La Liga se aleja de los estadios

La asistencia a partidos de Primera se ve mermada por la crisis, los precios y los horarios

La superioridad de Barça y Madrid desincentiva al resto de la afición

Ni los grandes llenan cuando visitan a un modesto. / luis sevillano

De un artículo de Gabriel García Márquez, Jorge Valdano tomó prestada la idea del miedo escénico y la aplicó al fútbol y al Santiago Bernabéu. Los estadios llenos, se dice, ganan partidos. La gente que paga lo hace. Pero el Sevilla-Betis de hace tres semanas registró una entrada aproximada del 87%, cuando la temporada pasada el Sánchez Pizjuán se llenó para acoger el derbi sevillano; el estadio del Getafe tiene capacidad para algo menos de 16.500 espectadores, pero ante el Barcelona apenas acudieron unos 13.000 y ante el Real Madrid, 8.000. Al Mallorca le ocurrió algo parecido cuando ha recibido a los dos grandes.

Si el Sánchez Pizjuán no se llena para el encuentro más intenso, si los equipos de Primera ya no cuelgan el cartel de “no hay billetes” con cada visita de Real Madrid y Barcelona, y si las gradas de muchos estadios están medio vacías, algo se pierde, razonan muchos aficionados. La Liga de Fútbol Profesional (LFP), la asociación que integra a los 42 equipos de Primera y Segunda y que organiza las competiciones, no facilita los datos oficiales de asistencia a los estadios hasta el final de la primera vuelta, pues no los considera comparables con anteriores temporadas hasta el momento en el que todos los equipos se han enfrentado entre sí. Pero las estimaciones que cada fin de semana realizan los medios y los datos que manejan los clubes muestran un descenso. La afluencia media a los estadios de la primera categoría española durante la temporada pasada rozaba el 70%, mientras que las cifras que maneja la UEFA muestran que Alemania e Inglaterra superan en los últimos años el 90% de ocupación.

Los aficionados que acuden al estadio en España son un ejército en retirada. “Nos están echando de los campos”, exclama Pepe Hidalgo, secretario general de Aficiones Unidas, la asociación que agrupa a las federaciones de peñas de los 42 clubes de Primera y Segunda División.

Los aficionados apuntan dos razones: la política de precios de los clubes y los horarios de los partidos, más dispersos que nunca, impredecibles y anunciados con una antelación aproximada de un mes. José María Gay de Liébana, un economista especializado en deporte que lleva años publicando informes sobre la salud financiera del fútbol español, alerta de que el paciente agoniza: “O se torna más competitiva o se muere. Es una Liga tan bipolar que se sabe que ningún otro va a ganarla, e ir a ver al Madrid o al Barça al estadio de tu equipo es contemplar cómo te meten cinco goles. Hace poco dije que a la Liga le quedaban cinco años; ahora creo que no llegaremos”.

La afluencia media a los campos en la campaña pasada rozaba el 70%

El pasado abril se conoció que los clubes de Primera División debían cerca de 752 millones de euros a Hacienda y unos 3.500 millones al conjunto de acreedores. Siempre está la crisis, que ahora casi todo lo explica. “El fútbol es un artículo de lujo”, soltó hace unas semanas Ángel Torres, presidente del Getafe. “Con la que está cayendo, algunos clubes no muestran mucha sensibilidad”, lamenta José Manuel Mateos, presidente de la Federación de Peñas del club azulón, que no está de acuerdo con la apreciación de Torres: “Un equipo de fútbol debe tratarse como un activo de una ciudad. No es el opio del pueblo. Es un escaparate internacional importante y un patrimonio”. La ocupación media del Coliseum es, aproximadamente, del 50%.

“Es incomprensible que haya estadios vacíos y entradas a 40 euros”, protesta Hidalgo, de Aficiones Unidas. “El precio lo marca la oferta y la demanda. Es una cuestión de parámetros económicos: nos interesa más tener 19.000 espectadores a los precios que manejamos que llenar con 22.000 a otros más baratos”, razona Pedro González, secretario del consejo de administración del Granada. “Te debes a los abonados y no puedes depreciar el valor del abono disminuyendo el precio de las entradas”, argumentan en el Valladolid. Pero Gay de Liébana cree que “quienes dejan de ir al estadio no volverán, no llenar un estadio significa que hay ingresos que nunca se percibirán”.

