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El ministro converso

Los colaboradores de Fernández Díaz diseñan su agenda para que no se salte la misa diaria

Asegura que volvió a descubrir a Dios durante un viaje a Las Vegas, la ciudad del pecado

El ministro que mejor conectado está con la cúpula de la Iglesia en España no tiene inconveniente en definirse como un converso. No a la manera de San Pablo, quien se cayó súbitamente del caballo, sino más al estilo de San Agustín, que rectificó su camino a base de tiempo y experiencias. Jorge Fernández Díaz no tiene reparos, pues, en mostrarse seguidor del santo que, paradójicamente, y según algunos estudiosos, rivalizaría con San Sebastián como patrón de los homosexuales. En sus años en Cartago, a mediados del siglo IV, un joven Agustín de Hipona sucumbió a los placeres de la carne, según se desprende de la lectura de sus Confesiones. “Cuando llegué a Cartago, a mi alrededor bullía un caldero de amores ilícitos (...) Me contaminé el agua primaveral de la amistad con la suciedad de la concupiscencia”, explica sin ahorrar detalles de su “amistad” con un joven cristiano.

San Agustín cambió, como también lo hizo el ministro de Interior a comienzos de la década de los noventa. Antes vivía “como si Dios no existiera”, explicaba Fernández Díaz en 2009 en una entrevista en la revista Alba. Su conversión culminó en 1991. De viaje oficial a Estados Unidos, invitado por el departamento de Estado, pasó un fin de semana en Las Vegas. Y fue precisamente en la ciudad del pecado donde dice haber redescubierto a Dios. “Él salió manifiestamente a mi encuentro”. Desde entonces, este dirigente del PP, considerado del ala moderada del partido en todo, excepto en lo que a moral privada se refiere, es la avanzadilla de la Conferencia Episcopal en el partido. De habla pausada y dialogante, suele utilizar la coletilla “Dios mediante” en sus conversaciones. No oculta su proximidad al Opus Dei, y sus colaboradores intentan confeccionar su agenda para que no tenga que faltar a misa ni un solo día. Su plan de vida es incompleto, pues, sin la celebración de la Eucaristía, el rezo del rosario y dedicarle un tiempo cada día a las lecturas espirituales.

Siempre fiel y muy próximo a Mariano Rajoy, Fernández Díaz considera que la política es un “magnífico campo para el apostolado, la santificación y el servicio a los demás”. En plena campaña electoral de 2011, cuando su partido evitaba pronunciarse sobre el matrimonio homosexual y lo dejaba todo en manos del Tribunal Constitucional, quiso marcar perfil propio en una entrevista a EL PAÍS: “La institución del matrimonio siempre ha estado reservada para el hombre y la mujer (...) puede haber otras instituciones que regulen los derechos de las parejas homosexuales”, dijo dejando claro al mismo tiempo que el PP no defendía la adopción por parte de parejas del mismo sexo. Finalmente, el Tribunal Constitucional ha dictaminado en contra de las teorías del PP y, especialmente, de las del ministro del Interior. El partido ha decidido pasar página, pero el ministro parece pedir tiempo. Como San Agustín.