo demás, Benedicto XVI lo deja como estaba. Desde la pregunta incrédula de Pilatos a Jesús —“¿de dónde eres?”— reflejada en la primera línea del libro a la conclusión que encierra el último párrafo: Jesús es verdadero hombre y verdadero Dios.

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