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La Asociación Americana de Psiquiatría publica su 'biblia' en pleno debate

Para los más críticos, el nuevo manual DSM-5, en algunos casos, define la conducta normal como patológica

Nuevo manual DSM-5.
Nuevo manual DSM-5.

La Asociación Americana de Psiquiatría (APA, por sus siglas en inglés) ha presentando este sábado de forma oficial la nueva edición del Manual Diagnóstico y Estadístico de Enfermedades Mentales, DSM-5, lo que supone su primera actualización desde 1994, durante su Congreso Anual que está teniendo lugar estos días en San Francisco. Aunque el lanzamiento del manual, tintado de debate durante los últimos años, se produjo ayer viernes mediante un comunicado de prensa en el que su contenido definitivo fue desvelado. Conocido como la biblia de la psiquiatría y usado por millones de profesionales en todo el mundo, el nuevo manual pretende reflejar "casi dos décadas de avances científicos y experiencia clínica”, según ha explicado en rueda de prensa David Kupfer, presidente del grupo de trabajo del DSM-5.

Unas 900 páginas, más de 300 enfermedades mentales que, para los más críticos, provocará un exceso de diagnósticos y, a veces, equivocados, el tratamiento farmacológico de conductas normales y el abuso de la prescripción de medicamentos. “En algunos casos, el DSM-5 convierte las conductas normales en enfermedades mentales”, ha explicado la psicoterapeuta Gary Greenberg, participante en el debate de los propuestas del DSM-5, a The Huffington Post.

Una postura sobre la que la APA disiente. "Creemos que los cambios elaborados ayudarán a los médicos y a los profesionales de la salud a identificar con mayor precisión los trastornos mentales, y que así mejore su diagnóstico y tratamiento”, ha proseguido Kupfer. "Esperamos que también consiga que los profesionales de la salud atiendan mejor a sus pacientes y que faciliten una mayor comprensión de estos trastornos".

Desde la publicación de la primera versión del DSM en 1952, este manual siempre ha atraído la controversia. Tanto esta versión como la siguiente, publicada en 1968, definían las enfermedades mentales como una respuesta neurótica causada por la propia experiencia del paciente y su entorno. Esta premisa provocó que en años sucesivos se diagnosticaran casos de esquizofrenia de forma innecesaria, sobre todo en EE UU, según informa The New York Times. De 1980 a 1994 esto cambió, aunque los psiquiatras desconocedores de los procesos psicológicos -aquellos que no son visibles por la observación directa del paciente- basaron sus criterios diagnósticos en los síntomas.

Una pauta que según los creadores del DSM-5 han intentado paliar en esta nueva edición. A lo largo del manual, los trastornos se enmarcan en tres contextos: la edad, el género y las expectativas culturales. Además, ahora las enfermedades mentales se organizan según su aparición durante el desarrollo del ser humano, de forma que ya no "se diferencian entre trastornos propios de la infancia, de la adolescencia o de la edad adulta, sino que se incluyen dentro de un continuo", explica la APA; “ello permitirá especificar el grado de severidad de cada trastorno”.

Además de perder por primera vez los números romanos en su nomenclatura –las anteriores versiones se nombraban como DSM-III o DSM-IV entre otras-, entre las principales novedades del DSM-5 está la desaparición de trastornos como el autismo y el síndrome de Asperger que pasan a formar parte de una misma categoría: Trastornos del Espectro Autista. Además, y por primera vez, se incluyen el Trastorno por Atracón, el Trastorno de Acaparamiento y el Trastorno de Estado de Ánimo Disruptivo y No Regulado.

El Trastorno de Acaparamiento se define como "la dificultad persistente de desechar bienes, independientemente de su valor" –por ejemplo, las personas que padecen Síndrome de Diógenes-. Por su parte, las personas que sufren Trastorno por Atracón son definidas como aquellas que comen en exceso más de 12 veces en tres meses, y los que padecen Trastorno de Estado de Ánimo Disruptivo y No Regulado son niños "que muestran irritabilidad persistente y arrebatos tres o más veces a la semana durante más de un año".

Algunos puntos a debate

-La combinación de una serie de trastornos como el autismo o el síndrome de Asperger en una sola categoría no es adecuada, según muchos expertos. Aunque muchos médicos creen que la nueva categorización de estos trastornos en un continúo, de leve a grave, permitirá hacer diagnósticos más precisos, otros opinan que las personas autistas que cuenten con un alto funcionamiento no podrán acceder a servicios o tratamiento. "Estamos preocupados por aquellos que con el síndrome de Asperger no vayan a recibir los cuidados que merecen, cuando en su mayoría siguen necesitándolos para mejorar su calidad de vida”, aseguró Karen Rodman, presidenta y fundadora de Familias de los Adultos Afectados con el Síndrome de Asperger, a The New York Times. "Muchas personas con este síndrome sufrirán el estigma social de ser considerados como autistas", añadió Rodman.

- El cambio en los criterios diagnósticos del Trastorno de Déficit de Atención e Hiperactividad, puede provocar un exceso de diagnósticos. Entre las modificaciones se incluyen el padecer algún síntoma antes de los 12 años, y no a los siete como se exigía hasta ahora (con ello aumenta el periodo para poder diagnosticar), se reduce el número de síntomas necesarios para el TDAH de seis a cinco y basta con que estos tengan un impacto en las actividades diarias para ser diagnosticados, en lugar de ser la causa de estos comportamientos.

