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Los fondos de inversión saltan al campo de juego

La crisis de los clubes impulsa el negocio de unas entidades que ya controlan al menos 54 jugadores en España

La Liga se plantea regular estos instrumentos de gestión

Neymar saluda a los aficionados en su presentación con el Barça. Ampliar foto
Neymar saluda a los aficionados en su presentación con el Barça. REUTERS

Neymar y Falcao comparten algo más que el ser dos de los grandes fichajes de lo que va de verano. Son también el ejemplo extremo de un negocio, el del fútbol, donde misteriosos fondos de inversión, jeques y millonarios rusos e intermediarios de todo tipo parecen tener cada vez más fuerza y donde los clubes, incluso algunos de los grandes, no aciertan a explicar de forma coherente sus grandes operaciones a pesar de intentarlo.

 ¿Cómo justificar que un jugador como Falcao, protagonista en los tres últimos títulos del Atlético —Liga Europa, Supercopa y Copa del Rey— renuncie a la oportunidad de jugar su segunda Champions para recalar en el Mónaco, un recién ascendido a la Primera francesa que ha recibido una enorme inyección de dinero del multimillonario ruso Rybolovlev? El Atlético, que contó con la ayuda de Doyen, una empresa que invierte por diferentes vías en el fútbol —patrocinios, fondos o financiando operaciones de fichaje— para hacerse con los servicios del colombiano, solo explicó el día de su venta que había ingresado 45 millones por el traspaso. En el inesperado destino final de Falcao se han entremezclado los 14 millones de euros que percibirá en Mónaco, las necesidades de caja del Atlético, los intereses de su agente (Jorge Mendes), que está abasteciendo de jugadores el proyecto del millonario ruso como ya hizo en el Chelsea Abramovich, y los deseos de la familia. Con todo, la elección del club monegasco por Falcao, en la cima de su carrera, deja en la afición la sensación de confusión que suele rodear a todas las operaciones relacionadas, de una manera u otra, con fondos de inversión.

La misma confusión se advierte en el caso del fichaje del brasileño Neymar, presentado en Barcelona la semana pasada como la gran estrella que es. El club azulgrana cifró en 57 millones el coste del jugador, aseguró que la operación se había hecho sin intermediarios y se aferró a una cláusula de confidencialidad para no detallar el reparto de ese dinero entre el club vendedor (el Santos) y tres empresas (DIS, TEISA y N&N), que poseían parte de los derechos económicos del jugador.

El Barça y el Madrid pueden permitirse no tener que recurrir a estos fondos, gracias a su fortaleza económica y deportiva. Pero hasta una docena de clubes de Primera y Segunda División, ahogados económicamente, con los bancos cerrados en banda y con las Administraciones en retirada, han encontrado en los fondos de inversión e instrumentos similares el camino para fichar talentos que de otra manera no podrían permitirse. Hasta 54 jugadores no son propiedad al 100% de sus clubes, y un histórico como el Sporting de Gijón ha puesto parte de su cantera en manos de uno de estos inversores. El fenómeno, aunque no es solo español, se ceba en una Liga en crisis; preocupa y mucho a la UEFA, que aboga por prohibir estas fórmulas; y divide al mundo del fútbol. El nuevo presidente de la Liga de Fútbol Profesional (LFP), Javier Tebas, defiende su regulación.

El primer caso sonado en España fue Roberto. El portero llegó al Zaragoza procedente del Benfica en el verano de 2011, poco después de que el club español se declarara en suspensión de pagos. El Zaragoza era incapaz de pagar sus deudas, pero alguien estaba dispuesto a poner encima de la mesa 8,6 millones (100.000 euros más de lo que un año antes había pagado el club portugués al Atlético) para hacerse con los servicios del guardameta. En realidad no fue el club quien pagó sino un fondo de inversión.

Las empresas del sector ganan más cuanto más fichajes cierren

Los fondos suelen invertir en jugadores jóvenes con proyección, no suelen comprar más del 50% de sus derechos económicos, de tal forma que comparten el riesgo con el club, y se llevan la parte proporcional de la plusvalía que generan sus futuros traspasos. En caso de que el jugador no sea vendido en un plazo establecido —cuatro años es un periodo habitual— el club devuelve el dinero con intereses.

La fórmula empezó en América Latina, y aunque está prohibida en Inglaterra, Francia y Polonia, lleva años extendiéndose por Europa y funciona a toda máquina en Portugal, donde los grandes clubes cuentan con sus propios fondos de inversión, la mayoría ideados por el Banco Espirito Santo. Creado en 2009, el fondo está participado en un 15% por el propio club —así gana dinero por dos vías con cada venta— y ha dado una rentabilidad del 35% a sus inversores en tres años, según los dirigentes del equipo.

Los detractores temen que se actúe contra la voluntad de los jugadores

Desde la operación de Roberto, el mercado, aún muy incipiente, se ha avivado en España, en buena parte animado por Doyen, el fondo radicado en Malta que empezó con patrocinios en las camisetas del Atlético, Sporting y Getafe, y es el fondo más activo en la compra de trocitos de jugadores en la Liga, como demuestran las operaciones con los sevillistas Stevanovic, Botía o Kondogbia, por poner solo tres ejemplos, y que anuncia entre sus cromos al atlético Falcao, uno de los protagonistas del verano. La diferencia con Portugal es que, mientras que allí los clubes cotizan en Bolsa y están obligados a informar de sus acuerdos económicos, en España son un misterio y no hay forma de que un aficionado sepa de quién es el jugador y en qué porcentaje.

