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Fritzl, 5 años después

Elisabeth tiene hoy 47 años, ya no usa su apellido y vive con sus seis hijos-hermanos de espalda a los medios en Austria

El monstruo de Amstetten en su juicio en 2009. EFE

Hace cinco años y dos semanas que la policía liberó a Elisabeth Fritzl del sótano de su padre tras 24 años de encierro bajo la casa familiar de la localidad austriaca de Amstetten, en el Estado federado de Baja Austria. Josef Fritzl engendró con ella siete hijos que a la vez eran sus nietos. Tres de ellos pudieron compartir la vida en la superficie con Fritzl y su esposa, Rosemarie, que se tragó la historia de que eran hijos expósitos de su hija Elisabeth, a la que creía en una secta. Los otros tres supervivientes Kerstin, Stefan y Felix, que tenían 19, 17 y 5 años de edad cuando los liberaron, crecieron bajo tierra con Elisabeth en 18 metros cuadrados sin aire fresco ni luz natural, al principio también sin ducha ni calefacción.

Elisabeth tiene hoy 47 años y ya no usa el apellido Fritzl. Vive con sus seis hijos-hermanos en una localidad de otro land austriaco, que los medios austriacos evitan identificar. Un fotógrafo enviado hace tres años a cazar alguna foto de la familia contó al diario inglés The Independent que los vecinos del pueblo lo rodearon para pedirle que se marchase. El diario vienés Kurier comentaba hace dos semanas que, “aparte de algunos asaltos investigativos de medios británicos, la protección de la familia está funcionando bien”.

Elisabeth y sus hijos habitan una casa descrita como “bonita” y “confortable”, muy bien vigilada por cámaras de seguridad y situada en un pueblo pequeño en medio del campo cuyos habitantes parecen haberse puesto de acuerdo con las autoridades para evitar que las víctimas del monstruo de Amstetten sufran ahora el acoso de turistas morbosos o de reporteros sensacionalistas. El Estado austriaco pone la vivienda y les pasa una pensión mensual de 4.000 euros.

El abogado de las víctimas Christoph Herbst ha expresado su esperanza de que su cliente pueda seguir viendo discretamente en la misma casa. El sistema de protección de su intimidad es el resultado de la colaboración entre médicos, policía y empresas privadas de seguridad. Elisabeth no quiere pagar el precio que supondría su exposición a los medios o a la opinión pública.

Sigue tratamientos psicológicos y, según cuentan algunos periódicos, mantiene una relación sentimental con un hombre más joven que ella al que conoció cuando trabajaba en la empresa de seguridad encargada de su protección. Los hijos que tuvo con su padre están bien y algunos han terminado su formación. La mayor, Kerstin, tiene 24 años y es aficionada a la musca pop y a la moda. El segundo, Stefan, tiene 23, de los que pasó 17 bajo tierra. Aspira a ser capitán de barco. El más joven de todos tiene ahora 10 años, va a la escuela pública y apenas recuerda el caso.

Christine R., tía de Elisabeth y cuñada del monstruo, contó en 2010 al diario sensacionalista alemán Bild que “a la hija de Josef le gusta mucho ir de compras, porque no pudo hacerlo durante 24 años. Le encantan los vaqueros con adornos de vidrio. Aprobó el carnet de conducir a la primera y está buscando coche. Todos los niños van a la escuela y estudian con aplicación”. Dice que al salir del sótano percibió “de una sola vez” todas las subvenciones por hijo que el Estado no pagó durante 24 años: “60.000 euros” que le ayudaron a establecerse y a adquirir juegos y ropa para sus hijos.

En cuanto a Josef Fritzl, el monstruo, puede decirse que su aspecto durante el juicio en 2009 era mucho menos amenazador en persona que en las fotos distribuidas por la policía. Algunos periódicos austriacos cuentan que hoy padece una leve demencia. Su nombre quedó asociado a este tipo de horrores y sonará tras cada liberación de mujeres secuestradas y martirizadas en cualquier lugar del mundo. Los secuestradores serán “el Fritzl de Ohio” el de Brasil

El original tiene 78 años y vive en la prisión para enfermos criminales de Stein, en Austria. Es un complejo poco estricto, donde los internos viven con la puerta abierta, tienen su propia cocina y pueden ducharse a diario. Disfruta de una mesa de ping-pong en la “vivienda” que comparte con otros reclusos. Según las autoridades austriacas, la intención es mantenerlo activo y sano durante todo el tiempo que sea posible. No lo consideran violento ni un peligro para la seguridad de la prisión, que no abandonará con vida. Al parecer se ha divorciado de Rosemarie, enfadado porque no quería visitarlo.