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Identificados los trazos genéticos de la malaria más resistente

La variante más peligrosa tiene un patrón "extremadamente alto de diferenciación" en su ADN

El hallazgo presenta, de momento, aplicaciones prácticas limitadas

Hace cuatro años saltaron las alarmas ante la aparición de una nueva forma de malaria muy resistente a los fármacos en la zona fronteriza entre Camboya y Tailandia. Más tarde, la Organización Mundial de la Salud (OMS) anunció un proyecto de ámbito global para tratar de frenar la extensión del parásito que provoca la enfermedad. Ahora, un grupo de investigadores ha identificado las características genéticas de esta variedad, que en realidad, según muestra un estudio publicado en Nature Genetics, son tres subpoblaciones diferenciadas.

Para llegar a la caracterización de estas familias de parásitos rebeldes, el trabajo, dirigido por Olivo Miotto, de la universidad de Oxford (Reino Unido), analizó los genes de 825 muestras tomadas en Asia y África de Plasmodium falciparum, la más mortal de las cuatro variedades del microorganismo responsables de la malaria. La secuenciación de todas ellos y la comparación de los resultados mostró que los parásitos resistentes a la artemisinina –el medicamento que mejores resultados ofrece frente a la infección- forman un grupo (dividido en otros tres) con un origen geográfico claramente delimitado en el oeste de Camboya y con “unos niveles extremadamente altos de diferenciación genética”.

“Es un artículo de una clara importancia académica, pero de aplicaciones prácticas limitadas”, matiza el especialista en malaria Alfred Cortés, del Centro de Investigación en Salud Internacional de Barcelona (CRESIB). El exhaustivo estudio elaborado por el equipo de Miotto ha establecido patrones genéticos globales, es decir, mutaciones a lo largo de la cadena de ADN del parásito (que tiene 5.000 genes) vinculadas en conjunto con su capacidad de generar resistencias. Pero no relaciona ninguna alteración concreta de forma directa con efectos en la capacidad del microorganismo de resistir a la medicación que pudieran convertirse en dianas específicas a las que dirigirse, atacar y debilitar la resistencia del microbio.

La artimisinina es una sustancia que se obtiene de la planta artemisa dulce y que se ha convertido en la punta de lanza farmacológica contra la modalidad de malaria más peligrosa para la salud. “Es el fármaco más importante con el que contamos”, relata Cortés, que destaca su eficacia y rapidez de acción. En 2009 se comenzaron a describir resistencias al medicamento. “Básicamente son de dos tipos”, relata el especialista del CRESIB. “En un caso, el tratamiento tarda más de lo habitual en hacer efecto; en otros, se cura al paciente y da la sensación que la terapia ha sido exitosa, pero al cabo de varias semanas vuelve a aparecer la infección”.

Nada nuevo en la lucha contra la malaria, que ha sido desde el siglo XIX la historia de un combate contra la capacidad de la enfermedad de hacerse fuerte contra los distintos medicamentos que se han desarrollado para tratarla. El ejemplo más reciente es la cloroquina, que fue el fármaco de referencia a lo largo de los últimos 30 años y que ha sido remplazado por la artimisinina, debido a que la mayoría de los parásitos son ahora resistentes a la molécula, “sobre todo en África”.

En el caso de la cloroquina sí está identificado el gen concreto donde hay que buscar las mutaciones (también definidas) responsables de la resistencia del parásito. Ese sigue siendo el objetivo con las resistencias relacionadas con la artemisinina. El trabajo publicado hoy es un paso en esta dirección.

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