También hay ejemplos, cada vez más, de clubes que capean el temporal con fórmulas alternativas para atraer al aficionado. Osasuna ha establecido 10 rutas de autobuses para facilitar el acceso desde varios puntos de Navarra. Los socios suben gratis y quien no es abonado debe pagar 10 euros. Según Ángel Vizcay, gerente del club, unas 700 personas utilizan el servicio en cada partido. Los desempleados pueden acogerse a un descuento del 20% en el abono. Con todo, la asistencia media es “ligeramente inferior” a la temporada pasada y suele rondar los 15.000 espectadores en un estadio con capacidad para 19.800. Otros clubes disponen de localidades a precio reducido para acompañantes. Y el Atlético, para el partido contra el Getafe, ofreció asientos a ocho euros para aquellos colombianos que se inscribieran en la embajada. 3.000 compatriotas se acercaron al Manzanares para ver jugar a Falcao.

Las ofertas son más y mejores cuando el partido se juega fuera del fin de semana porque la otra pata del problema, según denuncian los aficionados, son los horarios. Se acabaron las tardes de fútbol y de carrusel. La última jornada de Liga empezó el pasado viernes a las 21.00, con el duelo entre Osasuna y Rayo Vallecano, y terminó ayer, cerca de las 23.30, tras el Sevilla-Valladolid. Entre uno y otro encuentro pasaron 72 horas, cuatro días y diez horarios diferentes. “El fútbol a todas horas devalúa el producto y cansa a la gente”, señala el azulón Mateos. En esto hay acuerdo con los clubes. “Los horarios han retraído a los espectadores. Sobre todo, no saber de antemano qué día y a qué hora se va a jugar”, comenta Vizcay. La misma opinión tienen en el Athletic y en el Deportivo.

O la Liga se torna más competitiva o se muere”, dice un economista

Los horarios de la Liga, explica la LFP, se fijan actualmente con un mes de antelación; hace años el margen era de diez días. En Alemania se conocen todos los horarios a principio de temporada: los aficionados del Augsburgo y del Fürth ya saben que los dos últimos clasificados de la Bundesliga se enfrentarán el 18 de mayo a las 15.30. En Inglaterra se fijan con unos tres meses de anticipo, aunque pueden modificarse. España es un caso único, pues existe la obligación de emitir un partido en abierto que no puede ser del Real Madrid ni del Barcelona. Los clubes españoles se quejan de que conocer con poca antelación las fechas aumenta los gastos de vuelos y hoteles.

Los equipos ceden a los operadores televisivos el derecho a proponer los horarios. PRISA TV (sociedad participada por PRISA, editora de EL PAÍS) y Mediapro suscribieron a finales de agosto un convenio para explotar conjuntamente los derechos de retransmisión de las competiciones nacionales. Los horarios de Primera División los propone PRISA TV, como operador dominante esta temporada, y los establece la LFP, después de una negociación que tiene mucho de puzle. Álex Martínez Roig, director general de contenidos de Canal +, explica que el modelo es el resultado de una negociación entre Mediapro y Prisa TV, y que fue esta última quien defendió las diez franjas horarias por la imposibilidad de emitir simultáneamente más de un partido en el canal de la TDT de pago Gol T. “Nuestro modelo era otro, con carruseles el sábado y el domingo, pero creo que actualmente el problema se concentra mucho más en el precio de las entradas y la crisis”, explica Martínez Roig. Jaume Roures, presidente de Mediapro, niega que la fragmentación en diez horarios diferentes obedezca a su interés particular: “Todos los clubes quieren tener su espacio televisivo y no estar siempre pisados por otros equipos; y a los operadores televisivos les interesa que se retransmitan todos los encuentros”. También, según Roures, el problema está en el precio de las entradas y los abonos, que no se ajustan a la situación de crisis: “El hecho de disputar un partido un lunes no te vacía el estadio; lo hacen los precios y el interés deportivo del encuentro. La animación que hay en otros sitios forma parte del espectáculo, y es un problema que la televisión muestre gradas semivacías”.

