La UE blinda la prohibición de cortar las aletas de tiburones

La Eurocámara busca evitar la pesca abusiva para el suculento mercado chino

La flota española es la tercera del mundo que más escualos captura

Aletas de tiburón congeladas en un palangrero en Canarias en 2008. / OCEANA

El Parlamento Europeo aprobó el jueves por una abrumadora mayoría prohibir todo tipo de aleteo, la práctica de cercenar las aletas de los tiburones después de ser pescados. La Eurocámara quiere proteger estas especies y evitar así que sean pescados solo por el suculento mercado chino de aletas. Aunque el aleteo ya estaba prohibido desde 2003, Bruselas ha decidido eliminar las excepciones a las que se acogían 186 barcos en la UE (141 españoles y 45 portugueses) para desmembrar los animales a bordo, algo que los ecologistas consideraban como un vacío legal que permitía mantener esta modalidad. La votación indignó a la industria española, que considera que tendrá un impacto económico directo de nueve millones de euros al año, y que mientras tanto lo seguirán haciendo los barcos de fuera de la UE.

La práctica del aleteo (en inglés, finning) consiste en pescar tiburones solo por la aleta. Una vez seccionada, el cuerpo del tiburón es lanzado por la borda para que no ocupe espacio en la bodega. El motivo está en China, donde una aleta de tiburón puede llegar a costar 1.000 euros, ya que es muy apreciada para la sopa.

En 2003, la UE ya prohibió a sus barcos realizar esta práctica, ya fuera en la UE o en aguas internacionales. Pero aprobó un permiso especial para que, sin descartar el cuerpo, se pudiese cortar la aleta a bordo en algunos buques. “Cortar la aleta permite ahorrar espacio en la bodega. Y los grandes buques no solo pescan, sino que congelan, filetean y preparan el tiburón en alta mar”, explica Javier Garat, secretario general de la Confederación Española de Pesca (Cepesca).

Los barcos españoles y portugueses pescaron 58.944 toneladas de 26 especies de tiburones en 2010, según la ONG Oceana. La tintorera y el marrajo —para los que no hay cuotas ni protección— representan más del 99% de las capturas.

La patronal cifra el coste de la medida en nueve millones de euros al año

Pero los ecologistas consideraron que la excepción se estaba convirtiendo en un vacío legal por el que se escapaba el aleteo. Argumentaban que, al permitir descargar en distintos puertos la aleta y el cuerpo, en la práctica era imposible controlar si los cuerpos de los tiburones eran lanzados al mar o realmente descargados.

Así, los ecologistas lanzaron una campaña para eliminar las excepciones y la Comisión Europea aceptó. La votación de ayer (por 566 votos a favor, 47 en contra y 16 abstenciones), constata el éxito de la movilización. Prácticamente solo los eurodiputados del PP español se opusieron. A partir de ahora, los palangreros de la UE (en la práctica, españoles y portugueses) no podrán cortar las aletas aunque pesquen en aguas de otros países. Sí podrán doblarlas y mantenerlas pegadas al cuerpo con una brida para facilitar la conservación en cámaras.

Garat se mostró indignado con la decisión: “La flota española de palangre acaba de perder el 10% de capacidad de almacenamiento de su bodega. Esto tendrá un impacto de nueve millones de euros al año en un sector que emplea a 2.700 tripulantes”. Además, según Garat, implicará “pérdida de calidad del producto, ya que no se podrán procesar los tiburones a bordo”.

Según Cepesca, los eurodiputados han votado a favor de la medida porque no afectaba a sus flotas, y lamentan que la mayoría de los socialistas españoles apoyara el veto. La flota española es la tercera en capturas de tiburón, solo por detrás de la indonesia y la india. Vigo es uno de los principales puertos de descarga. Hong Kong y China son los principales destinos de las capturas de aletas, con el 58% y el 36% respectivamente. Fuentes del sector explican que los pescadores reciben entre 4,5 y nueve euros por cada kilo de aleta. Pero que antes de comerla hay que tratarla para retirarle la piel y el cartílago. Una vez extraídas las fibras y desecadas, ya se pueden utilizar para sopa (y en un restaurante de lujo pueden llegar a venderse por 500 euros el kilo), pero para obtener un kilo de esto, hacen falta unos 45 kilos de aleta sin tratar.

“Las flotas responsables del 93% de las capturas de tiburón seguirán haciendo finning, mientras Bruselas sacrifica a su flota que no lo hace”, criticó Cepesca.

Los ecologistas, en cambio, mostraron una enorme satisfacción por una victoria largamente peleada. “El voto del Parlamento representa un hito muy importante dentro del esfuerzo mundial por acabar con la derrochadora práctica del aleteo de tiburones”, afirmó en un comunicado Sandrine Polti, de la coalición de ONG Shark Alliance.

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