‘The New Yorker’ dedica su portada a la causa gay, con Epi y Blas como icono

La prestigiosa revista norteamericana escoge a los personajes infantiles como icono para celebrar la sentencia a favor del matrimonio homosexual

Portada de la segunda semana de julio de 'The New Yorker'.

El semanario The New Yorker ha celebrado la histórica decisión del Tribunal Supremo de EE UU a favor de los derechos de los matrimonios homosexuales con una imagen de los personajes de Barrio Sésamo, Epi y Blas (Beto y Enrique en América Latina), abrazados frente a una pantalla de televisión con los nueve jueces del alto tribunal. La portada que sugiere que la pareja de marionetas es gay ha generado una marea de comentarios a favor y en contra de la elección de la revista.

La portada ha sido diseñada por Jack Hunter, quien publicó el dibujo en Tumblr, antes de que The New Yorker la utilizara para el número de esta semana, bajo el título: Un momento de felicidad. “Es muy emocionante constatar cómo la actitud hacia los derechos de los homosexuales han evolucionado a lo largo de mi vida”, comentó el artista a la revista. “Es genial para nuestros hijos, un momento que debemos de celebrar”, recalcó en alusión a la sentencia del Supremo del pasado miércoles que declaró esta semana inconstitucional la parte de la Ley de Defensa del Matrimonio (DOMA) que definía el matrimonio como una unión sólo entre un hombre y una mujer, impidiendo a las parejas casadas homosexuales recibir los mismos beneficios federales que las heterosexuales.

La ilustración juega con la idea instalada en el imaginario colectivo de que Epi y Blas son algo más que amigos, Esa noción era tan generalizada que, en 2011, se lanzó en Facebook una campaña impulsada por Change.org, para presionar a los productores de Barrio Sésamo para que permitieran casarse a la pareja. El programa, inmediatamente, emitió un comunicado insistiendo en que Epi y Blas solo eran buenos amigos. “Aunque se identifiquen con personajes masculinos, se trata de marionetas y como tales no tienen ninguna orientación sexual”.

The New Yorker se caracteriza por recoger en sus incisivas portadas los asuntos de máxima actualidad. La semana pasada ilustró la controversia por los programas de vigilancia del Gobierno de EE UU filtrados por un analista de la CIA con un dibujo que mostraba al Tío Sam espiando a través de una ventana a una mujer mientras chateaba desde su móvil y su portátil. La elección de los personajes de Barrio Sésamo no ha pasado desapercibida.

En Twitter muchos han ensalzado la perspicacia de la revista. Mía Farrow, por ejemplo, consideraba que era “una de las mejores portadas del New Yorker”. Sin embargo, otros han censurado a la publicación por falta de sutileza sosteniendo que, al elegir a dos personajes infantiles con una sexualidad cuestionada, en lugar de centrar la atención sobre la importante decisión del Supremo, se desvía hacia una polémica insustancial. Otros, cuestionan la elección alegando que Epi y Blas “no han hecho nada por la defensa de los derechos homosexuales” y que The New Yorker debería haber elegido a verdaderos iconos del movimiento gay.

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