Fuentes de la LFP reconocen que “el panorama no es alentador”, pero se remiten al acuerdo entre los operadores, que establecen los horarios “por consenso” y que ha llevado a que se juegue un partido el viernes y otro el lunes, “la manera más adecuada que tenemos ahora para explotar la competición como debe ser explotada”. Y “esos días son hábiles para jugar partidos”, zanjan.

Hace dos semanas, la LFP y la Real Federación Española de Fútbol cambiaron la fecha de la vuelta de los octavos de final de la Copa del Rey, prevista para el miércoles 19 de diciembre, y que ahora se jugará el 9 de enero. Los partidos se agolpaban: la 17ª jornada se jugará ese jueves, viernes y sábado, ya que el domingo 23 hay descanso navideño. Por acuerdo debe haber diez horarios diferentes en cada jornada de Liga, y dos días no son suficientes.

Las fechas de los encuentros se fijan con aproximadamente un mes de antelación

PRISA TV y Mediapro reivindican su derecho a fijar los horarios porque son quienes pagan. “Entendemos que la televisión pone mucho dinero, pero si se juega un partido el lunes no puedes vender la entrada más barata a 40 euros”, resume el peñista getafense Mateos. La LFP alude a un nuevo equilibrio entre lo que “los clubes y televisiones desearían”. Pero mientras no se alcanza el nuevo equilibrio, el fútbol se degrada y muchos aficionados desesperan. Para el partido de Liga de Campeones entre el Borussia Dortmund y el Real Madrid, campeones de las ligas española y alemana, se podían encontrar entradas por entre 12,5 y 60 euros. El día anterior se disputó el Getafe-Betis, para el que la entrada más barata costaba 30. “Los que vamos al campo nos sentimos un poco tontos”, sentencia el getafense Mateos; “el fútbol no se entiende sin la pasión de la grada”.

Casi 50 euros de media por sentarse en una grada

Se alquila, durante algo más de 90 minutos, un asiento de plástico con vistas a la pradera. Precio: 49,3 euros de media, si se trata de mirar a esos 10 terrenos de juego en los que los futbolistas de la Primera División española galoparán (o trotarán) este próximo fin de semana. Vicente Calderón, San Mamés o La Rosaleda tienen miles de plazas por llenar. La cifra resulta de calcular la media entre la entrada más barata y la más cara excluyendo las de tratamiento VIP de cada partido de la 15ª jornada de Liga.

Si se es adulto, no se posee abono de club alguno, y no hay invitaciones de por medio, no hay forma más asequible de ver en juego a la élite del fútbol español que pagar los 18 euros que cuesta como mínimo (45 máximo) el Rayo Vallecano-Zaragoza del lunes 10 de diciembre a las 21.00.

En el lado opuesto se encuentran los equipos que se visten de etiqueta para recibir a Barcelona y Real Madrid, y para los que, vistos los precedentes de las últimas temporadas, toca engalanar el escenario para encajar goles que lleven a batir récords. El Valladolid, con los precios más caros, ha puesto a la venta los tiques que dan acceso al José Zorrilla para ver el sábado a la plantilla blanca: entre 50 y 90 euros. Las menos caras, por cierto, ya se anuncian en la página web de los vallisoletanos como agotadas. Se le acercan las cantidades que se manejan para asistir al Benito Villamarín que visitarán los azulgrana el domingo: por 35 euros, en el segundo anfiteatro; por 90, en tribuna preferencia.

La enumeración de quienes quedan entre medias permite hacerse idea de que el fútbol de la Liga es un espectáculo que se paga bien. Atlético-Deportivo, entre 20 y 70 euros. Real Sociedad-Getafe, por entre 25 y 50. La comparación con la Bundesliga, en tiempos en que la economía española se mide día tras día con el rasero alemán, resulta inevitable. El precio medio de las entradas para los partidos de la pasada campaña en Alemania fue de 22,75 euros. Acomodarse en el Reyno de Navarra para recibir al Valencia, 35 la módica, 55 la que no; animar al Espanyol, último clasificado, contra el Sevilla, cuesta entre 40 y 80 euros. El 21% de estas cantidades se paga por el IVA, el tipo general. Se puede considerar ver al Levante, Málaga y Athletic a partir de 20, 30 y 38 euros.

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