“No hay muro de Berlín capaz de contener al hambriento”

El director general de la FAO, José Graziano da Silva, ayer, en Madrid. / BERNARDO PÉREZ

Fue ministro de Hambre Cero de Brasil, un departamento que duró apenas un año. De ahí, Jose Graziano da Silva (Urbana, 1949), miembro del Partido de los Trabajadores y hombre de confianza del expresidente Luiz Inazio Lula da Silva, pasó a representar a América Latina en la Agencia de Naciones Unidas para la Alimentación y Agricultura (FAO). Un cargo desde el que se alzó, con el apoyo de Lula da Silva, a la Dirección general de esta organización. Doctor en Economía, Graziano da Silva se impuso por apenas un puñado de votos al exministro español Miguel Ángel Moratinos. Lleva un año y cuatro meses en el cargo y le toca dar el empujón final para tratar de alcanzar los Objetivos del Milenio concernientes a la lucha contra el hambre y la desnutrición; la primera de las metas, y el eje de todas ellas, de la que ha hablado en Madrid, en la cumbre sobre Hambre y Seguridad Alimentaria que ha reunido en Madrid a los principales líderes políticos mundiales, expertos y representantes de organizaciones sociales . “Si hacemos un esfuerzo, podemos llegar a cumplir los objetivos o, al menos, acercarnos mucho”, afirma. Para ello, deben lograrse recursos para alimentar a más de 300 millones de personas.

Pregunta. ¿Se cumplirán las metas marcadas por los Objetivos de Desarrollo del Milenio?

Respuesta. Las perspectivas están equilibradas. Tenemos 870 millones de personas con hambre en el mundo, si bien, cuando empezamos en 1990 teníamos 1.000 millones. Ha habido una reducción significativa, pero aún tenemos mucho que progresar para llegar a la meta. Hoy podemos contabilizar 40 o 45 países que ya han logrado reducir el hambre a la mitad, y otros tantos que lo pueden lograr si siguen trabajando por el mismo camino que hasta ahora. Eso suma 90 países de los 180 países en desarrollo. Si hacemos un esfuerzo coordinado, con un apoyo internacional para esos países que tienen más dificultad, sobre todo en África y Asia, creo que podemos llegar cerca de la meta.

P. Faltan 1.000 días y la mayoría de los países donantes está pasando una profunda crisis económica. ¿Eso no es un lastre para conseguirlo? España, por ejemplo, ha recortado sus ayudas. Y no es el único.

“En España hay que mirar la calidad y la diversificación de la dieta”

R. España, como señalé a los ministros Arias Cañete y García-Margallo [de Agricultura y Alimentación y Exteriores, respectivamente] mantienen sus compromisos. No ha iniciado nuevos, pero los que había adquiridos los mantiene. Eso es fundamental. La discontinuidad es lo que mata los proyectos, que no se convierten en programas. Nosotros no podemos seguir de proyecto en proyecto, sino que debemos tener programas para alcanzar la meta del milenio. Y España, hasta ahora, mantuvo su contribución y su apoyo con lo que había firmado. El hecho de que no tengamos nuevos aportes de los países se va sustituyendo, en parte, por los que hacen algunos países de ingreso mediano que están entrando en el escenario internacional. Hemos recibido aportaciones de países como China, Brasil o Chile. O incluso de países africanos. Muchas veces tomamos África como un mundo de miseria y hambre. No es así hay muchos Estados africanos que han crecido rápidamente y son hoy países de ingresos medios. Sobre todo, los que se han beneficiado del boom petrolero o mineral: África del Sur, Angola, Mozambique, Gabón, Guinea Ecuatorial… Una lista de países que hoy en día están cooperando con FAO para apoyar el combate contra el hambre, que se han dado cuenta de algo muy sencillo, y eso ilustra el conflicto del norte de África: no es posible lograr la seguridad alimentaria en un solo país y tener sus vecinos hambrientos; no hay muro de Berlín capaz de contener a los hambrientos, capaz de pararlos. Así, estos países están tratando de concienciar a su entorno de que necesitan su apoyo. Veo con optimismo la posibilidad futura de que logremos un desarrollo sostenible para la meta del milenio.

P. Usted hablaba de fomentar la gobernanza para lograrlo. Los expertos mencionan otras claves, como potenciar las producciones locales.

