Carlos Fabra y otros talismanes valencianos

El presidente de la diputación de Castelló gana dos millones de euros en el Sorteo del Niño.

El vicepresidente de la diputación de Valencia, Enrique Crespo, llevaba varios décimos del segundo premio de la Lotería de Navidad de 2011.

Un joven con una camiseta alusiva al alcalde Enrique Crespo. / TANIA CASTRO

Las diputaciones pueden llegar a ser amuletos. O, al menos, a veces, para sus máximos dirigentes. Las diputaciones de Valencia y Castellón se han caracterizado, en los últimos años, por atraer la suerte en los sorteos de lotería, aunque no para todo el mundo. El presidente de la Diputación de Castellón, Carlos Fabra, es uno de los inmensamente afortunados. Y no en una sola ocasión sino hasta en seis años diferentes.

Su buena estrella se descubrió a raíz de la investigación a la que fue sometido por su imputación ante la posible comisión de los delitos de tráfico de influencias y cohecho. El análisis de sus cuentas desveló ingresos en 2000, 2001, 2002 y 2004, de premios de lotería declarados, con cantidades que oscilan entre los 23.300 hasta los 1130.000, con un total de cerca de 280.000 euros. Pero la diosa fortuna pasó mucho más cerca en 2008. Fue en el sorteo del Niño, en el que el botín se elevó a dos millones de euros. Ahí no paró su suerte. Hace dos años, en el sorteo de Navidad, Carlos Fabra volvió a ser agraciado ya que portaba “unos cuantos décimos” del número que jugaba el PP de un pueblo, cuyas tres últimas cifras coincidían con el gordo.

Cuanto más se compra, más posibilidades, claro. Y en el caso de las diputaciones (ayuntamiento de ayuntamientos) se une el hecho de que por allí desfilan números de muy distinta procedencia. Así le pasó en 2011 al presidente de la Diputación de Valencia, Alfonso Rus, que se llevó 625.000 euros del segundo premio de Navidad que compró al PP de un municipio de la provincia de Valencia, Manises.

Sin embargo, el que se ha hecho “famoso” por ese premio es el entonces alcalde de ese mismo pueblo y vicepresidente de la Diputación, Enrique Crespo, que, por supuesto, llevaba lotería de su agrupación local. En el momento en el que se supo agraciado todo fueron celebraciones, ya que había comprado, según él mismo dijo, “bastantes” décimos. Sin embargo, Crespo estaba siendo investigado por el saqueo de una depurada, motivo por el que se le reclamaban responsabilidades patrimoniales. El juez actuó con rapidez y le requirió para que aclarara a cuánto había ascendido exactamente el premio, con el fin de determinar si era solvente para frente a las posibles responsabilidades civiles. “Uno”, dijo Crespo. Pero la investigación sobre su buena fortuna llevó al juez a descubrir indicios de haber distribuido, entre sus familiares, hasta 22,7 millones de euros en décimos de Lotería de Navidad para evitar que le fueran embargados.

Pero no era la primera vez que la fortuna había mirado a la Diputación de Valencia. En 1988, el entonces presidente de la institución provincial Francisco Blasco, obtuvo un premio de 36.000, para entonces, un fortunón. En este caso fue un ordenanza el que se encargó de acudir a la administración más cercana al palacio provincial y encargar los décimos que acabaron en manos no solo del presidente sino de entre 20 y 30 trabajadores y cargos de la misma diputación.

La compra de billetes premiados es un método utilizado para blanquear dinero y es una teoría que asalta de inmediato cuando es un político el agraciado. Sin embargo, no es menos cierto que cuantos más números se compran, más posibilidades existen de “acertar” con el premiado.

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