De Tévez a Mendes

El sistema.La posesión de parte de los derechos económicos de los jugadores por un tercero, que puede ser un fondo de inversión pero también un agente deportivo o un familiar, por poner solo varios ejemplos, es habitual en América Latina. En Europa su extensión ha sido más reciente y más polémica. Estos son algunos ejemplos:

Tévez y Mascherano. En 2006, el West Ham fichó a los dos jugadores argentinos procedentes del Corinthians brasileño. Esos traspasos están en el origen de la prohibición de los fondos de inversión por la Premier.

Fondos portugueses. En la Comisión Nacional del Mercado de Valores portuguesa hay registrados tres fondos que invierten en futbolistas: Benfica Stars Fund (que tiene participaciones en los derechos económicos de Garay y Nolito, entre otros, y los tuvo de Di María y Coentrão hasta que estos ficharon por el Madrid), Sporting Portugal Fund (Capel y Jeffren) y el Soccer Invest Fund.

Jorge Mendes, uno de los agentes más poderosos del mundo, ha asesorado al fondo de inversión Quality Sports Investments.

“No tenemos nada que ocultar. Cumplimos rigurosamente las normas. Adelantamos el dinero y no hay ninguna pistola encima de la mesa”, aseguró Nelio Lucas, responsable de Doyen en España, escoltado por los agentes Juanma López y Mariano Aguilar, en un seminario de la Catédra de Derecho Deportivo de la Universidad Rey Juan Carlos en Las Rozas (Madrid). Lucas no da entrevistas.

Sin embargo la UEFA no lo ve tan claro. Para el máximo organismo del fútbol europeo los fondos son peligrosos por razones morales —pueden obligar a un jugador a cambiar de equipo contra su voluntad y existe una resolución reciente del Tribunal de Arbitraje Deportivo que condena estas prácticas—; deportivas —pueden poner en riesgo la integridad de la competición porque tienen intereses en equipos rivales—; su modelo de negocio favorece la inestabilidad de los jugadores —cuanto más se muevan, más ganan—; y, sobre todo, “son incompatibles con las normas de juego limpio financiero”, que pretenden que los clubes se financien con ingresos más estables.

Los detractores, entre los que están también la FIFA y el sindicato de jugadores AFE, advierten además que estas entidades inflan el mercado y provocan la descapitalización del club, que renuncia a uno de sus activos, la plantilla. Como dice una fuente que pide no ser identificada: “Es pan para hoy y hambre para mañana”.

Contra la decisión de prohibirlos se levantan estos hombres de negocios y muchos clubes, necesitados de ayuda. “El futuro en el fútbol, no solo en España, es que los fondos colaboren con los clubes”, aseguró Carlos Suárez, presidente del Valladolid, en Las Rozas, haciéndose eco del sentir de muchos de sus colegas. Incluso el nuevo presidente de la Liga, Javier Tebas, asegura que los fondos ya han evitado la quiebra de algún club español y defiende la regulación, establecer algún límite y controlarlos, pero no su prohibición. Entre los límites que sugiere Tebas está el número de jugadores que un fondo puede tener en un mismo club, en el campeonato, jóvenes...

“Como en todos los sectores, hay buenos y malos fondos. Lo mejor sería regularlos, porque la mayoría están auditados”, aseguran Alfredo Garzón y Javier Ferrero, de Senn, Ferrero, Asociados, el despacho más activo en este mercado y que representa a Doyen. “Nuestros clientes tampoco tendrían ningún problema en hacer pública la información al regulador, como hacen los clubes portugueses y como se hace en España ante la Liga. Pero muchos clubes tienen miedo de ir más allá porque los aficionados no suelen entender estas operaciones”.

La avanzadilla argentina

Dicen los expertos que Argentina es uno de los mercados donde más inversores ajenos a los clubes, esos que los anglosajones llaman third-party ownership, controlan jugadores. Y de ese país viene la última innovación en la materia. A través de una resolución de la AFIP (la Agencia Tributaria argentina) aprobada a principios de año con la finalidad de evitar las operaciones con dinero negro en el fútbol argentino se obliga a todos los clubes a realizar todas las operaciones de traspaso a través de cuentas bancarias y se crean dos registros novedosos: uno de representantes y otro de inversores. Este último promete arrojar algo de luz en el sector, que hasta ahora solo había sido regulado en el artículo 18 bis del reglamento de traspasos de la FIFA, que prohíbe la intervención de un tercero y que, según los expertos, no ha tenido gran incidencia en el mercado. En el caso argentino, los hombres de negocios del fútbol deben comunicar cada operación con un jugador, identificarle físicamente, así como la fecha de la operación, el porcentaje de participación, el dinero desembolsado y la fecha de recuperación de la inversión. De no hacerlo, la norma obliga a los clubes, que actúan como recaudadores, a aplicar la máxima retención del impuesto de ganancias (el 35% sobre el 90% de la operación). Si está debidamente registrado la retención se reduce al 17,5%.

“Tenemos hombres de negocios con mucho poder económico, y clubes empobrecidos”, dijo Richardo Echegaray, responsable de la AFIP, en la presentación de la nueva norma, según recogen los medios argentinos; “y ese poder económico muchas veces termina condicionando el poder de la política deportiva”.