R. Los mercados locales son lo más importante de todo, el eje central que hay que movilizar. El redescubrimiento de los mercados locales a finales del siglo pasado fue el auge exportador. Todos los países pensaban en producir más para exportar. Incluso Europa inundó todos los mercados de excedente alimentario, y eso ha perjudicado a muchos países porque se produjo en numerosas ocasiones un dumping de precios con esos alimentos producidos gracias a muchos subsidios. Hoy estamos revalorizando los productos locales, las dietas locales. Hemos redescubierto productos típicos, como el garbanzo; estamos patrocinando el año internacional de la quinoa, el único producto que tiene todos los aminoácidos que necesita el ser humano y que consume muy poco agua, 100 veces menos que el trigo, y que en cambio tiene más valor nutricional. Si no seguimos dependiendo de cuatro o cinco grandes productos —el maíz, la soja, el arroz, y la papa— y nos diversificamos hacia los garbanzos, la quinoa, los frijoles, producidos con productores locales, podemos asegurar no solo la seguridad alimentaria, sino una gastronomía de calidad y de marca para cada país.

“Es el año de la quinoa, de alto valor nutricional y que consume poca agua”

P. Los objetivos de milenio solo se dirigen a los países en vías de desarrollo. ¿Y los ya desarrollados? Vemos cada vez más en países de los considerados ricos que aumenta el porcentaje de la población en riesgo de pobreza y de exclusión, e incluso de hambre. Pongamos el ejemplo de Portugal, Grecia, España, muy tocados por la crisis. ¿Se extenderán los nuevos objetivos a todos lo países?

R. Es un tema que se empieza a discutir, aunque no hay consenso. Pero yo quería decir que sobre todo países de Norteamérica (Canadá, Estados Unidos) y la mayoría de la UE siguen teniendo políticas muy activas de seguridad alimentaria. EE UU tiene un programa que garantiza la alimentación cotidiana a 15 millones de personas, Canadá tiene un sistema de bancos de alimentos que recogen todo aquello que se va a despilfarrar o que está a punto de caducar y lo distribuyen a través de un sistema privado que funciona de maravilla. Iniciativas como esas se pueden extender a casos como Grecia o Portugal. España ya tiene un sistema social bastante fortalecido, probado. No creo que sea el país que más necesite hoy día un programa así. Pero España es más un caso donde hay que mirar el tema de la calidad de la alimentación, la diversificación de la dieta y la recuperación de sus productos locales. Ahí podemos avanzar mucho en los países desarrollados.

P. ¿Cuál es el papel del sector privado? Algunas organizaciones han acusado a las empresas no solo de mirar hacia otro lado sino de poner palos en las ruedas en el combate al hambre a través de prácticas competitivas y financieras brutales.

R. Desde la FAO estamos haciendo un gran esfuerzo para acercarnos al sector privado. No hay manera de fortalecer la gobernanza sin involucrar al sector privado. Las grandes compañías son las que manejan los stock de productos, los trasladan de un lado a otro, y de alguna manera determinan la oferta y disponibilidad de alimentos en muchas partes del mundo. Hace un año y cuatro meses que estoy en la FAO y he visitado muchas empresas importantes del sector. Percibí que ellos tienen ganas de participar, y tienen dificultades para encontrar los caminos. Ahora tratamos de facilitar y abrir las puertas para ese apoyo. Tener compañías multinacionales importantes combatiendo el hambre va hacer la diferencia.

P. ¿Qué frutos se lograrán con la reunión de Madrid?

R. Esperamos que se pueda reafirmar el compromiso de garantizar que el primer objetivo del milenio, el de terminar con el hambre, sigue siendo la prioridad. Eso es fundamental. Creemos que si no logramos erradicar el hambre y la pobreza extrema no lograremos ningún otro objetivo. Es el primer motor, el primer objetivo. Hay otro tema importante que es reconocer que el combate del hambre y la malnutrición no es solo un tema agrícola y de producción, sino también de políticas públicas; lo que implica que otros sectores deben involucrarse. Hoy es muy importante la seguridad alimentaria, en el sentido de que hay que garantizar una alimentación sana y de calidad. Y un tercer elemento: el compromiso por una mayor gobernanza, estamos convencidos de que no podemos seguir cada uno por nuestro lado haciendo los esfuerzos. Tenemos que hacer más esfuerzos conjuntos, coordinados. Debe haber, y lo vemos cada vez más, un compromiso de las agencias, de los países donantes y receptores de trabajar juntos.

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