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MANU BRABO, PREMIO PULITZER DE FOTOPERIODISMO 2013

“Me aterra ver a amigos en paro”

El fotoperiodista Manu Brabo ha obtenido el Premio Pulitzer junto a cuatro compañeros de la agencia AP por su trabajo en Siria

El fotoperiodista Manu Brabo, en la playa de San Lorenzo (Gijón).
El fotoperiodista Manu Brabo, en la playa de San Lorenzo (Gijón).

Pregunta. Otra vez es noticia, como cuando le apresaron los gadafistas en Libia. ¿Cómo se lleva?

Respuesta. Mal, pero la diferencia es que de Libia vienes tocado y te da igual la gente, lo que importa eres tú y tu salud mental. Ahora no te puedes librar. No vas a ser el antipático que manda por ahí a todo el mundo, aunque te apetezca. Es agobiante, hay que volver al anonimato cuanto antes.

P. ¿Siente en ocasiones que le ven como a un temerario?

R . Cuando regresé a Libia, la agencia en la que trabajaba me preguntó si estaba seguro de que hacía lo correcto. Y les respondí: "Si quieres las fotos las coges y si no, ya me busco otro sitio". Me tuve que buscar otro sitio.

P. Pero, ¿es un temerario?

R. No lo soy. Un temerario no es un tío que va a hacer su trabajo, pero sí un japonés que va allí [a Siria] de vacaciones o un chaval que va a hacer prácticas. Puede haber acciones temerarias puntuales. El camino a la noticia no es fácil: hay que pasar calles con francotiradores, checkpoints, vadear ríos, atravesar alambradas, cruzar fronteras ilegalmente. La profesión es así, la historia implica ciertos sacrificios. Nadie te garantiza al 100% que vayas a pasar el obstáculo.

P. Alguna vez sí habrá pensado: "Joder, Manu...".

R. A veces pienso: "¡Si me viera mi madre hacer esto!". El minero que se tiene que meter en una veta, que no cabe casi, con el martillo neumático, ¿es un temerario? No, tiene que meterse a sacar carbón. Pues lo mismo.

P. ¿Es otro tras ver la guerra?

R. A raíz de lo de Libia, sobre todo, aprendes a valorar cosas como dar un paseo con tu viejo y tener una conversación de esas que hace tiempo no tienes, o irte al monte con tu hermana o a Berlín a ver a tu hermano, y que le den al mundo, porque te apetece. Se te clarifican las prioridades, porque el tiempo que tengo con la gente que quiero es más breve. No tengo tiempo para ser gilipollas con la peña, aunque lo sea, ni para que la peña lo sea conmigo, no tengo tiempo para rodeos.

P. Y el miedo, ¿es otro?

Perfil

Un buen día, Manuel Varela de Seijas Brabo decidió coger el dinero que se estaba gastando en estudiar en Madrid —en la Carlos III— y aprender de viaje. Nació en Zaragoza en 1981, pero su vida está en Asturias: se crió en Gijón y estudió fotografía en Oviedo. El 5 de abril de 2011, cayó en manos de un grupo de gadafistas en Libia. Pasó seis semanas preso. Pero siguió adelante. Su trabajo en la guerra siria le ha valido ahora el Premio Pulitzer.

R. Normalmente, te has levantado con el cañonazo de las seis, te has lavado la cara con agua fría, has pasado horas con un té y cigarros porque no ha ocurrido nada o has ido a no sé dónde porque había un bombardeo y, en lugar de eso, era una bombona de butano. Pasas de eso a tener aquí que ir al mercado, que te pille la vecina... A veces pienso que es como si tuviera un trastorno bipolar: la persona que eres allí y la que eres aquí. A mí me resulta más complicado el aterrizaje de allí a aquí que de aquí a allí.

P. ¿Por qué?

R. Allí es progresivo y aquí es repentino. Me resulta más fácil acostumbrarme a que las cosas vayan mal que a que vayan bien.

P. Pero el miedo cambia...

R. No te voy a decir que allí no tenga miedo, porque lo tengo, pero me adapto bien. Aquí siempre me he adaptado fatal, no sé qué hacer. Nunca me ha dado miedo que venga un pelamangos y me robe. Si pasa, pasa. Pero entre las cosas que me aterran está que mi hermana está en paro y se le va a acabar y a ver dónde se mete; ver a colegas que llevan un año y pico igual, eso me mina la cabeza porque pienso: "Voy a caer yo también". Da igual el Pulitzer, haber estado en esta guerra o en esta otra. Entonces me cojo la maleta y me piro. Me aterra la gente triste, apagada y resignada. Al otro lado la gente sufre, pero, joder, con la cabeza bien alta.

P. ¿Quería el Pulitzer?

R. Hombre, si me preguntan, digo: "Venga, va". Pero no quiero que me lo regalen, quiero merecerlo. Te lo planteas, lo sueñas...

P. ¿Le asusta que le cambie?

R. Lo único que quiero es que toda esta marea que se ha montado se pase. Es una sobrada. Quiero irme de vacaciones con mi señora y luego a El Cairo a currar. El trabajo por el que nos han dado el Pulitzer ya lo hice.

P. Trabaja para un medio extranjero. ¿Opción u obligación?

R. Obligación. Opciones, pocas. Tuve la suerte de conocer al jefe de AP en El Cairo.

P. ¿Le cabrea España?

R. No merece la pena, pero sí te pone triste porque hay profesionales con muchas ganas. El nivel en fotoperiodismo que tenemos es de lo más alto del mundo. Pero se decide que es mejor invertir en tonterías, como en el estallido de una olla en Barakaldo.

P. ¿Qué ve cuando mira Gijón tras semanas de guerra?

R. Paz, calma. Es la seguridad de que vas a poner una pierna delante sin pisar una mina; no me voy a meter en ningún terreno pantanoso, a no ser que haga el cabra y acabe subido por los coches, que no sería la primera vez. Sé que son las ocho y media y me voy con los colegas. Volver aquí es como volver al útero. Nada te asusta, nada te saca de tu rutina.