- La nueva categoría denominada Trastorno de Estado de Ánimo Disruptivo y No Regulado que se aplica en niños con altos niveles de irritabilidad, con unos criterios muy parecidos a los del Trastorno Bipolar y Trastorno Depresivo Mayor en los adultos. Aunque la categoría se ha creado para lidiar con el aumento patente de estos últimos trastornos en menores, existe la preocupación de que algunos médicos diagnostiquen simples rabietas como una enfermedad mental tratable.

-La separación de los Trastornos Compulsivos en categorías independientes, como es el caso del Trastorno de Acaparamiento o la Tricotilomanía. Por ejemplo, en cuanto al trastorno por Acaparamiento, los expertos discuten que este paso se haya producido más por la aparición en los medios de comunicación de una gran cantidad de casos de personas con Síndrome de Diógenes -aquellos que recolectan basura de forma enfermiza- que por una verdadera necesidad social de que exista una categoría que lo defina como enfermedad mental.

- La eliminación de "presencia de duelo" en los criterios del Trastorno Depresivo Mayor que describía a aquellos pacientes que tras la pérdida de un ser querido sufrían síntomas depresivos durante dos meses o menos. Ahora, si un padre se siente triste durante más de dos semanas porque su hijo ha sido asesinado, este hombre padecerá una enfermedad mental; ya que el DSM-5 explica que “la incapacidad de sentir placer o felicidad” es un criterio diagnóstico para padecer este tipo de depresión.

- Nombrar a los pensamientos y sentimientos recurrentes de dolor u otra molestia como Trastorno de Síntoma Somático puede afectar a la salud, como es el caso de los pacientes que padecen cáncer. Los más críticos aseguran que este término describe reacciones normales a una enfermedad y no algo propio de un trastorno mental.

También en esta edición, se incluye la adicción al juego como trastorno independiente (entre sus categorías está la adicción al juego en Internet, una acción que para muchos expertos merece una investigación más profunda). Por último, la transexualidad deja de ser definida como enfermedad mental aunque en la nueva edición de la biblia, se conserva la Disforia de Género, explicada como la angustia que sufre una persona que no identifica su género con su sexo.

Los más críticos señalan que estas modificaciones provocarán que se diagnostique a una persona que, por ejemplo, siente dolor severo tras la muerte de un ser querido -que incluye tristeza extrema, disminución del apetito, fatiga e incapacidad de conciliar el sueño- con Trastorno Depresivo Mayor; o que alguien que come en exceso se le diagnostique con un Trastorno por Atracón. “Las personas serán etiquetadas como enfermos mentales cuando lo que presentan es una leve variación de la conducta humana normal”, ha reiterado Greenberg.

Estos cambios llevaron a la organización más importante de salud mental de EE UU a criticar el DSM-5 por la “falta de validez”, según explicó Thomas Insel, director del Instituto Nacional de Salud Mental (NIMH, en sus siglas en inglés), en su blog el mes pasado. “Una vez más, el manual basa su diagnóstico en los síntomas, y estos rara vez son la mejor indicación para elegir el tratamiento más adecuado. Por ejemplo, las alergias y la gripe comparten muchos síntomas, pero ningún médico intentaría tratar la gripe con antihistamínicos. Los pacientes merecen algo mejor”, aseguró Insel que también dijo que el NIMH reorientaría su investigación alejado de las categorías del DSM.

A mediados de mayo, el NIMH y la APA publicaron un comunicado conjunto en el que explicaban: “Los pacientes, las familias y las compañías proveedoras de seguros sanitarios pueden confiar en que hay tratamientos disponibles y que el DSM es clave para ofrecer la mejor atención posible”. Sin embargo, el anuncio también añadió: “El NIMH no ha cambiado su posición con respecto al DSM-5”.

En su elaboración, un proceso oficial que ha durado seis años y ha costado más de 25 millones de dólares, han participado más de 1.500 expertos de 39 países. Cada cambio ha sido discutido en Internet. La propuesta planteada por la APA ha recibido más de 13.000 comentarios de defensores de la salud mental (organizaciones sin ánimo de lucro y asociaciones de defensa de los pacientes), profesionales y organizaciones médicas desde 2010, y cada una de las opiniones ha sido a su vez revisada por un grupo de trabajo del DSM-5.

"Las variaciones futuras que se produzcan se regirán por la propia evolución de la investigación de los trastornos mentales. El DSM-5 no es una publicación estática sino dinámica, que irá acorde con estos avances", han concluido desde la APA. Por primera vez en la historia de este manual habrá, además de una versión impresa, una digital disponible a finales de 2013.

Los precios en EE UU variarán desde los 149,25 dólares que pagan los miembros de la APA hasta los 199 dólares que le costará a cualquier persona que no forme parte de dicha organización. A pesar de su precio elevado se espera que el manual sea un best seller. Una de sus versiones anteriores, el DSM-IV, llegó a vender más de un millón de copias en todo el mundo en 1994. La nueva biblia saldrá a la venta el próximo 22 de mayo: eso sí, como siempre y desde hace 60 años, acompañada de controversia.

Varias organizaciones pertenecientes al Open Paradigma Project, entre ellas Occupy Psychiatry, Law Project for Psychiatric Rights y California Client Action Workgroup, han creado una iniciativa denominada Occupy the APA que consiste en una protesta contra el DSM- 5 que tendrá lugar este domingo en San Francisco, mismo lugar donde se celebra estos días el Congreso Anual de esta organización.