España expulsa al talento

Hay científicos que emigran tras ser rechazados por un sistema sin recursos

Peligra el relevo generacional

Protesta por los despidos del centro de Investigación Príncipe Felipe, en noviembre de 2011. / CARLES FRANCESC

La comunidad científica viene haciendo la misma advertencia desde hace tiempo: los recortes pueden llevarse por delante un sistema de investigación que ha costado mucho esfuerzo, muchos años y mucho dinero levantar, con organismos y proyectos que se tambalean bajo la tijera y los retrasos y, sobre todo, porque se cierran las posibilidades de renovación generacional en lo que cada vez más voces llaman “fuga de cerebros”. Y no solo hay fugas voluntarias, hay también científicos a quienes el sistema español expulsa poniendo en riesgo ese relevo que exige, según los expertos, una gran masa crítica de alto nivel.

Nuria Martí, de 33 años, es uno de los ejemplos de esa cantera que se ve obligada a salir de España por culpa de los recortes en subvenciones públicas para I+D —de 1.400 millones de euros (31%) entre 2009 y 2012, según la Confederación de Sociedades Científicas de España (Cosce)—. Martí fue despedida del Centro de Investigación Príncipe Felipe (CIPF) de Valencia en 2011 y ahora acaba de firmar uno de los trabajos más importantes de los últimos años sobre células madre. Lo ha hecho en su nuevo trabajo, en la Oregon Health & Science University, en Estados Unidos.

También ha tenido mucha resonancia la historia de Diego Martínez (30 años), recién nombrado mejor físico europeo joven por la Sociedad Europea de Física, pero no ha conseguido la beca que solicitó del Programa Ramón y Cajal para que científicos de excelencia abran y dirijan nuevas líneas de investigación. Martínez y el resto de candidatos rechazados aún pueden recurrir.

Ni los cajales en activo ni los investigadores más veteranos consultados cuestionan el sistema de selección, basado en criterios internacionales, de las convocatorias competitivas en ciencia. Lo que observan y denuncian, simplemente, es que con los recortes, cada vez más jóvenes brillantes se quedan fuera. En 2011 se ofrecieron 250 ayudas y en 2012, 175. Ocurre lo mismo con el programa Juan de la Cierva, dirigido a facilitar a los jóvenes el acceso a la carrera investigadora: han pasado de 350 a 225. En 2004, fueron 3.255 candidatos para 650 plazas en ambos programas; ahora, han sido 5.032 para 400 plazas. Las convocatorias predoctorales de las autonomías también han sufrido grandes recortes, cuando no se han eliminado, los últimos años.

“En Historia Contemporánea se han dado dos becas y se han quedado fuera seis o siete personas que en otro momento hubieran entrado y de las que el sistema se hubiera beneficiado”, asegura Enrique Moradiellos, catedrático de Historia de la Universidad de Extremadura. Moradiellos ha formado parte de una de las comisiones que han juzgado a los candidatos a Ramón y Cajal, destinado a investigadores capaces de atraer dinero para proyectos y dirigirlos. Los solicitantes tienen que haber completado la tesis en los últimos 10 años. Las comisiones que conceden las ayudas tienen en cuenta la cantidad y calidad de publicaciones y su impacto internacional, si se han dirigido grupos, las estancias en el extranjero… El primer informe sobre los candidatos lo hace un científico anónimo (lo que se llama peer review, revisión entre iguales). Con él empiezan a examinar las comisiones de expertos nacionales e internacionales de reconocido prestigio que se fijan para cada área de conocimiento. La beca dura cinco años y el objetivo, en principio, es que estos investigadores consigan una plaza estable y se queden en España.

Un portavoz del Ministerio de Economía, donde se adscribe la secretaría de estado de Investigación que dirige Carmen Vela, señala que aunque se han ofrecido menos plazas, el monto ha aumentado de 45,9 millones a 54 millones (para cinco años de beca) para elevar el dinero de personal y equipos y el compromiso de estabilización una vez que termine el periodo de la ayuda.

Pero en este contexto de recorte sobre recorte, nadie se fía y cunde el “desánimo”, asegura Joaquim Casellas, investigador de 34 años del Programa Ramón y Cajal en la Autónoma de Barcelona. “Los que estamos, vemos peligrar el compromiso de estabilización y los que quieren entrar ven que cada vez hay menos plazas”, añade. Él había dirigido equipos como investigador principal cuando le dieron la beca en 2009, había pasado un año en la Universidad de California-Davis (puntera en Ganadería) y tenía 20 artículos científicos publicados. Cuenta por teléfono que los procedimientos de selección le parecen “bastante razonables”, pero admite: “Ahora hubiera tenido muchos problemas para conseguir la ayuda”. A todo ello se suma el retraso. Si acaba de resolverse ahora la convocatoria de cajales de 2012, es posible que no se firmen los contratos hasta finales de 2013, lo que puede dejar en la cuneta a quienes no pueden esperar tanto.

Moradiellos responde un rotundo “sí” cuando se le pregunta sobre si hay fuga de cerebros. El ministerio dice que no hay datos suficientes para poder decir eso. “El trasiego de talento es normal. El talento va a donde hay recursos, y donde puede brillar y desarrollar empresa, o bien se queda donde no los hay, y entonces suele languidecer. Se sabe de siempre. Retener talento en España mediante el mantenimiento de un buen nivel de posibilidades es el mejor regalo que el país se puede hacer para asegurar un futuro entre líderes, no entre rémoras”, señala el biólogo Joan Massagué, que trabaja en Estados Unidos.

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