“Los depredadores de tortugas baulas van ganando la batalla”

Los ambientalistas se retiran de la playa del Caribe costarricense donde fue asesinado uno de los suyos

San José (Costa Rica) 2 JUN 2013 - 22:28 CET

El fallecido Jairo Mora y su amiga Vanessa. / (Imagen decida por Vanessa Lizano)

En esta playa del Caribe costarricense, los saqueadores de huevos de tortuga van armados conduciendo vehículos nuevos todoterreno mientras que los ambientalistas aceleraban una camioneta vieja esquivando obstáculos puestos por sus rivales para hacerlos llegar demasiado tarde a los nidos de tortugas baulas. Aceleraban. Ya no aceleran porque la contienda en esta playa de la provincia de Limón se suspendió después de que el ambientalista Jairo Mora fuera asesinado el viernes en zona de guerra.

Queda su amiga Vanessa Lizano, que ahora reconstruye los meses de enfrentamiento, las persecuciones con machetes, los asaltos, las balaceras, las amenazas de muerte y el abandono de las autoridades en este pueblo llamado Moín, un muestrario de la riqueza natural costarricense mezclada con la pobreza de sus pobladores y la presencia indudable de las redes de tráfico de cocaína. Ella era la socia y colega del joven de 26 años cuyo cuerpo hallaron al amanecer del viernes con un balazo en la cabeza, aunque en los últimos meses lo acompañaba menos porque, tras amenazas directas, ella prefirió trasladarse a la capital para matricular a su hijo en otra escuela.

“Les estábamos ganando. Éramos algo serio a pesar de que trabajamos con las uñas, sin apoyo de la Policía ni del Gobierno, enfrentando a esa gente que tiene todos los recursos. Ahora ellos, los depredadores de tortugas baulas, van ganando la batalla. Se quitaron de encima a Jairo, que era un gran obstáculo porque no se guardaba nada. Conocía mejor que nadie las tortugas y la playa. Por eso se fueron directo contra él”, dice Lizano, copropietaria del refugio donde se alojaban esporádicos voluntarios extranjeros. Entre ellos estaban las tres estadounidenses y la veterinaria española que acompañaban a Jairo en la noche del jueves, antes de la emboscada. A ellas las retuvieron en una casa abandonada y a él, conocido por todos sus rivales por rostro, nombre y apellido, lo mataron de un balazo, sin que hasta este domingo hubiera sospechosos capturados.

Con esta noticia acabó de conocerse la contienda violenta en la playa costarricense donde llegan las tortugas baulas, una especie en extinción que puede llegar a medir dos metros y depositar huevos enormes que después se venden ilegalmente en las calles, con el mito de que poseen propiedades afrodisíacas. Ese es el tesoro por el que se enfrentaban Jairo Mora Sandoval y su amiga Vanessa con el apoyo de la organización Widecast. A veces llegaban a los nidos al mismo tiempo que los saqueadores. Otras veces debían negociar en plena oscuridad. En otras, los hueveros enseñaban sus armas y los conservacionistas pedían que al menos los dejaran tomarle medidas al animal, para las bitácoras. “No había una sola noche en paz”, contó Vanessa.

Así transcurrieron cientos de jornadas nocturnas en esta playa donde los patrullajes ambientalistas y policiales se hacían en conjunto tiempo atrás, pero no en este año. “En 2012 y en este año siempre tenían un pretexto para no acompañarnos. Este mismo jueves había policías en la playa. Jairo los vio y ellos lo vieron, pero hasta ahí”. No había respaldo oficial en esta playa que, además, carece de protección gubernamental, lo que hizo al ministro de Ambiente, René Castro, decir horas después del asesinato que su Ministerio no es responsable de vigilar esa zona.

Los saqueadores pueden conseguir un botín de hasta 700 dólares por noche

“Esto es un paraíso dejado a su suerte. Aquí se ven tortugas copulando y tiburones que se acercan. Pumas y lo que usted quiera. Por eso estábamos aquí, pero ahora el proyecto está suspendido. No podemos trabajar así. Tenemos que pensar bien cómo hacemos para reorientar la pelea, para que siga viva la causa por la que luchó mi negro”, dijo Vanessa en referencia a su amigo de pocas carnes y rostro expresivo que nunca creyó que se cumplieran las amenazas en su contra.

“Esos perros no nos van a ganar”, solía decir el joven que conocía bien la sensación de ser apuntado por armas de fuego. Esa frase la repitió por mensaje de texto en uno de los últimos contactos que tuvo con su amiga Vanessa. Se refería a un grupo de unos 40 saqueadores que frecuentan la playa de casi 18 kilómetros. Esta es la zona de mayor anidación de tortugas baulas de Costa Rica, destino de muchos turistas que viajan para ver los espectáculos naturales de desoves. En esta misma playa, Jairo contó 1474 nidos en el año 2012, toda una mina para los hueveros, que pueden ganar 100 dólares por cada depósito y saquear hasta siete nidos por noche. Un botín de 700 dólares que nadie protege.

“Moín está solo y están masacrando tortugas”, se quejaba Didier Chacón, director de Widecast, en la noche del sábado por televisión mientras Vanessa velaba a su amigo en un pueblo playero al sur del Caribe tico. A esa misma hora, un grupo de personas hacían una vigilia en homenaje a Jairo, una especie de héroe de la lucha por la protección ambiental privada en este país reconocido en el exterior por sus prioridades ecológicas. Estaban ahí algunos de los 200 voluntarios que cesarán su labor en distintos proyectos relacionados con Widecast, que financiaba su trabajo en Moín con dinero de la Agencia de Estados Unidos para el Desarrollo Internacional (USAID).

Chacón también lamenta la respuesta del Gobierno. “El único acercamiento ha sido una llamada de un subalterno del Ministerio de Ambiente para proponer el nombre de Jairo para un premio que dan ellos. Ahora me dicen que la Policía tiene tomada esa playa pero puedo suponer que en tres días volverán a dejarla sola. Uno habría esperado que alguien del Gobierno llamara para expresar solidaridad pero no ha ocurrido”, dijo Chacón a EL PAÍS.

Rendidos por la muerte de Jairo y fortalecidos con el apoyo popular tras la noticia del crimen, los ambientalistas de Moín llevarán su lucha al ámbito político, para presionar por una declaración de protección a la playa. También presionarán para endurecer la ley que prohíbe el comercio y el consumo de huevos de tortuga baula, declarada “críticamente en peligro de extinción” por la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (IUCN en inglés.) En los últimos 15 años se redujo en 90% la población de esta especie en el mundo.

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